El corazón del Granada CF

Sin remos y a contracorriente para seguir la estela del club

Miembros de la peña granadinista de Algarinejo, en la simbólica Puerta 16 del Sánchez Pizjuán./IDEAL
Miembros de la peña granadinista de Algarinejo, en la simbólica Puerta 16 del Sánchez Pizjuán. / IDEAL

La peña granadinista de Algarinejo seguirá en la grada durante la nueva etapa del club en Segunda, y a pesar de la dificultad que les supone viajar a la ciudad con la distancia que sortean cada dos semanas

GABRIEL S. CARACUELGranada

Los peñistas granadinistas de Algarinejo pertenecen a ese conglomerado de aficionados que deben dar más de sí mismos si cabe para seguir la realidad del equipo que les representa. No sólo por aguantar tantos suplicios culminados con permanencias sobre la bocina, sino por la situación geográfica en la que se ubican, limitando con la provincia de Córdoba y a más de una hora en coche de camino al estadio. Tal esfuerzo encontraría una recompensa digna si se recibiese a cambio sacrificio y casta por parte de los jugadores, pero esta campaña sólo se cosechó incapacidad y malas formas.

El trayecto desde el pueblo hasta el tapete del club rezumaba siempre optimismo por parte de los integrantes, empeñados en pensar que el despropósito tendría cura, pero la vuelta a casa se convertía en la verdadera cruz, muchas veces a altas horas de la madrugada: «Siempre nos quedábamos chafados y pensando que no rentaba hacer tantos kilómetros para recibir un espectáculo tan pobre. Pero a las dos semanas se nos pasaba el cabreo y volvíamos al campo», admite José Arenas, actual presidente de la agrupación.

Por si no fuera suficiente, hay más obstáculos que deben sortear de cara a su particular seguimiento del Granada: son en su mayoría trabajadores que laboran en el campo, y cuando llega la época de la aceituna les resulta un quebradero de cabeza compatibilizar horarios para que el ocio y el oficio se compaginen. Ahora no sólo no sucumben, sino que las expectativas en torno a la agrupación son positivas. Hubo años que estaban menos de la mitad de los que son en la actualidad: «El comienzo fue complicado, unas seis personas tiraban del carro para mantener la peña activa hasta el número con el que se cuenta hoy». El descenso no les ha supuesto un problema en ese sentido. Es más, su número de afiliados se va a mantener e incluso tendrán un número mayor de abonados a la entidad: «Eso se debe al esfuerzo de mantener un buen clima en la peña, ver los partidos en la sede y tener óptimo ambiente. Es una sensación muy gratificante sentir que crecemos poco a poco», señala José. Este año la estabilidad tiene en parte que ver con la ilusión que se ha generado por la nueva etapa del club en Segunda, donde sí se ve con valía para dar varias alegrías cada domingo.

Sevilla y el bus que casi se va

Suelen abordar un par de viajes al año, del que destacan el de la salvación en Sevilla hace ya dos temporadas. Con la emoción del momento y una vez consumada la permanencia casi pierden el bus que les traía de vuelta: «Corrimos detrás de el bus ya en marcha y por la avenida hasta que paró. Ha sido el mejor momento deportivo de nuestras vidas», asegura. Y es que anécdotas tienen a pares. Como la protagonizada por Paco, un peñista que tiene cierta discapacidad y es arropado por todos los integrantes del círculo. Lo llevaron hace dos temporadas a Los Cármenes para presenciar un Granada-Betis, pero su voluntad de animar la fiesta no se quedaría en meros cánticos. Durante el 'cerveceo' del prepartido comenzó a bailar, lo que cautivó a aficionados locales y visitantes: «Le comenté que con el espectáculo que había dado podría pedir algunas monedas. Al final se sacó unos diez euros del bolsillo de los béticos», comenta como chascarrillo.

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