Granada CF

El puente aéreo más prolífico del fútbol

El puente aéreo más prolífico del fútbol

Los trasvases entre Granada y Rayo han sido una constante en los últimos años: 17 jugadores y tres técnicos

Camilo Álvarez
CAMILO ÁLVAREZGranada

No existe una rivalidad histórica entre Granada y Rayo. No había ninguna secuencia que se hubiera quedado en la retina del aficionado en un partido entre ambos equipos hasta que aquel año 2011 los dos equipos se vieron en la tesitura de tener que salvar la categoría en el último partido. Los rojiblancos lo lograron gracias a aquel gol de Falcao que mandaba a Segunda al Villarreal. El Rayo necesitó un gol de Tamudo en el descuento en un clarísimo fuera de juego para celebrar la permanencia. El ambiente encendido en la grada invitaba al árbitro a hacer la vista gorda.

Pero ya antes de eso la relación de los dos equipos había empezado a fraguarse en los despachos. Porque desde que Quique Pina ocupó la presidencia del Granada bajo la propiedad de la familia Pozzo en 2009 comenzaron a llegar jugadores que habían jugado en etapas anteriores en el conjunto madrileño. Fueron los casos de Iván Amaya y Juan José Collantes. Desde entonces puntualmente han ido cayendo refuerzos con pasado franjirrojo, y también algunos que intercambiaron el orden: primero jugaron en el Granada y después probaron suerte al sur de Madrid. La lista de futbolistas que en algún momento se han puesto ambas camisetas es de lo más amplia.

Hasta 17 en solo ocho temporadas: Iván Amaya, Diego Mainz, Collantes, Borja Gómez, Brayan Angulo, Iriney Santos, Toño, Iturra, Fatau, Piti, Lass, Rochina, Tito y Alberto Bueno. Los tres más recientes acaban de llegar a Granada: Quini, Baena y Licá, aunque estuvo hace años defendiendo la franja. Ninguno de los que en años anteriores aceptaron el reto granadinista continúan. En unos casos han sido por su escaso rendimiento y en otros porque su gran nivel ha hecho que avancen en sus carreras. Es el caso de Rochina, que sólo estuvo medio año en Vallecas pero que en Granada acabó de explotar y los 'petrodólares' rusos se lo llevaron lejos de la ciudad de la Alhambra.

El caso más representativo de esta serie es el de Diego Mainz. Seis años en el Rayo, club en el que se formó como futbolista, con el que debutó en Primera división y en el que aguantó hasta jugar en Segunda B. Luego pasó dos años en el Albacete tras demostrar que tenía nivel para, al menos, desenvolverse en la categoría de plata. No le importó bajar de nuevo un escalón para aceptar el reto del Granada, que de la mano de Quique Pina y la aportación económica italiana pretendía devolver al club al fútbol profesional. Hizo al camino a la inversa. Pasó de la 'división de bronce' a la élite en solo dos años. Supo, además, jugar un papel principal durante casi todo su periplo en el Granada, si bien en la última campaña apenas jugó.

Decidió colgar las botas castigado por las lesiones y el club le ha dado la oportunidad de formarse como entrenador en su cantera, donde continúa hoy. No solo de jugadores se han nutrido uno y otro. También en los banquillos ha habido entrenadores que han desarrollado parte de su carrera en los dos clubes. El primero es un caso peculiar. Porque Abel Resino realmente nunca ha entrenado al Rayo, sin embargo, sí tuvo una experiencia rayista, pues el mítico portero del Atlético de Madrid vivió su último año como jugador en Vallecas. Luego el destino le llevó a Granada como entrenador en dos etapas. Era el entrenador rojiblanco en aquel último partido de la temporada 2011/12 en Vallecas.

Luego llegó Sandoval, al que la suerte le ha acompañado tanto en uno como en otro lugar pero tampoco le han acabado de salir las cosas en ninguno de los dos. Jémez puede presumir mucho más de su paso por el conjunto madrileño que por el granadino, pues aquí sólo vivió seis partidos oficiales. Esa espinita le queda.

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