Granada CF

Pedro Morilla: Del estreno soñado a la angustia total

Joan Francesc Ferrer 'Rubi', entrenador del Huesca, abraza y saluda a Pedro Morilla antes del partido en El Alcoraz. /Rafael Gobantes/Heraldo de Aragón
Joan Francesc Ferrer 'Rubi', entrenador del Huesca, abraza y saluda a Pedro Morilla antes del partido en El Alcoraz. / Rafael Gobantes/Heraldo de Aragón

Morilla sobrevive al domingo como entrenador pero queda pendiente de un hilo que podría ceder hoy

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Todo indica que la etapa de Pedro Morilla al frente del primer equipo del Granada no va a pasar del mes y medio. Seis semanas en las que el equipo tuvo arranque de caballo, con una victoria 'in extremis' ante el Numancia en su debut, y parada de burro, con una derrota sonrojante por 3-2 ante un desahuciado Lorca que lastró la trayectoria en adelante, sin que el sevillano encontrara la forma de enderezar el rumbo. Tres empates seguidos sucedieron a esa debacle en el estadio Artés Carrasco hasta llegar al Alcoraz este pasado sábado, con un patinazo bajo la lluvia que compromete su gobierno.

Morilla fue la elección sorprendente del director deportivo, Manolo Salvador, cuando decidió despedir a José Luis Oltra. Ocurrió después de que los rojiblancos cayeran en Oviedo, sumando la tercera derrota consecutiva. El encuentro tuvo una circunstancias singulares. Los nazaríes empezaron ganando pero un error grave de Javi Varas al filo del descanso precipitó el empate de los azules. En la segunda mitad, como tantas veces durante el curso, la escuadra se descompuso, recibió un segundo tanto y no tuvo capacidad para reaccionar. La depresión era creciente. El equipo había perdido en Lugo con una diana encajada en la prolongación (2-1) en el comienzo de la serie funesta. La semana siguiente cayó en casa por segunda vez en la campaña, a manos de un Nástic que se adelantó en otro desajuste nazarí y que luego soportó las intentonas de respuesta, incluido entre ellas un penalti que marró Machís en la recta final del encuentro.

El club buscó con él mejorar en las visitas y elevar la atención atrás, pero no lo ha logrado

Justo o no, Oltra cayó tras el resbalón en tierras asturianas y Salvador subió con los 'mayores' a Morilla, una opción que tenía en la sombra desde hacía unas jornadas, cuando percibió que la tendencia a domicilio no iba a cambiar. Mejorar como forastero y elevar la atención en defensa eran las máximas que se expusieron en las declaraciones para analizar la herencia recibida, poniendo la mirada en el ascenso directo, dando prácticamente por asumida la participación en la promoción como base, al estar el equipo como quinto en la tabla.

El preparador hispalense se estrenó en su feudo ante el Numancia, con muchas bajas. Las principales, la de Darwin Machís, castigado con cuatro encuentros por su expulsión en el Carlos Tartiere, y la de Adrián Ramos, lesionado con Oltra aún, en los días previos de la visita a tierras asturianas. Ante las ausencias, Morilla alineó a futbolistas que estaban pasando desapercibidos en los últimos meses, como Germán, Quini o Puertas, a los que sumó a Espinosa en la segunda mitad. Fue este quien metió el tanto del éxito, en un partido bastante trabado y de juego poco fluido, a pesar de los tres puntos. Aunque recuperó la semana siguiente a Víctor Díaz, que estaba sancionado, y a Sergio Peña, que venía de estar citado por la selección peruana, Morilla se agarró a los 'desheredados' que había devuelto al foco, pero las cosas no pudieron salir peor en Lorca. Un conjunto que llevaba 16 partidos sin ganar se llevó la victoria por 3-2 con una catarata de pifias atrás de los de rayas horizontales. Por tres veces se adelantaron los locales ante una retaguardia de plastilina, especialmente endeble en las acciones con la pelota detenida.

Un ridículo que solivianta

El ridículo soliviantó al público, que esperaba de uñas el regreso a Los Cármenes. El equipo no pasó del 1-1 ante Osasuna, club aspirante a lo máximo también en horas bajas. Los navarros se adelantaron tras un fallo de bulto de Varas a la hora de blocar una falta lateral. El Granada nadó contracorriente y consiguió la igualada gracias a Montoro. Los de Pamplona cerraron filas en el lapso definitivo y al menos se llevaron un punto. La grada no salió satisfecha del despliegue de los suyos.

El Granada se conjuró para mejorar en su visita al Sevilla Atlético, otro cuadro carne de descenso. Los chavales resistieron, con tramos de dominio incluso, ante unos rojiblancos pusilánimes, que erraron opciones sencillas de resolución. Morilla apostó ese día por Rey Manaj en punta, que lo erró todo. La puerta se quedó a cero, pero la del contrario también. Los cientos de seguidores desplazados pidieron la cabeza del técnico por primera vez.

El club buscó con él mejorar en las visitas y elevar la atención atrás, pero no lo ha logrado

Sin embargo, la dirección ratificó en el puesto al entrenador y así recibió una oportunidad de alterar la tendencia frente a la Cultural Leonesa, adversario encuadrado en la pelea por no bajar. La recuperación de Machís y de Adrián Ramos –que ya tuvo minutos ante el Sevilla Atlético– conformaron los principales alicientes para mantener la fe. La escuadra empezó bien, aunque su fútbol se mantuviera agarrotado. Marcó pronto Kunde y el cuadro atravesó un valle hasta el descanso, del que salió indemne. Machís volvió a marcar tras el descanso y un gol en propia de Saunier comprometió el asunto. Kunde dispuso el 3-1 a la salida de un córner y parecía que llegaría un epílogo tranquilo al fin, pero para nada. La expulsión de Víctor Díaz en el minuto 81 derivó en un proceso de disolución a manos de una Cultural que intentó la remontada con determinación. Perdonó una pena máxima pero anotó dos dianas en medio del caos atrás.

El empate supo a derrota pero aun así continuó Morilla en el cargo, quizás con la dirección consciente de que lo que había pasado se asemejaba a un accidente. Pero llegó a Huesca y se repitió un guion manido, tanto con Oltra como con él. Un Granada capaz de salir con gallardía y ponerse por delante aunque débil para preservar su botín, hasta acabar en la lona. El balón parado enemigo ha sido un arma infalible para muchos, al que ningún míster supo ponerle remedio. El 2-1 llegó antes del reposo. En la segunda parte el equipo buscó la heroica en El Alcoraz, pero el aguacero impidió cualquier atisbo de creación, deparando una lucha frontal en la que los oscenses supieron mantenerse firmes. Fracasaron los rojiblancos en su asalto y la figura del jefe del vestuario se quedó tiritando ante los ojos del presidente, John Jiang, que estaba en el estadio.

La decisión de Salvador resultó de alto riesgo. La inexperiencia ha actuado como prejuicio en contra de Morilla, al que también le ha lastrado un discurso poco convincente ante los medios del que la hinchada ha sacado punta. El desastre impregna a quienes apostaron por él y a unos futbolistas que no se han sabido corregir. Las debilidades que se observaban con Oltra han permanecido. Del estreno soñado a una creciente desazón que ha llevado a la angustia total.

El equipo vuelve a entrenar hoy inmerso en un mar de dudas

El Granada vuelve hoy a los entrenamientos envuelto en un mar de dudas, con una extraña espera. En principio es la clásica sesión de recuperación posterior a la celebración de los partidos, en la que los titulares trabajan a medio gas y se activan los suplentes y no convocados. Pero esta vez presenta el morbo de comprobar si Pedro Morilla y su cuerpo técnico la dirigirán o si ya se producirá alguna ausencia digna de reseñar. El plan es que arranque en torno a las 10,30 horas en la ciudad deportiva de la entidad, antes de descansar mañana e iniciar el miércoles la preparación del duelo ante el Rayo.

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