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Granada CF

GRANADA CF

La intrahistoria de un descenso

Tony Adams consuela a Uche al final del partido del sábado.
Tony Adams consuela a Uche al final del partido del sábado. / D. V.
  • El proyecto chino no implicó esfuerzos económicos extras del propietario, que delegó todo lo deportivo y minusvaloró la sucesión y la herencia de Pina

Aparecieron en verano de 2015 por Málaga, con la intención de comprarle a Al-Thani el club blanquiazul. No prosperó y entonces llamaron a la puerta de Gino Pozzo en noviembre, para intensificar los contactos durante diciembre, de manera reconocida. Así se empezó a saber sobre el grupo chino que tenía detrás a John Jiang y que contaba con el padrinazgo de Pere Guardiola, rondando al Granada. En enero, empiezan a bailar las versiones. Distintos medios hablan de principio de acuerdo o incluso de venta cerrada. Pozzo niega este extremo, aunque poco a poco se vio que mentía. Quizás quedaran flecos, pero el proceso era irrefrenable. Aquellos "acuerdos comerciales", que provocaron la visita del italiano a Shanghái y su foto con los otros dos constituyeron otra evidencia.

A Quique Pina se lo llevaron los demonios. Estuvo a la espalda de la negociación, aunque tuvo que ver con sus ojos cómo Jiang y sus asesores les visitaron y repasaron cuentas. Su 'jefe', Pozzo, le siguió negando el cierre. Buscaba que no se despistara en la consecución de la permanencia. Pina empezó a apuntar a Pere Guardiola. Ni él ni Jiang midieron el cabreo del murciano, que no facilitó luego la transición, retrasando el aterrizaje y, con ello, la puesta en marcha del propio proyecto. Pagó 37 millones. No hizo ampliación de capital. Anunciaría meses después que sufragaría la ampliación de la ciudad deportiva, pero aún sigue en los trabajos arqueológicos previos, incumpliendo plazos.

Jiang delegó en Pere Guardiola la confección del organigrama. Pero el hermano del entrenador del City no se quiso visualizar como dirigente. Actuó desde la distancia, o en la sombra, como cuando Jiang visitó el Ayuntamiento. Guardiola estuvo ese día, pero discretamente.

Guardiola delegó en lugar de afrontar esta gran responsabilidad. Pudo plantearse una 'excedencia' de su agencia, Media Base Sports, para liderar de pleno, no sólo enrolando a gente de su confianza. Se limitó a sobrevolar, posicionándose en la búsqueda del entrenador sobre todo. Quería alguien con pedigrí. Fue a por Sampaoli, aunque no llegó con el argentino a ningún acuerdo, como algunos pregonaron. Enseguida cambió de objetivo y se inclinó hacia un viejo amigo suyo y de su hermano. Paco Jémez, profeta de un fútbol atractivo, pese al descalabro que había vivido con el Rayo ese curso.

Pere se presentó ya con Javier Torralbo 'Piru' en Ibiza, para convencer al técnico cordobés. Piru sólo había ejercido hacía años de director deportivo del Toledo, en Segunda B. Lo demás le radicó en la captación de jugadores nacionales para el Real Madrid. Pero fuera de allí, hace mucho frío. No tenía tablas y encima estaba obligado a reportar a de todo.

Jémez se ilusionó de primeras con lo que le esperaba en la casa nazarí. Guardiola le habló de sus contactos con los grandes conjuntos europeos para arrastrar talento extranjero. Intuyó que Piru tendría mano en la 'Casa Blanca' para atraer a algunos cedidos de postín. Por ello, ofreció una 'lista negra' cuantiosa, que rompía con parte de la columna vertebral del Granada que se acababa de salvar, de por sí debilitada al llevarse Pozzo a Peñaranda, Success y El Arabi. Encima, vendieron a Rubén Rochina.

A Piru pareció no inquietarle la salida de estos pesos pesados, ni tampoco puso cortapisas a que militaran en equipos de LaLiga. Su ensoñación era que no serían rivales directos. No podía estar más equivocado. Luego vinieron innumerables decepciones con los agentes. Pretendió mantener un criterio tajante, pero apenas tuvo llegada con los 'tiburones' del mercado.

Llegaron las prisas y la precipitación. La firma de múltiples adquisiciones a última hora. Un elenco extraño que pronto se chequeó como deficitario. Jémez, que llevaba semanas de confrontación, despistado cuando escuchó tentaciones de la Selección, pregonó su malestar y acabó provocando su despido.

Deponer al buque insignia de la aventura supuso una grieta enorme, que trataron de tapar con alguien de la casa. Nadie más osado que el granadino Lucas Alcaraz para intentar rectificar la deriva del club de su vida. Pero tampoco pudo. Siempre permaneció en descenso, esperando ir sacando puntos hasta llegar al puerto del mercado de invierno. Enero recalcó las carencias de la dirección, pese a que algunos de los llegados no han funcionado mal.

Tampoco en invierno

Fichar volvió a costar muchísimo, acusado por la situación clasificatoria, con la propiedad deslizando en privado un gran esfuerzo económico que sólo se concretó en la llegada de Adrián Ramos, por la que han de pagar unos 12 millones antes de junio, por vía del Chongqing Lifan.

Ya estaba su director deportivo, Tony Adams, por la ciudad. Al principio, de supuestas vacaciones. Espiando, en realidad. Luego, tomando alguna decisión. Después, juzgando a los ejecutivos y propiciando despidos. Primero se cargó a Piru, retratado en operaciones frustradas como la de El Zhar, con cachondeo del agente incluido. Después, Adams rompió con Alcaraz, tras su desahogo con el Valencia, en el que el granadino incluyó en el desastre a toda la estructura. Después llegó su ansiado protagonismo como técnico. Frases explosivas. Versiones edulcoradas. Las promesas mejores. Dos paisanos a prueba fuera de forma, los peores números de un debutante en el banquillo y un cierre traumático en Anoeta, con estreno de un segundo, John Metgod, para que le cubra mientras acompaña a Salvador en las decisiones futuras.

Sin duda, lo raro no es que se haya bajado a Segunda división. Lo extraño es que no llegara incluso antes. No se pudo hacer peor, aunque quién sabe. En manos de Adams está el dejar hacer y no embarrarse en lo que no domina. La Segunda es peligrosísima para los bisoños.