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Equipos con solera que volvieron como cohetes

El Levante celebró ante el Oviedo su ascenso a Primera hace poco más de una semana.
El Levante celebró ante el Oviedo su ascenso a Primera hace poco más de una semana. / MANUEL MOLINES
  • El Betis, el Deportivo y el Levante este curso son ejemplos recientes de conjuntos que retornaron a Primera en una sola temporada

La resaca tras el éxito no es fácil de prever en el momento de euforia ni de mitigar cuando el dolor ya se instala. Le ha pasado a varios equipos en las últimas campañas. Después de atravesar cotas impresionantes, en algunos casos con proezas históricas, llegaron tiempos confusos que arrastraron al fracaso del descenso. Una caída siempre peligrosa porque, en el último lustro, sólo uno de cada tres conjuntos que bajaron a Segunda división consiguieron regresar a Primera de inmediato. Únicamente en la temporada 15-16, la pasada, se alteró esta secuencia al no ocurrir con ninguno, cuando el Alavés, Leganés y Osasuna se auparon a la élite, estancándose Almería, Córdoba y Elche (este tras caer por motivos económicos).

El Villarreal, con una plantilla que empezó disputando la Liga de Campeones, acabó enterrado gracias a aquel gol de Falcao que tanto benefició al Granada. El Deportivo de La Coruña, después de su ciclo glorioso como ‘súper’ en el que levantó títulos como el de Liga, se codeó con los grandes y llegó a semifinales de ‘Champions’, se sumió en un periodo turbulento, que le hizo sufrir hasta dos desplomes de categoría, si bien de todos ellos retornó de golpe. El Betis también salió rápido del trauma de su más reciente tropezón en 2014, no así del anterior, que le encalló durante un bienio. Fresco está aún el del Levante, celebrado hace dos fines de semana.

No han seguido una fórmula única que delimite cómo regresar fulgurantemente, si bien es cierto que tanto blanquiazules como verdiblancos escaparon pese a sus delicadas deudas. Lo hicieron con plantillas en las que sobrevivieron componentes previos, cuyo rendimiento un peldaño por debajo se multiplicó, y agarrados a algunos valores seguros de la categoría.

En Villarreal mantuvieron la cabeza sobre el cuello y con la confianza de la cúpula que comanda Fernando Roig se rearmaron para que aquel mal trago pasara rápido. Pese a su potencial (no había aún limitación del control financiero), tuvieron que dar algún volantazo, incorporando a Marcelino García Toral en el lugar de Julio Velázquez y haciendo esfuerzos en invierno. Gasto bien empleado porque recuperaron el estatus de privilegio, detrás del Elche, primer clasificado.

A los gallegos se les atrancó el ascensor, porque bajaron en 2011, en aquel campeonato que sólo pisaron la zona roja en la última y crucial jornada; subieron en 2012, con José Luis Oltra al mando, un presupuesto descomunal de 43 ‘kilos’ y récord de 91 puntos; pero les engulló de nuevo el desastre, en una franja para olvidar. Sólo aletearon algo en la segunda vuelta, cuando apareció Fernando Vázquez y a punto estuvo de obrar la resurrección. Tan bien lo hizo que se le encargó la misión del regreso. En medio se fraguó una transición entre el sempiterno presidente, Augusto César Lendoiro, hacia el actual, Tino Fernández, obligado por una coyuntura que derivó en el concurso de acreedores.

Necesitaba el Deportivo que la estancia en Segunda no se alargara. Se agarró a una columna vertebral y muchos perfiles propios del nivel en el que actuarían. «Fue una plantilla mucho más modesta. En el primer partido en Riazor se acaba con tres chicos de la cantera arriba», rememora Dani Méndez, periodista del canal Gol en La Coruña. «Aun así, es campeón de invierno. Llega más liquidez, que propicia fichajes como los de Toché, Ifrán, Rabello, o Sissoko. Elevan el nivel, pero no se les saca todo el rendimiento. El equipo aguanta y sube como segundo, aunque también por deméritos de los perseguidores», tercia Méndez. Quedaron detrás del Eibar.

El Betis pisó de nuevo la Primera división en la temporada 2011-2012, igual que el Granada. Fue campeón, mientras que los rojiblancos tuvieron que disputar la fase de ascenso. Mientras los nazaríes siguieron salvando la vida con dificultad, los de Heliópolis cogieron inercia y en sólo un año ya despuntaron hasta colocarse en una séptima posición que les dio el acceso a la Europa League. Todo parecía jolgorio, pero nada más lejos de la realidad. «En dos meses se ha desmoronado el trabajo de tres años», lamentó Pepe Mel unas semanas después de ser destituido. El artífice del ascenso fue una de las primeras víctimas de una barrena plana implacable. El verano de 2014 llegó tras pasar tres entrenadores (Mel, Garrido y Calderón), echar al director deportivo (Stosic) y hasta al administrador judicial, presente debido a las medidas cautelares aplicadas por la jueza Alaya desde 2010, por el proceso abierto contra el inefable Manuel Ruiz de Lopera. Hasta cambió el presidente en el lapso.

Ciclos malos

«Se menospreció la inversión en plantilla y se juntó el hecho de estar en tres competiciones», apunta Javier Carbonero, de El Desmarque en Sevilla. «Parece que a veces se repiten ciclos y ya había ocurrido que en buenos momentos del Betis, llegaban seguidas cosas así», añade.

La Segunda se ingirió mal, comenzando con Julio Velázquez –aquel del Villarreal–, un arranque irregular y mucha desazón entre la hinchada, hasta que llegó el punto de inflexión. «En noviembre entró Ollero de presidente y Merino como técnico interino», recuerda, si bien todo se consolidó con el retorno de Mel, en diciembre. Lo demás lo puso la enorme pegada de tipos como Rubén Castro y Jorge Molina.

El Levante tocó techo también cuando paseó la granota por el continente. Nadie intuía que se destaparía, meses después, un posible caso de amaño que empaparía a algunos pesos pesados y que terminó de romper una de sus fortalezas: la cohesión interna. Aún estuvo tres temporadas más con los mejores, ya sufriendo. Primero con Caparrós, que se fue al Granada; luego arrancó con Mendilibar para pasar pronto a Alcaraz. Este inició la campaña del resbalón, que completó Rubi.

Se reinventó el Levante con una nueva dirección deportiva, tras la marcha de Manolo Salvador. Con Vicente Blanco ‘Tito’ como cabeza visible, auxiliado por Carmelo del Pozo. «El club se puso a trabajar al día siguiente del descenso. Acertaron en las primeras decisiones. Ejerciendo la opción de retener a dos canteranos, Jason y Roger, que han sido los máximos goleadores», abunda José Molins, periodista que sigue al equipo en Las Provincias.

«Tenían claro de que no se juega igual en Segunda que en Primera y trajeron a un entrenador que lo había hecho bien en el Alcorcón como Muñiz», subraya. Salpimentaron bien con gente reputada en la Liga 1|2|3, «como Campaña o Natxo Insa, de lo mejor de la categoría». Con más eficacia que belleza, el pasado día 30 celebraron el ascenso, al día siguiente del descenso matemático de un Granada que alguna lección tendrá que entresacar de ellos.