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Un técnico acostumbrado a optimizar recursos

Morilla, Salvador, Oltra y Sánchez, en una foto de este verano. /P. V. /GCF
Morilla, Salvador, Oltra y Sánchez, en una foto de este verano. / P. V. /GCF

Pedro Morilla ha cumplido el objetivo de esta temporada en el Granada B y ahora aspira a lograr el mayor hito de su corta carrera en el banquillo del primer equipo rojiblanco

Antonio Navarro
ANTONIO NAVARROGRANADA

Nacido en octubre de 1972, motivo por el que cuenta con 45 años, Pedro Morilla se enfrenta a su mayor reto como entrenador en el banquillo del Granada. Ex futbolista con experiencia en Segunda (donde jugó con el Écija durante la temporada 1995/96) y sobre todo en Segunda B, donde llevó a cabo la mayor parte de su carrera e incluso llegó a formar parte de aquel Real Murcia que ascendió en Los Cármenes el 25 de junio de 2000, Pedro Morilla cambió los terrenos de juego por los despachos al acabar su carrera profesional en el Ciempozuelos, el club en el que curiosamente empezó su carrera como entrenador de fútbol.

Intentó salvar sin éxito al Talavera de un descenso cantado a Tercera División (temporada 2007/08) y terminó volviendo a su tierra: Sevilla. En la capital hispalense pasó a formar parte de la estructura del Real Betis e incluso entrenó al juvenil del equipo verdiblanco en la 2014/15, mientras hacía labores de scouting en el club sevillano.

Su trabajo fue valorado por el Granada CF, que lo fichó para formar parte de su staff técnico en la pasada temporada 2016/17. Una vez concluida la etapa de Lluis Planagumá en el filial rojiblanco, Morilla aceptó la responsabilidad de ocupar su lugar en el banquillo del Granada B y dirigir a un equipo lleno de caras nuevas (18 en total) tras la ruptura del acuerdo de cesiones que vinculaba al club rojiblanco y a Gino Pozzo hasta el citado verano de 2017.

El buen ojo de Pedro Morilla quedó demostrado al configurar una plantilla repleta de jugadores españoles, mayoritariamente andaluces, con juventud, talento e ilusión como para conseguir "algo bonito" en el Granada B, la frase que hasta ahora más ha repetido en sus comparecencias ante la prensa.

Con el filial su gran objetivo era mantener la categoría, pero lleva toda la temporada peleando por entrar entre los cuatro primeros, por lo que -salvo catastrofe prácticamente inimaginable- deja al equipo rojiblanco con el objetivo cumplido. Como entrenador de un equipo filial ha ido rotando y dándole oportunidades a casi todos sus "chavales" -como cariñosamente llama a sus pupilos- y el único que ha demostrado ser intocable porque su nivel era muy alto como para sentarse en el banquillo ha sido Pablo Vázquez, defensa central que cuajó una primera vuelta sobresaliente y que ahora juega en el Alcorcón.

Morilla no se casa con jugadores -rota cuando algo no le gusta y lo hace con la confianza de que en el vestuario deben primar más los intereses colectivos que los personales- y tampoco lo hace con sistemas de juego, pues en el filial ha recurrido en muchas ocasiones al 4-4-2 (especialmente fuera de casa), pero también ha usado el 4-2-3-1, el 4-3-3 o incluso el 3-4-3 (con dos carrileros y dos mediocampistas fijos y otros dos con total libertad para entrar al área) cuando lo ha necesitado. Ha sabido sacarle gran partido a Aarón (habitual en la meta del filial y tercer portero del primer equipo), a Marín (lateral derecho que en el último partido ante el Murcia actuó como central) y a David Grande (máximo goleador del equipo). Otros futbolistas como Andrés García o Juancho han demostrando un crecimiento importante bajo su tutela y, al no tener presión por conseguir buenos resultados, siempre ha priorizado el crecimiento de sus jugadores a conseguir triunfos, aunque el 'B' se intuye que seguirá peleando por el cuarto puesto hasta el final. Ahora la presión será máxima, pero Morilla quiere y desea que sus equipos siempre sean competitivos y creando un buen sistema defensivo es como consigue buscarle las cosquillas al rival sin importar que su equipo juegue en condición de local o de visitante. Lo importante es "competir", ser un equipo "solidario" y "saber sufrir" cuando la situación lo requiera, según sus propias palabras. Ahora lo importante también será ganar e ilusionar a una afición deprimida.

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