La perspectiva realista del proyecto de John Jiang

LA PLAZOLETA

El Granada, dependiente de la inversión extranjera desde su conversión en SAD, está dirigido por una política económica dimensionada al momento actual del club, con pocas ayudas excepcionales

RAFAEL LAMELAS

Granada desistió hace tiempo de la utopía de que su equipo de fútbol más representativo tenga como accionista mayoritario a un buen empresario de la tierra o a unos cuantos de ellos. Más allá de las dudas que arrojarían por ser gestores muy alejados del ramo de la pelota o por inquietantes precedentes de cuando el Granada aún era un mero club deportivo y surgió algún osado (que acabó en otros proyectos), la certeza es que sólo los extranjeros se han acercado con voluntad inequívoca de gobernar la estructura profesional sobre la que se sostiene el equipo. Primero un italiano, clave en la constitución de la propia sociedad anónima, y ahora un chino, que le tocó soportar un descenso cuando su sueño al aterrizar, que no su objetivo como alguno tergiversó, tendía a mirar a Europa, en un horizonte de tres años vista.

Cuando la propiedad no es nativa, parece obvio el interés económico en el negocio. Seguro que John Jiang, incluso con sanas intenciones, quiere ganar algo, ya sea por una vía directa o por la acción de marketing que supone para sus otros negocios el hecho de dominar una escuadra en el fútbol español, como también hace en su país y en Italia con el Parma. La modernidad conlleva esto. Aparecen sinergias y grandes conglomerados que encuentran en el balompié una forma de desarrollo. Esto no tiene por qué ser negativo siempre que no haya confusión con la identidad genuina en cada lugar, el respeto al aficionado y al propio crecimiento del club dentro de sus posibilidades. Este es un punto importante. Existe la falsa creencia de que alguien de fuera se erige en un ingenuo mecenas que tiene la obligación de invertir por puro derroche y alcanzar una dimensión impropia de la propia magnitud de la entidad. Olviden esto a corto plazo. El afán se encuentra en buscar rentabilidad o la eficiencia de los esfuerzos que se hagan. Podrá gustar más o menos pero aquí nadie regala nada.

Hay quien llegó a pensar que con John Jiang se abordaría una ampliación de capital, desembarcarían futbolistas inalcanzables y que, tal vez, se remodelaría el estadio con ribetes de oro. Pero si alguien tan joven ha llegado tan lejos y ha amasado tanta fortuna no es por dilapidar el dinero sin ton ni son, sino por saber en qué gastarlo, aprendiendo un modelo que desconocía.

La empresa que gobierna el Granada ya no es DDMC. Ahora se llama Hope, 'esperanza' en inglés

El Granada ha sido el conjunto con mayor margen para salarios de jugadores, pero la institución, en paralelo, ha tendido a economizar en sus oficinas, analizar cada partida de presupuesto y asumir sus responsabilidades. Por eso, el club corre ya casi al pleno con los gastos de explotación de Los Cármenes, que ya no repercutirán en el bolsillo de los ciudadanos, y trata de tener en su propia ciudad deportiva a toda la base, para no tener que estar mendigando por campos.

Voluntad actual

Aun con la cesión millonaria hecha con Adrián Ramos -una excepción, nada que ver con las llegadas masivas del fondo-, la era Jiang hace de la austeridad una pauta, sobre todo por la voluntad de la actual dirección, lo cual no tiene por qué suponer carestía. Es una visión realista y no fantasiosa, aunque todo dependa de si el balón entra.

En año y medio, el Granada se ha transformado por completo, con la ruptura con Pina y cuando perdió la categoría. Cambiaron entrenadores, director deportivo, director general y hasta la marca bajo la que está la 'red' del presidente. Antes era DDMC. Ahora, Hope, 'Esperanza' en inglés. Un mensaje al que agarrarse para encauzar el futuro.

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