La contracrónica

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Alfredo Aguilar

Las ausencias marcaban a Granada y Almería en su enfrentamiento | Ambos equipos tenían limitaciones por la falta de algunos de sus jugadores titulares, afectados por lesiones y/o sanciones

EDUARDO ZURITAGRANADA

En el fútbol casi nada es como se piensa antes de disputarse un partido. Lo trazado, lo imaginado y lo planeado desde la pizarra del entrenador puede irse al traste por una cuestión de acierto individual, de despiste colectivo, o en muchos casos de fortuna y puro azar. Un deporte y un juego apasionante que encandila a tantos porque el resultado casi nunca es predecible.

Más aún en una competición como la Segunda donde la igualdad entre equipos es manifiesta, como demuestra lo apretado de la tabla clasificatoria. Es indudable que existen planteles mejor confeccionados, con más posibilidades que otros. Es evidente que la mayor calidad individual de una plantilla es una ventaja incuestionable a la hora de enfrentarse a un rival. Los recursos disponibles pueden decantar en muchos casos el partido. Pero no todo está escrito. El equilibrio en cada enfrentamiento se rompe muchas veces por acciones aisladas, algunas trufadas de circunstancias singulares difíciles de controlar de antemano.

Las ausencias marcaban a Granada y Almería en su enfrentamiento. Ambos equipos tenían limitaciones por la falta de algunos de sus jugadores titulares, afectados por lesiones y/o sanciones. En el Granada la espina dorsal de la línea de contención de centrales y medio defensivo había perdido a todos los efectivos considerados como primeras opciones por Oltra en las últimas jornadas de esta campaña. Y el equipo granadinista se resintió de ello, a pesar del magnífico trabajo de Kunde como medio total, tanto defensivo por delante de Menosse y Germán cortando todo lo que pasaba por su zona, como también organizativo, pleno de temple y confianza. Fue el mejor del Granada junto a un imponente Machís.

La crónica

La salida del balón que Chico Flores y Saunier otorgan desde atrás no tiene por ahora parangón con la que ofrecen la dupla Menosse y Germán, mucho más lentos y rígidos. Cuando el Granada en el arranque de la primera parte se empeñó en otorgar a ambos la responsabilidad del manejo del balón, el Almería estuvo cómodo esperando los lanzamientos largos sin profundidad a los que Joselu jamás tenía opción de llegar por arriba. Fue entrar en juego Peña y Espinosa apoyando a Kunde y el panorama cambió radicalmente, con un Granada dominador que penetraba bien por las bandas. Cuando ambos conectaron se vivieron los mejores momentos de juego local.

El Granada generaba ocasiones, pero no definía. Jugadas con pase de la muerte de Pedro y de Machís en dos ocasiones no encontraron rematador, con un Joselu desubicado o superado por anticipación por su defensor. Casi al final del primer periodo Machís pondría un centro templado para que Víctor Díaz, mitad con la cabeza mitad con el hombro, inaugurase el marcador e hiciese justicia a lo visto hasta entonces, donde el único equipo que había generado fútbol había sido el Granada. Del Almería Varas apenas había tenido noticias en este periodo, aunque anduvo presto para abortar el único contraataque con peligro montado por los visitantes.

La segunda parte empezó con muy buenos augurios para el Granada. Machís, en una espléndida acción individual, conseguía el segundo tanto de un trallazo desde fuera del área que se alojó en la escuadra izquierda de la meta almeriense. El Granada causaba pánico en la defensa almeriense cada vez que atacaba con el extremo venezolano. Joselu la tuvo a pase, ¡cómo no!, de Machís, pero su vaselina se fue alta. Todo parecía bien encarrilado por los locales pero mediada la segunda parte una falta dudosa cobrada a Víctor Díaz por el árbitro la transformó en otro golazo Rubén Alcaraz sin que Varas pudiera hacer nada. El Almería no había generado una sola acción combinativa de mérito hasta entonces, pero el estrechamiento en el marcador cambiaría el partido.

Oltra decidió pasar a su segundo plan estratégico, dando entrada a Ramos por Peña y adoptando un esquema con dos puntas, el colombiano y Joselu, colocando a Espinosa al lado de Kunde. El partido se convirtió en un encuentro de ida y vuelta. Joselu la tuvo otra vez franca tras otro gran pase de Machís, pero la cara de René evitó el tercer tanto que podía haber cerrado entonces el partido, y un defensa impidió que el remate de Adrián Ramos tras el rechace se alojase dentro del marco almeriense.

Se llegaba al tramo final con un marcador más ajustado de lo deseable para un Granada que había sido netamente superior en creación de fútbol y de ocasiones de gol al Almería. Los de Alcaraz hacían mucho peligro en las acciones a balón parado, donde mostraban superioridad en los balones aéreos. Una falta rematada por Motta se estrellaba en el larguero de Varas en un aviso previo a la jugada del tanto del empate.

Oltra decidió reforzar la defensa aérea de su equipo, sacando a Quini por Machís para ocupar el lateral derecho y colocando a Víctor Díaz como apoyo de los centrales. A pesar de ello, en una nueva falta botada por los visitantes todo se vino abajo cuando Morcillo aprovechaba una prolongación de un compañero para llevar las tablas al marcador ya con el tiempo reglamentario cumplido. Ninguno de los tres postes colocados en el centro de la defensa por Oltra, Menosse, Germán y Víctor Díaz, evitaron el gol del empate. El Granada no encajaba dos tantos en casa desde la visita del filial del Barcelona, allá por septiembre. El equipo catalán arañó un punto y todo parecía presagiar que sucedería lo mismo ante los vecinos de Almería.

El fútbol todavía reservaba otra sorpresa, muestra además de su complejidad y contradicción. Un equipo que había sido siempre superior en el juego aéreo no iba a impedir hasta dos toques de cabeza dentro de su área por parte de Ramos y Puertas, para que el balón llegase a un proverbial Pedro que remachó el tanto de la victoria en el límite del tiempo de prolongación ante la euforia de los aficionados locales. Los antecedentes en el partido no daban demasiadas opciones por arriba a los rojiblancos horizontales, pero en el momento preciso se ganó hasta en dos ocasiones el balón de cabeza. Increíble y seguramente inexplicable para los de Lucas Alcaraz.

La fortuna de la consecución de la victoria in extremis no debe impedir reconocer que en el cómputo del partido el Granada fue mejor que su rival. Pero tampoco debe ocultar las carencias detectadas en el manejo del balón desde atrás, en la contención defensiva o el exceso de relajación mostrado por el equipo local cuando amplió su ventaja a dos tantos, facultando que el rival creyese en sus opciones. Kunde sigue demostrando ser la mejor de las alternativas tenidas hasta ahora, cumplidor cuando no destacado en todos los puestos que ha venido ocupando en el centro del campo en los últimos partidos. Un gran recurso de los que se necesitan para una larga temporada. Lo de Machís empieza a parecer en ciertos partidos más propio de otra categoría.

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