Un todocamino con el depósito lleno

Mikel Rico se faja en una acción en el partido de ida ante el Elche./ALFREDO AGUILAR
Mikel Rico se faja en una acción en el partido de ida ante el Elche. / ALFREDO AGUILAR

Mikel Rico ha sido uno de los fichajes más rentables de los últimos años. Su aportación dentro y fuera del campo hizo de él un líder en el vestuario. La capacidad de entrega en cada partido, su polivalencia para crear y destruir más su llegada le empujaron al Athletic sin remedio

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZ

Llegó con la temporada empezada. Un partido había disputado con el Huesca cuando Mikel Rico cerró su fichaje por el Granada previo pago de 600.000 euros. Un dinero perfectamente invertido viendo el rendimiento del vasco, que en sus tres temporadas se convirtió en un referente dentro y fuera del campo. Llegó con el cartel de mediocentro defensivo, pero con el paso de las jornadas fue demostrando que su aportación no sólo se limitaba a robar balones, sino que tenía cierta capacidad organizativa y llegada. Un futbolista completo que, además, mostraba su madurez en el césped y en el vestuario.

Aquel año de debut en Segunda división fue el del descubrimiento de Mikel Rico como un futbolista que contribuyó decisivamente al ascenso. Formó una pareja bien equilibrada con Abel Gómez. El de Monachil se encargaba de aportar la creatividad y el de Arrigorriaga imponía el ritmo de trabajo incansable. Era capaz de acabar los partidos con la misma gasolina con la que los había empezado.

También en el vestuario ayudó a generar buen ambiente. Fue él uno de los encargados de acoger al díscolo Orellana y ayudarle, pese a que el chileno no estaba muy por la labor de poner las cosas fáciles. O de sosegar a Dani Benítez cuando se aceleraba en exceso.

Con el ascenso no perdió ni un ápice de protagonismo. En Primera división siguió siendo un futbolista fundamental para todos sus entrenadores. Fabri ya le había mostrado su confianza en Segunda, pero la llegada de Abel no varió su rol dentro del equipo. Al año siguiente se mantuvo como eje en el centro del campo tanto con Juan Antonio Anquela primero como con Lucas Alcaraz en el tramo final del curso. Tanto es así que acabó aquella temporada como el único jugador de campo que disputó todos los encuentros, además de titular. A los que sumó uno en Copa del Rey. Sólo en tres de ellos fue sustituido, prueba inequívoca de que el futbolista vasco está hecho de otra pasta.

Un culebrón final

Su destacado papel en Granada no pudo pasar desapercibido en el Athletic, con un mercado mucho más reducido. Un producto de la tierra estaba llamando a las puertas del club de referencia en el País Vasco. Un primer contacto con el futbolista llevó a Mikel Rico a trasladar la situación al Granada. Quería volver a casa. Lógico. Era una decisión personal y deportiva, un salto en su carrera. Pero la dirección deportiva rojiblanca no estaba dispuesta a 'regalarlo'. Las negocaciones se prolongaron a lo largo del verano y Mikel esperó paciente mientras entrenaba al margen del grupo con Siqueira, también en la rampa de salida.

A mediados de agosto logró firmar su compromiso con el Athletic por 2,5 millones de euros -más otro medio millón por objetivos-. Esta será su quinta temporada como rojiblanco vertical. A lo largo de estos últimos cursos ha ido perdiendo algo de protagonismo después de dos primeros años como titular indiscutible. La última campaña la ha cerrado con 18 partidos en Liga, de los cuales sólo cuatro los disputó desde el inicio. Ante la gran cantidad de centrocampistas con los que cuenta Ziganda en esta nueva etapa como entrenador del conjunto bilbaíno, se habla de que puede ser uno de los descartes. Tiene contrato y se quiere quedar.

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