Ideal

Granada CF

la contracrónica

Epitafio

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/ Ramón L. Pérez

  • El peor plantel de Primera, el peor en toda la historia rojiblanca granadinista en la élite. Así debe rezar el epitafio a colocar en la tumba que entierre definitivamente esta funesta temporada

El peor plantel de Primera, el peor en toda la historia rojiblanca granadinista en la élite. Así debe rezar el epitafio a colocar en la tumba que entierre definitivamente esta funesta temporada. A pulso se lo han ganado los integrantes de esta plantilla nauseabunda confeccionada por unos dirigentes incapaces.

Casi nadie se debe librar del oprobio y reprobación de una hinchada que exteriorizó con fuerza, pero con comedimiento, el hartazgo de este fraude futbolístico que ha sido esta temporada. La imagen de Jiang Lizhang está por los suelos ante la parroquia local, y los cantos de sirena lanzados desde ruedas de prensa prometiendo rectificar la próxima temporada, caen por ahora en saco roto mientras no se confirme que la línea a adoptar para el próximo curso en la División de Plata es radicalmente opuesta a la tomadura de pelo que ha supuesto para cualquier abonado y seguidor del club la presente campaña.

El tramo final de la temporada dirigido, es un decir, desde el banquillo por Tony Adams, ha sido el colmo de la desfachatez de unos dirigentes, unos técnicos y unos jugadores que abandonaron cualquier idea de competir decentemente hace mucho. El británico ha completado, como se auguró desde estas líneas hace ya varios partidos, un periplo impecable por lo ridículo de sus resultados: siete partidos, siete derrotas; diecisiete goles en contra y tres a favor. A pesar de enfrentarse a equipos sin nada en juego, como Celta –que acudió con un equipo de suplentes-, Málaga y Espanyol –que vinieron de paseo a Los Cármenes-, todos ellos en casa, se ha sido incapaz de sacar un solo punto. Puede que Adams haya venido a limpiar el estercolero que actualmente es el vestuario del primer equipo y a poner las bases de un proyecto distinto hasta lo ahora visto, y que quizá en ello sea efectivo, pero a él que tanto le gusta pregonar a los cuatro vientos que los jugadores que dirige son muy malos como colectivo –gracias Tony, ya lo sabíamos desde hace mucho-, debiera mirárselo en cuanto a su cualificación para llamarse entrenador de fútbol. Ni capacidad de motivación ni de estrategia alguna, un auténtico desastre como director desde el banquillo superando en mucho en deméritos a sus predecesores de esta temporada, Jémez y Alcaraz, convirtiendo un equipo muy malo en una nada futbolística, cuando no en un puro hazmerreír.

El partido que cerró la temporada fue un epílogo perfecto de todo lo vivido durante esta campaña desastrosa. Los dos goles del contrario fueron puro mérito de la incapacidad defensiva y técnica del equipo, con Lombán y Vezo retratados en ambos. El Espanyol no debió esforzarse, pues en los primeros siete minutos ya el equipo local le había regalado dos goles. Lo demás, una pachanga infumable donde no se vio nada, más que a Diego López en el gol local tragarse un disparo desde lejos de Pereira, uno de los pocos que pareció poner interés por evitar el último puesto, aunque siempre con exceso de individualismo.

A este muerto hay que enterrarlo y bien profundamente. El hedor que despide todo lo hecho esta campaña sólo puede remediarlo la cal viva del olvido y, sobre todo, las realidades tangibles que empiecen a experimentarse de un proyecto que nada tenga que ver con lo acaecido este curso. Sólo así podrá pasarse página del esperpento vivido, una pesadilla para la afición, un mal sueño del que no se ha podido todavía despertar.

No vale ya con anuncios rimbombantes, ni con declaraciones llenas de buenas intenciones, o compungidas manifestaciones apostillando que se sabe que se ha hecho muy mal y se pretende rectificar. La afición quiere hechos y realidades, que venga gente al Granada que se comprometa de verdad con el club, en su dirección y en sus plantillas. Empezar a atisbar un cambio de rumbo que normalice a la entidad como club de fútbol con identidad propia, y no sólo como agencia de representación de valores de mercado –en eso el británico estuvo acertado en sus declaraciones, sin duda-. La confianza sólo podrá recuperarse con trabajo, humildad y respeto. ¿Les suena? Era la tríada que el bueno de Fabri señalaba como clave para triunfar, abogando por volver a aquel espíritu rojiblanco del Granada de los setenta en Primera, donde los que vestían la camiseta granadinista lo hacían con dignidad y profesionalidad futbolística.

Se cierra al fin esta campaña, pero nadie va a olvidar el ridículo futbolístico al que se ha visto abocado el club en ella, fruto de la inanidad de dirigentes, técnicos y jugadores. A los responsables directos de la confección del plantel, así como a muchos de los jugadores que en el primer equipo fueron responsables de este lamentable curso, sólo desearles lo peor futbolísticamente hablando. Que todo el mundo del fútbol lo sepa, todos ellos fueron los peores de Primera, los peores de la historia del Granada en la élite.