La resaca

Parecidos razonables con el Granada de Tomé

Fabri y Tomé./GONZÁLEZ MOLERO
Fabri y Tomé. / GONZÁLEZ MOLERO

Aquel equipo también salió con la obligación de ascender y era alegre en casa pero ingenuo a domicilio

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

1. El Granada de Oltra empieza a adquirir inquietantes costumbres que le emparentan con el de Álvarez Tomé, el último equipo rojiblanco que salió a competir con la obligación de ascender. Por entonces, en la temporada 2009-2010, la escuadra se encontraba en Segunda B. Fue el verano en el que desembarcaron Gino Pozzo y Quique Pina bajo la presidencia de Ignacio Cuerva en una gestora. Este había confiado previamente en el técnico leonés para dirigir un proyecto que cambió de objetivo a uno más ambicioso tras la irrupción del capital italiano y la mano del murciano.

2. Pina asumió la decisión tomada por Cuerva y dejó el vestuario en manos de Tomé. Junto a Juan Carlos Cordero le configuró una plantilla lujosa, gracias en parte a varias operaciones asumidas por el Udinese. Solo valía subir y querían ser campeones para disfrutar de una gran oportunidad en la promoción que se estrenaba esa campaña: el primero del grupo se medía al mejor de uno de los otros tres y si superaba la eliminatoria, adquiría plaza directa a la ‘división de plata’. El perdedor tenía dos cruces más.

3. Aquel Granada se presentó con una plantilla profundamente remozada, en la que sobrevivían los granadinos Manolo Lucena y Javi García con respecto a la etapa anterior. Enseguida se plasmó un patrón que no abandonó el periodo de ejercicio de este preparador. El juego era alegre en casa y los resultados, solventes. Un 7-1 con el Águilas elevó la moral del aficionado, que empezó a soñar con un paseo militar durante el curso. Cinco triunfos consecutivos contando esa goleada dispararon la euforia, hasta que la línea se vio cortada con tres empates seguidos y una derrota a domicilio.

4. El buen juego y los marcadores engancharon al aficionado, pero aparecieron síntomas preocupantes en el conjunto cuando ejercía de visitante. Desde la jornada 16, con un 3-1 al Murcia B, hasta la 29, un 4-1 frente al Jerez Industrial, el Granada lo ganó todo ante su público con ciertos encuentros de signo amplio, pero solo recolectó dos triunfos en ocho desplazamientos, con algunos patinazos ante rivales muy modestos, como el San Roque, en un patatal, o la Sangonera.

5. La última debacle con Tomé acaeció en Marbella, ante un contrario que estaba en descenso. Los malagueños endosaron un 3-1 a los nazaríes, con algunos tantos en los que se observó una terrible desidia defensiva, no compensada por el talento de los Ighalo, Tariq, Benítez o Collantes arriba. Aun con el Granada segundo, a cuatro puntos del primero, un Melilla con el que se cruzaba en un par de jornadas en el campo del Zaidín, la directiva decidió destituir a Tomé. La endeblez general en las salidas quebró la confianza de los que mandaban. En 30 encuentros, los rojiblancos solo dejaron la puerta a cero en nueve de ellos, por lo que apostaron por un preparador reputado en conceptos defensivos.

El club cierra filas ante la situación aunque el cabreo es notable en la planta noble, a la espera de ver si se mantiene el rendimiento como local

6. El elegido fue Fabri, experto en repliegue y contragolpe. Una solución de emergencia al que convirtieron en el hombre que pulsó, por dos veces, el botón del elevador hasta la azotea. El gallego retrasó líneas y se llevó una pitada por conservador en su debut (cediendo un 1-1 con el Betis B), pero fortaleció la defensa y la calidad en ataque le bastó. No encajó un tanto en cinco de sus últimos seis partidos del la campaña, contando la promoción ante el Alcorcón (que ganó en la vuelta 1-0, la excepción, habiéndose impuesto los nazaríes por 2-0 en la ida) y la disputa por el título de Segunda B frente a la Ponferradina.

7. Los paralelismos actuales con el ciclo de Tomé están ahí. Oltra dispone aún de tiempo para revertir la tendencia, pues acaba de empezar la segunda vuelta, con un par de viajes en los que se mereció más. La comparativa de situaciones a esta altura aparece como algo peor, porque Tomé logró llegar al ecuador del campeonato como líder, condición que cedió con el paso de las semanas. En la actualidad hay ocho puntos respecto al corte del trampolín directo a la élite y dos respecto al ‘play off’. Osasuna, ya por delante por un punto, puede colarse en esta zona benigna si vence en su partido aplazado este jueves.

8. Nada es concluyente, queda mucho por lidiar y es indudable que este Granada puede dar más. Que recupera a Machís y que aguarda a que el mercado solucione alguna deficiencia. Pero estas esperanzas quedan en nada si no se entona una profunda autocrítica, que no se personaliza únicamente en el cuerpo técnico, sino también en unos futbolistas que carecen de la iniciativa robusta que muestran ante su gente y una dirección deportiva que ha de exprimir el mercado en estos días. A la mayoría se le antoja un extremo como vital y, aunque desbloquear a alguno interesante se vea duro, al final la cúpula está obligada a ese esfuerzo. En parte, para inyectar energía positiva.

9. Las concesiones imperdonables atrás solo se pueden paliar con trabajo y concentración. Los errores de remate, con insistencia y temple, tratando de romper con esos finales de centro a la olla a ver qué pasa. Hay jugadores de rendimiento cuestionable, que no faltos de implicación, con un trauma a cuestas cuando se montan en el autobús que Oltra tendrá que solucionar con más psicología que táctica.

10. Hay cabreo en la planta noble y hablar de posibles ceses se convierte en una conjetura inoportuna. Todos cierran filas de momento, pero la inercia ha de variar pronto, porque los demás no esperan y el Granada se ha tatuado el compromiso de volver a la cima. Tomé se quedó por el camino en aquella aventura. Oltra, con un gran bagaje y ascensos a la espalda, ha de encontrar la tecla antes de que le pueda vencer la dictadura de los marcadores.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos