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Los peores

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  • El bochornoso espectáculo del Granada de toda la temporada está tomando tintes bufos en los últimos tiempos

Jiang Lizhang, Pere Guardiola, Sergi Vieta, Torralbo, Paco Jémez, Lucas Alcaraz, Tony Adams, Ochoa, Oier, Kelava, Rui Silva, Lombán, Vezo, Gabriel Silva, Gastón Silva, Saunier, Ingason, Foulquier, Tito, Tabanou, Samper, Krhin, Uche, Márquez, Toral, Angban, Boga, Andreas Pereira, Carcela, Cuenca, Atzili, Ponce, Kravets, Barral, Bueno, Héctor, Ramos, Wakaso, Kone, Hongla, Mallé, Estupiñán y Entrena, han conformado y sido parte del peor club ahora mismo, futbolísticamente hablando, de Primera. Ellos han sido, a falta de una jornada para el final de la liga, los peores, los más ineptos e incapaces deportivamente hablando, ganándose a pulso el último lugar del pelotón, en una temporada en que la zona baja en Primera ha estado muy corta de calidad, como desde hacía tiempo no se había visto en la división.

La llegada de Adams no ha servido de revulsivo deportivo, pues el británico se ha empeñado en romper récords negativos al no conocer el equipo bajo su batuta más que derrotas y encaminarse a culminar el próximo viernes un colofón para enmarcar por lo nefasto. Ni un punto a favor de los rojiblancos desde que Adams está en su banquillo. Al que fuera gran central del Arsenal, parece que los dioses no lo han llamado por la senda de los buenos entrenadores.

El bochornoso espectáculo de toda la temporada está tomando tintes bufos en los últimos tiempos. Hay una caída en picado de la dignidad de la entidad, sumida en situaciones lamentables, como la convocatoria de un jugador para ir a Pamplona que pocas horas después se queda en Granada y hace gala de su dedicación al ocio por redes sociales. Un cuadro del disparate en que está sumida la plantilla, retratada en los futbolístico y en lo humano en este horroroso tramo final de temporada, indigno sobre todo para una afición que no merece, como ya dijo Alcaraz, ni estos dirigentes, ni estos técnicos ni estos futbolistas.

Cuesta por ahora mucho atisbar un rayo de esperanza para el curso futbolístico venidero. O mucho cambian las cosas, y sobre todo, los criterios de los personajes que toman decisiones en el club, o la debacle futura puede ser aún peor. Lo que fue un modelo a nivel nacional de ascenso meteórico desde el infierno de la Segunda B a Primera, puede devenir en una vuelta al averno mucho antes de lo esperado. No es la Segunda española una competición fácil, y se necesita criterio, trabajo, seriedad, dedicación y compromiso para navegar con garantías por ella. No ya para volver a Primera, donde habrá que aunar calidad en la plantilla que se conforme y suerte que la acompañe, sino simplemente para sobrevivir en una competición donde suele ser corto el margen entre los “play-off” de ascenso y la zona de descenso.

De la comparecencia en Pamplona sólo cabe destacar la cierta vergüenza que demostró con sus arrancadas e implicación, a pesar de sus limitaciones, Dimitri Foulquier, y la gran pena de haber desaprovechado la calidad innegable de un delantero como Adrián Ramos en un equipo que bajó demasiado pronto los brazos para luchar por permanecer y no ha explotado adecuadamente todas sus potencialidades.

El próximo partido será el de la triste despedida de Primera en Los Cármenes, ante un Español que no se juega nada. Pero tal y como está el Granada, poco deben hacer los rivales para superarle, por lo que las apuestas estarán nuevamente del lado de los periquitos. Los rojiblancos llegan hechos unos zorros, deshechos y descompuestos, sin fe en casi nada. Otra nueva derrota, una más, es previsible.

La afición no merecía este epílogo. El fracaso del nuevo propietario no sólo es el descenso de categoría, sino haber transmitido una imagen de incapacidad absoluta en la gestión deportiva, agravada en el último tramo, una vez rotas las costuras del vestuario y sacadas a la luz las desvergüenzas de una plantilla, con escasas excepciones, de impresentables futbolísticos. Lo único positivo será perder a la mayoría de estos pseudo-profesionales del fútbol de vista. Pero que nadie olvide que la responsabilidad de haberlos traídos ha sido de aquéllos en cuyas manos puso el actual propietario el club. Esperemos que al menos haya aprendido de tan tremendo error.