Granada CF

Rodri Ríos: el delantero que quería huir de un gol

Rodri Ríos celebra un gol conseguido con la camiseta de la Cultural Leonesa. /EL NORTE
Rodri Ríos celebra un gol conseguido con la camiseta de la Cultural Leonesa. / EL NORTE

Marcó un tanto histórico para el Sevilla siendo canterano. Tras hacerlo, nada fue suficiente para sus detractores

FRAN RODRÍGUEZ GRANADA

Rodri Ríos es jugador del Granada. El delantero se convierte en el segundo fichaje de los rojiblancos tras firmar por dos temporadas. La suya es la historia de un fugitivo. Un goleador deseoso de encontrar su sitio y dar esquinazo al recuerdo que desde el 15 de mayo de 2010 le persigue.

Aquella tarde formó parte de la convocatoria del Sevilla gracias a su temporada con el filial. No era un partido intrascendente, sino toda una final. En Almería, los sevillistas se jugaban entrar en Champions y mucho dinero. Su rival, a cientos de kilómetros, el Mallorca. De por medio, un Almería que no se jugaba nada. El empate dejaba a los de Antonio Álvarez quintos.

«Sácame. Te juro que meto». Así comenzó la historia de 'Rodrigol', como le llamaban sus compañeros. Tevenet vio en el brillo de los ojos del canterano una certeza y habló con el primer técnico. En el minuto 94, Rodri metió al Sevilla en la Liga de Campeones con un gol tan acrobático como su habitual celebración. La pirueta dejó sin el premio al Mallorca de Manzano.

Rodri, nacido en 1990 en Soria pero criado en Dos Hermanas, pasó a ser un ídolo. Y es que pocos jugadores habían conseguido tanto para su club en tan poco tiempo. A veces, lo que rápido viene, rápido se va, y las oportunidades para el canterano no llegaron, precisamente con Manzano.

El Barcelona pagó un millón y medio de euros para encumbrarle a una fama imperecedera, una relevancia en el fútbol que trascendiera de aquella jugada en Almería. Al Barcelona B llegó junto al exrojiblanco Isaac Cuenca, que regresaba de una cesión. Nada bastó para consolidarse como culé. Los siete goles que anotó en 35 encuentros se quedaron muy lejos de los 30 que había anotado la temporada anterior en el Sevilla B (dos con el primer equipo) y comenzaron las cesiones. En el Sheffield Wednesday, bajo seguimiento blaugrana, debía crecer el ariete.

Marcó en su debut y jugó de inicio hasta que el técnico dejó de contar con él. Una situación que le frustró y de la que le sacó Manolo Jiménez. El entrenador lo pidió como refuerzo invernal y, como si fuera una suerte de costumbre, el delantero se lo agradeció marcando en su estreno ante el Madrid. Descendió en Zaragoza y en Barcelona esperaban mucho más de él. El fantasma del gol más importante de su carrera ya no era una carta de presentación, sino el motivo de la más alta exigencia. El destino le deparó una nueva cesión, precisamente en Almería. Como rojiblanco, Rodri se reencontró con su mejor juego hasta que las lesiones le frenaron.

Se desvinculó del Barça y quiso fugarse a un rincón en el que su famoso gol no fuera un paso por delante de él. Probó en Múnich, pero pronto necesitó volver. La conexión que buscaba no la encontró en Pucela, donde fue intrascendente, y sí mejoró en Córdoba, con Oltra.

«Es un delantero atípico. Se asocia, juega bien de espaldas, mejora y ayuda al equipo provocando muchas faltas. Sus cifras están entre los ocho y los doce goles», dijo recientemente el técnico valenciano en Radio Marca. El que fuera entrenador del Granada, destacó el manejo de Rodri con las dos piernas y su habilidad rematadora. «Tiene muchas virtudes y no le encuentro problemas para no haber triunfado».

El próximo tanto

Le bastaron pocos minutos para anotar un gol de colosal importancia para el club de su vida. Esa imagen, ese recuerdo es el que parece exigirle que en una temporada la cifra de goles sea proporcional a aquella gesta. Nada más injusto. Sus detractores se esconden detrás de aquel gol, sin valorar lo difícil que ha sido anotar 22 goles entre las dos últimas temporadas o sobrevivir a la exigencia de dos grandes canteras.

El punta soriano, aunque criado en Sevilla, firmará por las dos próximas campañas

A sus 28 años, la necesidad de fugarse ha desaparecido. Afronta su pasado con realismo. «Ese gol fue increíble y me marcó para toda la vida, pero no puedo seguir viviendo de su recuerdo. Imagina vivir de un gol que ocurrió hace tantos años en un mundo como el del fútbol. No puedo», declaraba aún como futbolista del Almería. La solución pasa por hacerse importante en el Granada y cerrar aquel capítulo que siempre vuelve para recordarle lo que no llegó a ser por la impaciencia del fútbol.

«¿Qué gol sueñas meter?» –le preguntaban hace un año, quizás sabiendo que el de mayor trascendencia ya lo metió. «El del próximo domingo», respondió el jugador, que no duda al elegir su mejor recuerdo. «Debutar en Primera y ganar la Copa del Rey juvenil dos años seguidos». Ni rastro de aquel gol del que, orgulloso, huye sabiendo que lo mejor está por llegar.

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