Todo un valladar entre la zaga

Todo un valladar entre la zaga

El logroñés se llevó de Granada –además de un ascenso y dos permanencias– ocho tantos entre tres temporadas

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Todavía le recuerdan a Íñigo López la plantilla con la que ascendió a Primera con el Granada. «¡Qué equipazo!», le dicen nuevos compañeros del fútbol. Repasan nombres y por supuesto pasan por el suyo, guardián de la defensa junto a Diego Mainz. Una pareja de ensueño, comprometida y hasta goleadora. El logroñés se llevó de Granada –además de un ascenso y dos permanencias– ocho tantos entre tres temporadas, muchos amigos a los que procura visitar un fin de semana al año como mínimo y una esposa jienense con la que compartir la vida. También los diez minutos más largos de su carrera, los que precedieron un pitido final en Elche en junio de 2011.

Íñigo firmó como rojiblanco tras ascender a Segunda con el Alcorcón habiéndose visto apeado en primera instancia por su futuro nuevo club semanas antes. Unos meses atrás había dado de amarillo el campanazo de la temporada con el ‘Alcorconazo’ al eliminar de la Copa del Rey al renovadísimo Real Madrid de Cristiano Ronaldo, Kaka’, Benzema, Pellegrini y Florentino Pérez con un 4-0 en Santo Domingo. Ahora recuerda cómo le sedujo el proyecto expuesto por Quique Pina y Juan Carlos Cordero para ficharle. Lo convencieron.

Una plantilla de «jugadores contrastados» que no arrancó con buen pie. Sobre todo él, que jugó con un dedo roto en la derrota 4-1 en el Villamarín debiendo parar luego dos meses. «Empezamos mal, nos eliminaron de la Copa –el Betis en Los Cármenes por penaltis–. Había nerviosismo, aunque creo que era lo que esperaba la gente. Poco a poco el equipo fue saliendo adelante», repasa. De ahí al éxtasis en casa: «Éramos incontestables. El campo lleno a rebosar, resultados muy abultados. Nos costaba un poco fuera pero llegamos al play-off con holgura».

Aquellas dos eliminatorias ante Celta y Elche las mantiene como algunos de los partidos más tensos de su trayectoria: «Fue una locura, no recuerdo un equipo que haya subido fallando tantos penaltis en los 120 minutos. La alegría de la gente, de ver a una ciudad tan futbolera y con tantas ganas, después de sufrir tanto y casi desaparecer el club unos pocos años antes, con jugadores de rodillas y haciendo manifestaciones. De repente ver el campo abarrotado y subir a Primera es uno de mis mejores momentos».

Íñigo López dejó el Granada pese a tener una oferta de renovación de Pina para enrolarse en el PAOK griego, que disputó la previa de la Champions aunque cayó con el Schalke 04. No contó y se fue cedido al Celta de Luis Enrique, «donde aprendí bastante». Luego peleó por el Córdoba en Primera sin éxito, un caso que le recuerda al último Granada.

Pena y optimismo

Ahora juega en el Huesca, un club «serio y familiar, más pequeño de a lo que estoy acostumbrado». Ha sido feliz de la mano de Anquela, una vez más tras coincidir con él en Alcorcón y Granada. Siempre llegó antes el jugador que el técnico. Atendió «con tristeza» al descenso de los rojiblancos. «Me daba pena ver al equipo sin capacidad de reacción, sin poder luchar; nos costó mucho llevar al equipo a Primera división y mantenerlo». Pese a ello, es optimista de cara al futuro: «Si peinan bien el mercado, y el Granada tiene potencial económico, no como antes, creo que van a hacer un buen año y estoy convencido de que volverán pronto».

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