La plazoleta

Oltra y las sombras del pasado

Oltra durante un partido del Granada CF. / Alfredo Aguilar

El final de noviembre queda aún lejos pero el entrenador del Granada CF se enfrenta el sábado, precisamente ante el Córdoba, al Rubicón que no llegó a cruzar Paco Jémez

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

José Luis Oltra es un tipo que suele hacerse querer en los sitios donde va, por su educación y cercanía. Se comprobó en Tenerife, con evidencias como el aplauso que le brindó el Heliodoro cuando se pronunció su nombre por megafonía y en el trato que le dispensaron dirigentes, operarios y periodistas. Al padre de un ascenso no se le olvida fácilmente. Este cariño suele germinar también en sus plantillas. En Córdoba, su último destino, los jugadores cerraron filas en torno a su figura en su despedida la temporada pasada, cuando fue destituido el 27 noviembre, tras una racha de nueve partidos sin ganar en Liga, con cinco empates entre ellos. Venían de una campaña anterior aseada, en la que disputaron la fase de ascenso a Primera. Pero los malos resultados y la cercanía del descenso condicionaron la decisión de los dirigentes califales.

El final de noviembre queda aún lejos pero Oltra se enfrenta el sábado, precisamente ante el Córdoba, al Rubicón que no llegó a cruzar Paco Jémez, quien cayó el curso pasado en la jornada seis, la que se va a disputar. A ojos externos, la jefatura colocada por el entonces flamante dueño chino tomó una decisión precipitada con el ex del Rayo. Quien viviera el día a día sabía que era una conclusión inevitable, visto el desapego hacia el proyecto del técnico, frustrado por la configuración de un grupo muy alejado de la expectativa que se creó.

El 'caso Jémez'

De la posibilidad de traer a jóvenes como Marcos Llorente, Theo Hernández, Burgui, Borja Mayoral o Mariano, se pasó a una racimo de chavales sin experiencia en el fútbol nacional, con piezas defectuosas en el eje clave. Despreciando a la columna vertebral del año previo, estallando todo en manos de un preparador pagado de sí mismo, volcánico en sus declaraciones, aunque en el fondo intuyendo la deriva posterior que nadie pudo subsanar.

Jémez tenía dos puntos entonces tras la derrota en la fecha seis ante el Alavés en Mendizorroza, cuando nadie atisbaba que ese sería el conjunto revelación. Oltra cuenta con cuatro, pero su aspiración es bien diferente a la permanencia. Aunque en Segunda nadie se destaca, lo cierto es que sólo quedan tres equipos sin ganar. Dos están en descenso (Sevilla Atlético yAlbacete -que puntuó en Los Cármenes-); el otro es el Granada.

Oltra cuenta con una gran experiencia en la categoría y advierte de que todo puede cambiar con una mera racha. Él disfrutó de dos ascensos pero sufrió en sus cuatro últimas experiencias, donde no le dejaron acabar el contrato y terminó destituido. Oltra no es como Jémez, ni en estilo ni en carácter. Ha criticado desde la honestidad a su equipo si ha sido necesario pero siempre se ha mostrado confiado en la valía de su plantilla, en que hay mimbres para lo que se pregonó como lema. Un ascenso directo que genera una exigencia desaforada y ansiedad en el ambiente. También en la grada, donde hay quien malinterpreta el objetivo con el camino, que no va ser de rosas y sí de muchas espinas.

El sentir de la dirección

Recabar el sentir de la dirección sobre esta situación no es fácil. Nadie pregona con comodidad ni ratificaciones ni ultimátums. Tampoco ningún miembro de la cúpula quiere plantearse el escenario de una posible derrota el sábado. Sería un trago duro, la hinchada podría estallar y el palco, precipitarse.

Oltra, profundamente religioso, guarda una estampa de Santa María de la Alhambra bajo la funda de su móvil. El regalo de un aficionado que él recogió con sumo cariño, pensando que le daría suerte. Una Virgen de las Angustias para ir conociendo que el nombre de la patrona de la ciudad no es casual. Más allá de lo espiritual, de lo aleatorio, que también tiene que aparecer, Oltra ha de reflexionar sobre sus motivaciones. Sin perder la determinación propia pero sabiendo que hay sombras que tiene que disipar. Si se armó un vestuario homogéneo, de acento español, con gente bregada, es también para que las medidas tajantes se puedan ejecutar sin reventar la caseta. De ahí que Oltra deba de mirar a la cara a los suyos, exigirles más, repasar sus propias decisiones y disipar fantasmas del pasado que se le apresan a los pies. Ha de ser el Oltra de Tenerife o Coruña y regatear algunos pasajes de ciertas experiencias que acaecieron después.

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