Tropezón

La fragilidad mental y de posicionamiento del gol encajado en el tiempo extra en Lugo y de las dos acciones del Nástic en la primera parte de este último partido hablan de deficiencias que han sido frecuentes y ya crónicas en el sistema de contención del equipo

Tropezón
Ramón L. Pérez
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADAGRANADA

Traspié grave el sufrido por el Granada en casa ante el Nástic de Tarragona. Se le atragantan con demasiada frecuencia algunos de los rivales de la zona baja de la tabla a los rojiblancos. Si el Sevilla Atlético se llevó en la primera vuelta tres puntos acercándose muy poco a la meta de Varas, el equipo catalán tampoco tuvo que hacer mucho más que dos aproximaciones con peligro para vencer. Los tarraconenses han conseguido los seis puntos en los dos enfrentamientos ante el Granada de esta liga, lo cual dada la posición de ambos clubes en la clasificación resulta cuando menos paradójico. Si en la visita a tierras catalanas los de Oltra cuajaron una paupérrima actuación, bien es cierto que el resultado de este sábado fue a todas luces injusto vistos los méritos de ambos contendientes.

Al Granada se le apagó la luz en ataque, a pesar de que lo intentó con insistencia durante todo el encuentro, sobre todo en una segunda parte de dominio constante y acoso a la meta de Dimitrievski. Pero sus jugadores desequilibrantes no tuvieron su tarde -Peña, Ramos y Machís estuvieron desacertados-, y ni siquiera de penalti lograron perforar la meta del portero macedonio. Lo que en otras ocasiones fue acierto durante la racha victoriosa de siete partidos consecutivos en casa se tornó en espesura, desafino y mala suerte en esta ocasión.

Se estaba avisado en cuanto a la eficacia del Nástic como visitante, pues la escuadra catalana tiene los mejores números de la división como equipo a domicilio. En la primera parte parecieron los visitantes sentirse más cómodos que el Granada y las ocasiones claras estuvieron de su lado: un gran cabezazo de Barreiro que un poste milagrosamente impidió que fuese gol, y la jugada trascendente del encuentro culminada por Omar Perdomo tras previa pifia de Chico Flores -al que a veces le pierde el exceso de confianza en sus posibilidades-, en su intento de despeje ante el propio Barreiro que asistió al goleador. Tampoco en la jugada del gol estuvieron especialmente finos ni Víctor Díaz en su intento fallido de marcar el fuera de juego, ni Javi Varas con su estirada tardía que no consiguió atajar o despejar el disparo del rival.

En la primera parte el Granada había tenido no obstante el dominio del juego y porfiado por acercarse al área tarraconense. Su fútbol pecó de lento y previsible en el traslado del balón, con un Peña que se ofreció poco y mal y pasó en exceso desapercibido. Sólo la fuerza de Kunde y los intentos desde ambas bandas de buscar buenas asistencias, sobre todo por parte de Salvador Agra, hacían concebir esperanzas de gol a la parroquia local. Pero las aproximaciones tuvieron terminaciones inocuas y se quedaron más en el amago de peligro que en ocasiones claras de cara a portería. Sólo un disparo de Peña a poco de comenzar la contienda, un gran chut de Machís desviado por un compañero cuando se dirigía a meta, y un desvío de Víctor tras saque de esquina que no alcanzó Peña cerca de la línea de gol inquietaron la portería de Dimitrievski hasta el descanso.

La segunda parte fue un monólogo granadinista con un equipo volcado en el dominio pero que chocó con un rival muy bien plantado juntando sus líneas. Agra estuvo en dos ocasiones muy cerca del gol, pero el portero del Nástic acertó a desviar en última instancia evitando el empate. Oltra movió ficha dando entrada a Joselu para acompañar a Ramos, retirando a Alberto Martín y atrasando a Peña, que no terminaba de encontrarse en la media punta. Las ocasiones empezaron a prodigarse, con los de adelante buscando movilidad y abriendo la poblada defensa rival, pero con nula fortuna en la culminación de las jugadas. Un gol anulado a Joselu por fuera de juego que lo era fue seguido de varias intentonas de Ramos y disparos lejanos de Machís y Kunde que fracasaron sucesivamente. La salida de Hujlsager por Adra y de Pedro por Álex Martínez para acabar con una defensa de tres y colocar al danés de media punta tampoco permitieron alcanzar el éxito del gol, y eso que el alicantino estuvo especialmente atinado en sus asistencias en los minutos que apareció sobre el césped, en especial en una a la que no llegaron por milímetros ni Ramos ni Joselu.

Un penalti señalado tras un derribo a Machís dentro del área del Nástic tampoco alcanzó para empatar. Lo ejecutó sin tino tras empeñarse en ello el venezolano -sorprende dicha determinación dado que estaba Joselu en el terreno de juego y éste había aparecido en otras ocasiones como el primer encargado de tal cometido-, estrellando el esférico en el poste con Dimitrievski ya vencido al otro lado. Se esfumaban las esperanzas de puntuar con ello

Se insistió por banda en centrar una y otra vez, pero se careció de juego combinativo y de desplazamiento rápido por raso del balón, lo que merma sistemáticamente posibilidades a jugadores del perfil de Ramos, reducido a un mero luchador y bajador de balones aéreos, faceta en que la retaguardia del Nástic además muy bien plantada. Aun así, y siendo singular la espesura en ataque mostrada ante la escuadra tarraconense, el principal problema sigue siendo lo que se concede a los rivales, que con poco hacen excesivo daño. La fragilidad mental y de posicionamiento del gol encajado en el tiempo extra en Lugo y de las dos acciones del Nástic en la primera parte de este último partido hablan de deficiencias que han sido frecuentes y ya crónicas en el sistema de contención del equipo. La fortaleza en una división tan igualada se cimenta en la parte trasera, pues siempre suceden encuentros donde la fortuna no acompaña en ataque. Si la sangría de las excesivas concesiones de la parte trasera no se corta de una vez será complicadísimo poder aspirar al ascenso.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos