GRANADA CF

El técnico nómada que Granada amó

Fabri González, junto a Kangning Wang, el día de la inauguración de su puerta./F. R.
Fabri González, junto a Kangning Wang, el día de la inauguración de su puerta. / F. R.

Fabri González lideró con puño de hierro el vestuario rojiblanco en dos ascensos pero no repitió el éxito en Primera, despedido. Su emotivísima despedida resume bien lo que significó para la afición. Un cariño que por desgracia no logró aunar en ningún otro lugar

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

Los entrenadores no suelen ser reconocidos por el público porque ni marcan los goles ni los evitan, pero el cariño que Granada profesa a Fabri González es todavía palpable. Pese a que no siempre contentó a todos, el tiempo y los fracasos posteriores le han reconocido el mérito de haber sabido armar un equipo. Un equipo; esa palabra tan pequeña y tan grande. Un concepto tan fundamental en un deporte colectivo como el fútbol. Con Fabri sabían a qué jugaban hasta los utilleros. Por eso se ascendió dos veces: del hastío de Segunda B a las mieles de Primera.

El gallego, tan peculiar y carismático para todo -vivió durante gran parte de su estancia en Granada en el Hotel Luna-, ha entrenado en más de treinta clubes en su carrera sin completar más que tres campañas. Una de ellas, la más importante en su carrera, tuvo Los Cármenes como escenario y Segunda como competición. Había llegado a falta de pocas jornadas el curso anterior para relevar a Miguel Ángel Álvarez Tomé cuando la posibilidad de abandonar Segunda B se esfumaba. De entre los casi veinte equipos que había entrenado antes de llegar a Granada se encontraban el Logronés de Primera división, y varios equipos portugueses. Cogió las riendas rojiblancas y tras un empate en casa ante el Betis B aplastó al líder Melilla por 5-1, en Los Cármenes. El 'goal average' les hizo acabar primeros y el resto es historia.

Fabri, otrora un futbolista técnico, se ha definido siempre como un amante de la táctica y el orden. Impuso una serie de conceptos claros, pocos pero básicos, e inculcó una filosofía que permitió llegar a Primera pero que no le dio para sobrevivir una vez allí. El Granada fue un equipo correoso, replegado y contragolpeador, que bordó el 'abc' del fútbol de manera tan brillante que no se recuerda un juego mejor por armonioso aunque sencillo.

Varios aficionados se acercaron a su rueda de prensa de despedida. Siempre intentó escapar del protagonismo en las celebraciones pero fue preso de las lágrimas en su adiós y no esquivó las miradas. Granada supo ser agradecida y todavía le recuerda. Lidió con personalidades tan particulares como las de Muriel, Orellana o Dani Benítez procurando ser como un padre para ellos. Su sinceridad para todo fue su bandera.

El primer banquillo que enganchó tras el del Granada fue el del Huesca aunque se marchó antes de iniciar la competición para ligarse al Racing de Santander en Segunda, donde duró hasta diciembre tras un pésimo arranque. Los cántabros acabaron descendiendo.

En marzo de 2013 se fijó en él el Panathinaikos griego pero no logró enmendar su deriva. «Hay jugadores que no tienen la sangre o las pelotas para vestir esta camiseta», fue su epitafio. Volvió de Atenas en coche, solo, con más de 4.000 km de penitencia.

Luego despreció ciertas ofertas intentando mantener su estatus, un error luego admitido. Firmó por la Ponferradina en enero de 2016 en Segunda pero acabó dejando al equipo peor de lo que lo recogió. Su última experiencia fue en el Petroleros de Bolivia, que como colista sólo consiguió cinco puntos en siete partidos con el gallego. En mayo puso fin a una 'odisea'. Sin equipo ahora, su pasión sigue pidiendo fútbol. Granada siempre será su gran aval. Una puerta del estadio lo recordará por siempre.

Fotos

Vídeos