El corazón del Granada CF

Un seguimiento peculiar y de entusiasmo incombustible

Algunos miembros de la peña de Ventorros de San José, posando en el Nuevo Los Cármenes.
Algunos miembros de la peña de Ventorros de San José, posando en el Nuevo Los Cármenes. / IDEAL

La peña granadinista de Ventorros de San José sigue al club desde Tercera división, y bajo el obstáculo que les supone hacerlo desde la lejanía de su pueblo. Hoy son una de las agrupaciones nazaríes más longevas

GABRIEL S. CARACUEL

Si ya es difícil seguir la estela de un club de Primera que predique su fútbol a 70 kilómetros de tu lugar de residencia, más inquietante es concebir lo propio cuando la categoría no es de élite, si no de Tercera división. Es harto meritorio: «O ibas al estadio a verlo en directo o casi que ni se sabía el resultado final del partido, ya que las radios locales apenas le daban cobertura. Y ni hablar de la televisión», señala Raúl Montero, presidente de la agrupación granadinista de Ventorros de San José, una pedanía de Loja que se separa de la capital en una hora en coche.

Él, que ejerce tal cargo desde hace seis años, lleva presente en la agrupación desde sus inicios, y junto a los primeros ideólogos que la fundaron guarda historias ligadas al Granada como para escribir un librillo. Con coches particulares y bajo un sentimiento irracional pero constante, los primeros peñistas se recorrieron en su día varios patatales con licencia para jugar a la bola. El motivo de la creación se encuentra en el padre de unos socios de la peña, Isidoro Cobos. Él iba en moto desde la localidad ventorreña hasta el viejo Los Cármenes cada domingo, por lo que representaba un ejemplo de fidelidad hacia el escudo que no pasó desapercibido en su entorno. Ahora son recuerdos lejanos, pero atesoran vivencias que narran como si hubiesen sucedido ayer por la tarde. Un caso particular ocurrió en Linares, durante un partido de Tercera contra el club rojiblanco, y donde tuvieron que agilizar la huida de sus vidas ya que un grupo radical de aficionados rivales comenzaron a perseguir su coche. Y no precisamente para cambiar las bufandas, pues se percataron que era un vehículo con granadinistas dentro: «Acabamos en la comisaría explicando la situación a los agentes», comentan, ya sí, con el sosiego de que el problema no pasó a males mayores.

Son relatos que les acreditan como granadinistas de largo recorrido. De hecho, confiesan que su mayor actividad se desarrolló en el ambiente de la Segunda B y la Tercera, donde vivieron ese tipo de momentos difíciles de olvidar. El tiempo dicta que este año cumplirán una década desde su puesta en largo oficial, celebrada un año posterior a la creación. Eso les convierte en uno de los círculos nazaríes más longevos. El entonces presidente del club, Paco Sanz, y junto a toda su directiva, se desplazó a Ventorros en un minibús para presenciar la inauguración. Echaron la tarde entera; aquello fue un evento de primera magnitud para la localidad entera: «Todos los niños del pueblo estaban muy contentos, para muchos fue un día casi histórico, pues resultó muy especial que toda la directiva de la entidad estuviera aquí compartiendo el momento», asegura Raúl.

Fidelidad incuestionable

Otro de esos momentos que definen el color real de la camiseta que les representa ocurrió cuando el Loja CD y el Granada competían en la misma categoría y pugnaban en el Nuevo Los Cármenes. Estos peñistas ya emprendían el largo camino de ida que les separa del feudo zaidinero para presenciar el enfrentamiento. A pesar de que su municipio es una pedanía lojeña, ellos tenían muy claro al equipo que vitorear: el Granada CF. Si por entonces no encontraban dudas de su fidelidad, el descenso no les resulta vertiginoso, si no una coyuntura más de la que hablarán en el futuro.

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