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Héctor Hernández: Con 'cláusula del miedo' pero con pavor a lesionarse

Héctor Hernández es atendido por el fisioterapeuta Alberto Lara en el descanso del partido.
Héctor Hernández es atendido por el fisioterapeuta Alberto Lara en el descanso del partido. / RAMÓN L. PÉREZ
  • El lateral, que ha sufrido distintos problemas físicos desde su llegada, no ha terminado ninguno de los dos últimos duelos por sendas molestias, ninguna de gravedad

Un recorrido por las redes sociales de Héctor Hernández, el lateral pucelano que fichó el Granada en el mercado de invierno procedente de la Real Sociedad, delatan a un futbolista amigo de los mensajes épicos. El futbolista extiende una imagen de bravura, aunque su cuerpo aparentemente no le responde en su justa medida. Sea por los pocos minutos que disputaba con los donostiarras o por cuestiones de otra índole, el caso es que desde que aterrizó le han lastrado diversos problemas físicos. De hecho, no ha concluido los dos últimos partidos por sendas molestias. En Sevilla le afectaron en el tobillo derecho, pero llegó al partido del Málaga. En este, el dolor se desplazó a la rodilla, tras un encontronazo con Luis Muñoz.

Héctor apareció como una fulgurante novedad invernal, haciendo su debut el 6 de febrero ante Las Palmas, en la primera de una serie de victorias como locales que despertó cierto optimismo en el ambiente que rodea a los nazaríes. Salió en el último cuarto de hora. Alcaraz le reservó en Ipurúa, donde el Granada salió vapuleado, y por fin le dio la titularidad unos días después ante el Betis, en posiblemente el mejor encuentro de toda la campaña. Un 4-1 con Héctor volando por la izquierda, sirviendo asistencias.

Mermado en Butarque

Ya ese día no completó los 90 minutos por una sobrecarga en el isquiotibial. Le dio tiempo a restablecerse para ser de la partida en San Mamés y ante el Alavés en Los Cármenes. En esta cita, se volvió a retirar cojeando. Pese a que quedó diezmado, el entrenador insistió con él en Butarque. La alegría con la que se explayó en su estadio contrastó con su timidez ante el Leganés. A pesar de ello, aguantó hasta el final.

Si entrenar al máximo, no se perdió la visita del Atlético de Madrid, pero esta vez tampoco abordó la conclusión, pues de nuevo la musculatura posterior de su pierna le dio avisos. Lo que nadie esperaba es que esto derivara en una ausencia una semana después, en un crucial desplazamiento a Gijón. Ni él ni Adrián Ramos, otro de los refuerzos, abandonaron la enfermería. En El Molinón se enterraron grandes opciones para la salvación. Corrió la especulación de que podía haber forzado, pero finalmente renunció a ello.

El caso es que a la vuelta de tierras asturianas, afrontó las siguientes al margen. Con un parón de selecciones de por medio, le dio lugar a vestirse de corto ante el Barcelona, el 2 de abril. Encadenó esfuerzos en Riazor, tres días después, como extremo zurdo, aunque fue cambiado en los minutos finales, y repitió ante el Valencia, aquel domingo 9 que le costó el puesto a Alcaraz.

La era Adams la empezó entre algodones, por lo que estuvo en el banquillo ante el Celta y sólo salió en el tramo último. Luego vino lo de Sevilla y este ante el Málaga. Ahora al Granada le toca rendir visita al club propietario de sus derechos, la Real, pero él no estará. Sí tiene 'cláusula del miedo' y también pavor de recaer.