Granada CF

El presente de aquellos salvadores rojiblancos

El alboloteño Milla, llevado en volandas por todos los aficionados que saltaron al campo tras conseguir el ascenso. /R. I.
El alboloteño Milla, llevado en volandas por todos los aficionados que saltaron al campo tras conseguir el ascenso. / R. I.

La plantilla que ascendió a Segunda B en 2006 evitó la desaparición del club, un recuerdo que aún hoy les acompaña

GABRIEL S. CARACUELGRANADA

Los futboleros más nostálgicos seguro que no olvidan a ese perro arrugado de pelo negro que interrumpió momentáneamente el partido entre el Granada y Guadalajara. Su indomable naturaleza le hizo saltar al césped de Los Cármenes al cuarto de hora del pitido inicial, ajeno a la idea de que el envite no representaba una pachanga familiar sino la última hebilla de una etapa angustiosa para los rojiblancos. Lucena, ya por entonces comandante sobre la medular, cogió en brazos al animal tras una simpática caricia para después entregarlo al delegado de campo; parece que fue ayer, pero por esa época los bajos de las camisetas, menos ceñidas que hoy, aún se introducían dentro del pantalón. Afortunadamente para todos los que se aferran a creencias populares, el parón se produjo por un can en lugar de un gato negro: aquel 25 de junio de hace 11 años el club ascendió a Segunda división B tras cuatro campañas consecutivas pugnando en campos menores.

Esa plantilla caló en la comunidad granadina, comenzando por su carismático mandatario, Paco Sanz, hijo del expresidente del Real Madrid Lorenzo Sanz. Aterrizado en la ciudad ese mismo año, el madrileño congregó a un conjunto configurado expresamente para dar el salto de categoría, mostrándose muy cercano con jugadores y afición. Varios activos de extensa experiencia lideraban el vestuario, como Joyce Moreno, que había jugado en Primera con el Oviedo; Juan Carlos Morán o Josemi -que llegó en invierno-. Además se contó con el compromiso de ocho hombres que repitieron ficha: los guardametas Gustavo y Barroso; el central Leo Vidal; los mediocampistas Zurita y Serrano; el interior derecho Francis; y los puntas Labella y Vinuesa. Auténticos adeptos al vértigo que permanecieron en la disciplina a pesar de precedentes tan irregulares sobre el verde e inestables en la cúpula directiva.

Adiós a la desaparición

Hoy día la mayoría de los integrantes de aquel equipo predican una sentencia tajante: si el Granada no hubiera logrado ese ascenso a Segunda B, la desaparición de la entidad era inminente e inevitable. El ya extinto Granada Atlético aparecía por entonces como alternativa a una entidad que vagaba por las cloacas del balompié sin remedio aparente. Contaba además con el soporte de un importante músculo empresarial. Por suerte para los intereses rojiblancos, que llamaban despectivamente a su rival el 'Fotocopias', el pundonor de un equipo con historia venció a este proyecto que no logró lo que se exigía.

El guardameta Gustavo, héroe del partido contra la 'Balona' en la primera eliminatoria de ascenso al blocar dos penaltis, incluso vivió en su pellejo el descenso administrativo a Tercera de la 01/02 por impagos hacia los jugadores: «Aunque la situación era fea, nunca me planteé la opción de irme a otra ciudad, y eso que tenía ofertas. Era feliz jugando en el mejor equipo de mi tierra», asegura.

Cuando el equipo superó al Guadalajara en la final, Sanz entró a los vestuarios y le abrazó llorando al grito de «te mereces este ascenso». Pero tras siete años como rojiblanco, lo que le convertía en el jugador del conjunto con más partidos disputados como nazarí, acabó su ciclo sin la fortuna que se merecía; con el equipo ya salvado en la segunda campaña de la categoría de bronce, un mal movimiento sobre el tobillo durante un entrenamiento le llevó a quebrarse la tibia y el peroné. Supuso el punto final a su carrera deportiva. No le ofrecieron ningún tipo de renovación, en un mal gesto de la directiva por no amparar la recuperación de modo alguno. El mejor galardón tal vez es que se le siga reconociendo por la calle como aquel portero de carácter marcado que le echaba casta a la causa.

De no acabar así, su techo futbolístico habría alcanzado probablemente la Segunda división con el Granada 74 SAD, la nueva denominación que adoptó el Ciudad de Murcia tras la adquisición por parte de Carlos Marsá, presidente del auténtico CP Granada 74, en una compra precisamente a Quique Pina, para traer el fútbol profesional a la provincia. Gustavo ahora mantiene una rutina física muy activa, a la vez que brega en una empresa familiar de revestimientos de suelos y paredes. De hecho José Miguel Zurita, otra cara reconocible de aquella época, es su asesor laboral.

El perfecto equilibrio

Un punto fuerte de la plantilla que concluyó dirigiendo el fallecido José Víctor Rodríguez (tras la polémica destitución de 'Kiki' Barón, al no contar su marcha con el beneplácito de los jugadores), era la verticalidad de sus hombres pegados a la cal. Uno de ellos, el alboloteño Milla, que solía jugar de lateral izquierdo, llegó esa misma temporada a la disciplina rojiblanca; besó el santo inmediatamente: «Hace ya mucho tiempo pero lo recuerdo como si fuese ayer. El ascenso fue uno de los momentos más bonitos vividos como futbolista», recapitula. Se adaptó rápidamente y con garantías a la nueva categoría, en la que se vació durante dos temporadas antes de partir hacia el Granada 74, entonces en idéntico nivel. Actualmente es entrenador del Maracena Juvenil Nacional y coordinador de las escuelas de fútbol de tal club, cargos que compagina con su trabajo en una cafetería que regenta en Albolote.

La banda opuesta tenía como inquilino a Iñaki Bollaín, un profesional que contrastaba con el papel del joven Milla, con ficha sub 23, mientras que el cántabro había jugado en Primera con el Racing cuatro temporadas consecutivas en los noventa, además de alternar su presencia en Segunda y Segunda B antes de aterrizar en Granada: «Uno de los secretos del ascenso fue el perfecto equilibrio que se dio entre jugadores con bagaje a sus espaldas frente a chavales con hambre y calidad, como Sorroche, Milla o Vinuesa. La comunión que hubo entre equipo, afición y directiva fue bastante buena, y por suerte se logró poner la guinda ascendiendo», admite. Hace pocos meses sufrió un infarto, lo que le obligó a apartarse momentáneamente de su papel como coordinador de cantera en el CD Laredo. Permanece rehabilitándose a la par que trabaja en una empresa de paneles de vitrificados: «Somos personas con vida normal que en su día tuvieron la suerte de dedicarse a lo que les apasiona».

El centro de la zaga rebosaba veteranía, con nombres como Joyce Moreno, que ahora se encarga de una empresa de marketing deportivo con enfoque en la representación de jugadores de fútbol. El panameño era el que más galones atesoraba dentro de la plantilla, pues jugó en Primera con el Oviedo, y coincidió durante una temporada con su compañero de puesto Pepe Saavedra. El cántabro se retiró hace tan sólo tres campañas, con 36 años, y dejando claro que eso de los ascensos no se le da nada mal: «Logré retirarme con el ascenso del Langreo. He conseguido ya cinco en toda mi carrera, es una satisfacción muy bonita», admite. Ahora ejerce de instructor de pilates.

La medular gozó de nombres aún reconocibles, Lucena, que llegaría a enfundarse la rojiblanca en Primera tras portarla desde la cuarta categoría. Actualmente trabaja como delegado del primer equipo rojiblanco. El interior derecho Francis ha regresado este año al club en calidad de analista de vídeos para Oltra.

Otros ya llegaron más curtidos, como Morán, el más avezado del equipo. El propio 'Kiki' Barón era más joven que él. Formó parte del cuerpo técnico durante los tres primeros años en Segunda B: «En principio tenía ficha para continuar como jugador, pero la llegada de Bordi me hizo replantear la situación y no quise ocupar un hueco», desvela el que ejerce a día de hoy como director de la Escuela de Fútbol Base del Valdepeñas.

Javi García llegó en su caso del 'Recre' tras renunciar a un año de contrato que le restaba en Segunda división, y para poder vestir los colores del Granada. Hace siete años colgó las botas, pasando a ser el segundo entrenador del equipo, cargo que ocupó hasta 2013. En junio de este año dejó de entrenar al Girona B, puesto que desempeñaba desde hace un año.

Muchos de aquellos protagonistas optaron por caminos desligados del balompié: Nene se dedica al negocio hotelero; Josemi montó una hamburguesería en su Mallorca natal; Juan Alberto Ramón, que marcó dos tantos al Guadalajara, es jugador profesional y bicampeón mundial de padbol, que combina el pádel con fútbol. Vive de ello a través de un club que ha organizado en Palma; Labella, el autor del tercer tanto al conjunto manchego, ahora se encuentra en un supermercado; Vinuesa montó en Barcelona una empresa de montaje de tuberías especiales; Sorroche se emplea en el comercio de repuestos de vehículos, aunque sigue jugando al fútbol en el Plus Ultra, un club de la liga de veteranos en Almería.

Este es el presente de aquellos salvadores rojiblancos, que sacaron al club de la UVI para pasarlo a planta, a pesar del riesgo que corría un paciente acostumbrado a credos sin respuesta. El resto de la historia se escribe sobre lo que firmaron ellos.

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