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Granada CF

GRANADA CF | la contracrónica

Ahora, más que nunca, ¡vamos Granada!

Ahora, más que nunca, ¡vamos Granada!
  • Siendo unánimes tanto la prensa local, como la regional y la nacional, de que la nefasta planificación de la plantilla, totalmente inadecuada para Primera, ha sido la causa de la debacle producida, es tiempo de pasar página

En Anoeta, ese estadio que fue propicio para mantener la categoría hace cuatro temporadas, con aquel gol de Recio en el descuento, o hace tres, con Ighalo igualando in extremis y consiguiendo un punto a la postre trascendente para la permanencia, o aún más, hace dos, con una rotunda victoria por tres goles a cero con tantos de El Arabi, Rober y Rochina, que fue clave en la tremenda remontada de final de liga del Granada de Sandoval, asistió el 29 de abril de 2017 a la certificación del descenso a Segunda del Granada tras un periplo de seis años en Primera, el segundo más largo en la historia rojiblanca en la Primera española. Curiosamente Real Madrid y Español visitarán como últimos equipos de Primera Los Cármenes en próximas jornadas, en una cruel repetición, aunque a la inversa, de los dos últimos partidos del anterior descenso a Segunda en la temporada 75-76.

El primer año de la era post-Pozzo, y sobre todo, post-Pina, ha resultado un fiasco monumental futbolístico cuyas causas han sido ya reseñadas y desarrolladas a lo largo de tantas jornadas de agonía del club, sumido en las últimas semanas en decisiones esperpénticas, desde la designación de Tony Adamas como primer entrenador, hasta la decisión del fichaje de John Metgod como segundo cuando sólo quedaban los últimos cuatro encuentros y las esperanzas de salvación habían desaparecido. A ello únase la propuesta hecha para que una pareja de ingleses ya retirados de la competición profesional se enrolasen en el club, uno de ellos con un perfil más propio de un veterano aficionado peñista.

Siendo unánimes tanto la prensa local, como la regional y la nacional, de que la nefasta planificación de la plantilla, totalmente inadecuada para Primera, ha sido la causa de la debacle producida, es tiempo de pasar página y, como tantas veces en su ya dilatada historia ha hecho este club, volver a levantarse para luchar por volver a la élite del fútbol español. No ha sido el Granada un equipo de periodos prolongados en ésta, quitando la fase de ochos años seguidos en Primera presididos por Cándido Gómez Álvarez a finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX, donde se llegó a acariciar la participación en competición europea una temporada. Los seis de ahora suponen la segunda fase más continuada, por lo que, repasando su historia, el equipo granadinista ha sido uno de los denominados equipos “ascensor” entre Primera y Segunda. No puede por ello tomarse este descenso como el fin del club, por más que la desazón y poso negativo que ha dejado la nefasta gestión deportiva de este año contribuya a discursos apocalípticos en horas depresivas como las que le toca vivir a la afición rojiblanca.

Hay que volver a levantar el vuelo. Pasar página sin olvidar, y confiar que los responsables económicos del club, en defensa de los intereses de sus negocios, hayan aprendido de esta lección de humildad recibida esta temporada, y que por ello, cambien el rumbo de la entidad en busca de gente con experiencia, coherencia, trabajo y profesionalidad, tanto en los despachos como sobre el césped. Es el momento de asumir responsabilidades de los muchos errores cometidos, proceder a restructurar la nave y comenzar a construir nuevamente la ilusión mediante pasos firmes para la confección de un proyecto de garantías en la Segunda española, es decir, de hacer justamente lo contrario de lo realizado esta campaña, llena de demasiado humo y deseos y escasas y paupérrimas realidades.

Del sentimiento ya se encargará la afición rojiblanca, que ha dado muestras de crecimiento y madurez en este periplo de ocho años que llevaron al club desde el pozo de la Segunda B hasta la Primera, y que ahora debe demostrar nuevamente su lealtad a unos colores no abandonando al club. Precisamente cuando los hijos queridos se encuentran más descarriados, es cuando los padres amantísimos se acercan más a ellos y cuidan de no abandonarlos a su suerte.

Los aficionados abonados, que no dueños del club, son la esencia a pesar de todo del verdadero granadinismo. El afán comparativo con proyectos de otras ciudades venidos a más después del doloroso trance de un descenso, caso de Vigo, o del vecino Betis, deben ilustrarnos sobre la capacidad de su masa social de acompañar al equipo de sus amores en los peores momentos, y recordar a su actual propietario la oportunidad que supone el primer año tras el descenso a Segunda de contar el club con una ayuda económica extra para facilitar el retorno. No se puede seguir fallando en la gestión deportiva, y hay que dar pasos firmes para que se recupere la necesaria comunión entre club y afición, perdida tras una temporada donde lo más grave no ha sido el descenso, sino como se ha formalizado.

Jiang Lizhang, ajeno a la historia del club, debe saber que el Granada ha pasado por avatares lamentables que lo llevaron al borde de la desaparición, donde el hazmerreír que ahora supone su falta de competitividad en Primera fue superado por situaciones ignominiosas que llevaron al equipo hasta la Tercera aquel verano de 2002, donde no se había competido desde la fundación de la entidad a principios de la década de los treinta del siglo XX. La nefanda gestión de este año tuvo episodios aún peores tiempo atrás, aunque ello no pueda ni deba servir como excusa para tanta ruindad futbolística como la demostrada este curso.

Miremos por tanto al frente pensando que la derrota ante la Real Sociedad y descenso confirmado a la Segunda División no es el fin de nada, sino el principio de una nueva etapa donde, tras una necesaria y profunda reflexión, debe volverse a poner como meta el retorno a Primera y, sobre todo, el empezar a conformar un proyecto sólido, serio y más apegado a la ciudad y sus aficionados que el hecho en esta última etapa en la élite, donde los dueños de los intereses económicos jamás asentaron una estructura de equipo que permitiese buscar la mejora temporada a temporada, siendo un mero escaparate de exhibición de promesas futbolísticas para su rápida y crematística venta bajo la égida de Pozo, y hasta ahora un disparate irrisorio en la actual etapa de Lizhang.

Ahora que vienen mal dadas, ahora que todo se ve negativo una vez consumado el descenso, es donde debe demostrarse que realmente se quiere redireccionar el club aprovechando y mejorando las potencialidades que ya tiene, caso de su ciudad deportiva, y conformando un plantel de garantías para el próximo año sobre el que cimentar un proyecto creíble y duradero a medio plazo. Será más importante asentar unas sólidas bases futbolísticas manejadas fundamentalmente desde el propio club y ajenas a intereses paralelos o externos al mismo para desde ahí crecer, que el retorno inmediato a la Primera. Aún mejor será si asentando un proyecto futbolístico se vuelve por la vía rápida a la élite. Para ello hay que saber de fútbol, trabajar mucho, gestionar adecuadamente los recursos y tener suerte. Confiemos que se esté ya manos a la obra para ello, como también que la afición, que necesita de realidades que le devuelvan la ilusión, esté más fuerte que nunca en torno a su equipo. Ahora, más que nunca, ¡vamos Granada!