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GRANADA CF | EXPEDIENTE

Carente de implicación

Krhin en el partido ante el Celta.
Krhin en el partido ante el Celta. / FERMÍN RODRÍGUEZ
  • El esloveno cayó en una negativa espiral que le llevó a entrenar a bajo nivel y quedarse fuera de las convocatorias. Estuvo a punto de recalar en el Birmingham en invierno, pero él mismo truncó la operación. En la recta final, ya con Adams, regresó a la acción y como capitán

En una plantilla conformada en su mayoría por una amalgama de cedidos, el reducto de jugadores en propiedad debería haber sido el motor del equipo. Sin embargo, una de las piezas del engranaje se atoró prácticamente desde el principio. Rene Krhin estaba llamado a ser un hombre importante por su condición de internacional con Eslovenia, su contrato en vigor hasta 2019 y el elevado salario percibido (1'4 millones de euros) con respecto a la media del resto de sus compañeros de vestuario, una cifra inasumible ahora en Segunda. Ninguno de esos argumentos pareció bastarle al centrocampista, al que se le echó en falta una mayor implicación cuando la trayectoria del club empezó a torcerse, ya en el mes de septiembre.

Krhin contó con la confianza de Paco Jémez, quien le colocó en el 'once' inicial en tres de las cuatro primeras jornadas. Eso sí, el arriesgado estilo de juego del cordobés -cualquier pérdida de balón en la medular obligaba a un 'sprint' hacia la portería propia con tal de recuperar la posición y frenar al contrario- no casó demasiado con las características del esloveno, quien rápidamente perdió protagonismo en las alineaciones.

El cese de Jémez y la llegada de Alcaraz no provocó un cambio sustancial en su estatus, pues para entonces el futbolista ya estaba en caída libre. Su agitada vida nocturna le pasó factura, tanto figurada como literalmente. El club le abrió un sinfín de expedientes disciplinarios que tuvieron su reflejo tanto en su nómina como en su nivel en los entrenamientos.

El esloveno rindió muy por debajo de su nivel, lo que llevó al técnico granadino a ni siquiera convocarle durante más de dos meses. Habitó durante ese período -en el que sufrió unas molestias en su rodilla- en el más oscuro de los ostracismos, al menos con el Granada. Con su selección sí gozó de los minutos de los que fue privado por su escaso compromiso.

La situación llegó a un punto extremo en el que, conforme se abrió el mercado invernal, el nombre del esloveno estaba el primero en las quinielas para abandonar el club. De hecho, estuvo a punto de hacerlo. El Granada y el Birmingham llegaron a un acuerdo para el traspaso de Krhin, pero aún tenían que convencer al centrocampista.

El jugador gozó de unos días de permiso para marcharse a Inglaterra -perdiéndose así el duelo ante el Real Madrid, en el que tenía opciones de jugar por las bajas- y tuvo la oportunidad de conocer al que habría sido su nuevo equipo, de no ser porque él mismo truncó la operación en el último momento. Así las cosas, Krhin regresó a Granada y mantuvo una charla con Alcaraz en la que pactó con el entrenador una mayor dosis de esfuerzo y sacrificio durante la semana, con tal de ser una opción viable en los encuentros que restaban.

Ese intercambio dialéctico surtió efecto durante unas semanas, lo que le llevó a ser convocado para las citas ante Osasuna -no jugó-, Espanyol (titular en Cornellá) y Villarreal, contra el que no abandonó el banquillo. Poco después regresó a las andadas, lo que le devolvió al profundo abismo de la grada y sin indicios de poder retornar a la luz. No obstante, la historia cambió para Krhin con Adams al frente del banquillo granadinista.

El británico supo conectar con el esloveno, al que no sólo le devolvió a los terrenos de juego, sino que lo hizo con el brazalete de capitán en su brazo. En su reaparición ocupó el puesto de interior diestro, aunque el primer gol del Celta le devolvió a la medular, zona en la que se mueve mejor. A partir de ahí, el centrocampista fue un fijo en las alineaciones pese a que su rendimiento no justificó semejante confianza. Sólo se perdió el choque en Anoeta, donde se certificó el descenso. Después repitió titularidad en el epílogo de tres partidos con el Granada ya en Segunda, en los que demostró una habilidad para la destrucción del rival menor que la evidenciada consigo mismo.