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Perdido fuera de La Masía

Samper en el partido ante el Athletic.
Samper en el partido ante el Athletic. / FERMÍN RODRÍGUEZ
  • El catalán arribó a la plantilla con la vitola de canterano azulgrana y recibió de manera automática unos galones que fracasó al portar. La falta de fuelle al principio de curso y el cambio de sistema con Alcaraz impidieron que alcanzara las expectativas generadas

Formarte como futbolista en La Masía es algo al alcance de pocos. Superar los numerosos filtros del proceso de selección del Barcelona y pasar por las diferentes categorías inferiores hasta llegar a la órbita del primer equipo es un recorrido del que pueden presumir un puñado de jugadores. De ahí que cualquiera que sobreviva a ese proceso posea cierto halo en el que se presupone la calidad y el talento.

Con esa vitola arribó Sergi Samper al Granada en la recta final del mercado veraniego. La mediación de Pere Guardiola y las palabras de Paco Jémez le convencieron para elegir a la escuadra rojiblanca como nuevo destino en el que probar su valía. Sin hueco en los esquemas de Luis Enrique, el centrocampista estaba obligado a hacer las maletas para no estancarse y al final se decantó por la opción nazarí, donde tenía muchas papeletas para gozar de los minutos que se le negaron en el Camp Nou.

La confianza del técnico cordobés en Samper era plena, pero lo que estaba a medio gas era la resistencia del catalán. El escaso rodaje en la pretemporada azulgrana le llevó a ser incapaz de aguantar los noventa minutos en los primeros compromisos. Las buenas maneras mostradas en el trato del balón se disiparon ante su endeblez física, que le restaron credibilidad a la hora de erigirse como el titular incuestionable para gobernar la nave.

Su estreno como titular se produjo en Las Palmas, donde aguantó una hora antes de ser sustituido. Su salida del terreno de juego coincidió con el hundimiento rojiblanco, pues se pasó de una derrota ajustada (2-1) a una goleada adversa (5-1) tras la que Jémez abrió por su cuenta la puerta a su cese. Ese adiós se materializó poco después y todo cambió para Samper con Alcaraz en la sala de mandos.

Los primeros minutos con el técnico granadino se concretaron precisamente en la visita a su club de origen. En el feudo culé inició una serie de compromisos en los que únicamente gozó de minutos de refresco. Acostumbrado a un fútbol en el que la posesión no se discute y sólo se encarga de canalizar el esférico hacia un lado u otro, pasar a otro estilo en el que se le demandaba una forma distinta de emplearse le costó un peaje que pareció pagado a finales de noviembre. En ese instante tomó la alternativa en Balaídos y se hizo fuerte en el dibujo táctico con tres centrocampistas. Flanqueado por dos volantes, Samper se notó mucho más suelto y los detalles mostrados del jugador que podía llegar a ser ilusionaron a la grada.

No obstante, la época de bonanza se disipó con celeridad. Una pérdida en el Bernabéu sirvió el primer gol blanco en la goleada (5-0) que agravó un bache de resultados -dos puntos de veintiuno posibles- iniciado tras el triunfo ante el Sevilla. Alcaraz cambió de nuevo la pizarra y probó con tres centrales, lo que desterró el 'trivote' y condenó a Samper, visiblemente incómodo con sus funciones en una medular junto a hombres de corte netamente defensivo como Uche.

La llegada de Wakaso encareció aún más los minutos para el catalán, quien aún tuvo una última oportunidad para reivindicarse. Fue en Butarque, donde una sanción le brindó una titularidad que tiró por el garete. Claramente superado por Rubén Pérez, Samper escribió en Leganés su epitafio. A partir de ahí sólo hubo ratos sueltos en el mejor de los casos, hasta que Adams le eliminó de las convocatorias.

El británico se escudó en una cuestión económica, dado que el centrocampista recibía un bonus por cada partido jugado. En su caso, la situación era más sangrante pues en el contrato de cesión del Barcelona se incluyó que debía disputar al menos 45 minutos en la mitad de los partidos o abonar 250.000 euros. Al no cumplir con los requisitos ya era obligatorio pasar por caja, por lo que se decidió excluirle 'de facto' y no elevar el ya gravoso coste de un jugador al que se le pidió que fuese un líder y que se perdió fuera de La Masía.