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Granada CF

granada cf | la resaca

Deriva acelerada

Deriva acelerada
/ F. R.
  • El breve balance de Adams como entrenador es paupérrimo. Su sucesor en los despachos tiene tarea, pero las cosas claras

1. El origen del mal actual del Granada parece fácil de datar pero es complicado de aislar para su análisis. No se trata de escarbar a la búsqueda de los responsables de la construcción de este proyecto deficiente, todos más que identificados en su secuencia, desde la mismísima propiedad desconocedora, a los gestores encomendados para una tarea que les vino grande. La cosa estriba en vislumbrar por qué un equipo muy irregular, con cierta dignidad en casa pero fallón en citas cruciales a domicilio, ha terminado derivando hacia esta miseria que se encadena. Ni siquiera se tapa ya en su propio estadio.

2. Los síntomas que llevan al fallo multiorgánico se acusaron en los coletazos finales de Lucas Alcaraz, pero no con la virulencia de hoy. El entrenador granadino tendrá muchos defectos para sus críticos, pero entre ellos no está la carencia de método. Tony Adams ha querido proteger, bajo su larga sonrisa y su tendencia a la desdramatización del enorme problema que maneja, a una plantilla de pusilánimes. Erraron sus padrinos en la recolecta. Se ha acelerado la debacle sin Alcaraz.

3. Los números cantan. Tres partidos, tres derrotas. Ningún gol en 28 remates acumulados. Siete dianas encajadas, de 60 intentos de los contrarios. El plantel ni siquiera abandona ya la casilla de salida. Esa a partir de la cual se empieza a exigir los valores de la competición. Los del esfuerzo ordenado. No correr por cualquier lado a destiempo, que sí hacen algunos en anarquía, sino con un sentido táctico. El público comprende con mayor claridad con este bagaje el sentido del uso de los tres centrales, muscular la media o prestar atención individual a ciertos elementos. Sin las tuercas apretadas, cualquier proyecto de futbolista se derrumba.

4. Las batallas con los rivales directos hirieron de muerte la mejoría con el granadino, sostenida en un sistema impopular, que paliaba algo la fragilidad defensiva y que potenciaba a otros activos. Nada tiene que ver, por ejemplo, lo que proporcionaba Héctor como opción en toda la zurda, con guardaespaldas en defensa, que en este momento como lateral, obligado a cuestiones farragosas que le rinden y sacan lo peor de sí mismo.

5. Cuando ese dibujo aparecía con los mejores intérpretes, que no han vuelto a ser disfrutados a la vez ni siquiera con Adams –entre lesiones y sanciones–, el Granada se impuso en partidos, con fases de solvencia, al calor de su público. Las diezmas horadaron la moral. Está siendo una lenta caída por el precipicio desde aquel sábado en Butarque.

6. Equipos grandes en su feudo, contrarios con los mismos objetivos fuera. Este fue el panorama del calendario, que atravesaron con aplomo ante el Atlético, colapsados frente al Sporting pese a adelantarse, con minutos de resistencia delante del Barcelona, más un empate que asomó como inservible en Riazor pero que en caso de haberse producido en Leganés o Gijón, la canción sonaría de otra manera en el presente. No a letanía fúnebre.

7. En Coruña, el conjunto incitó a pensar en su falta de ambición. Con el Valencia, llegó la primera rendición descarada. Nació de pronto, en un contexto de franca igualdad, con el Granada llegando ante Alves. Erró Ingason como tantas otras veces y sacó el tapón de la bañera. Sin duda, el islandés es el fichaje que define la errática política deportiva rojiblanca. Una contratación de enero, cuando se supone que se compararían cientos de informes hasta la designación en vista de la prioridad del puesto, por el que se pagó 1,5 millones, procedente de un país poco futbolero, sin experiencia apenas. Cualquier mínimo ramalazo que tuviera de porvenir lo está dilapidando a velocidad supersónica.

8. El fiasco del central ante Zaza llevó a los nazaríes al escenario inédito de toparse con la hostilidad de una afición quemada. Con 0-3 en el marcador, Ponce, que entró de revulsivo, recortó diferencias, pero luego vino su estúpida celebración, silenciando al respetable. Se desató la ira, el Valencia amplió su ventaja y los de rayas horizontales bajaron los brazos.

9. Alcaraz descargó su rabia en las postrimerías. Le depusieron y todo desembocó en esta patética fase, con Adams improvisando, profiriendo mensajes que se le vuelven en contra al minuto. No sólo no se ha instaurado la paz, sino que el escudo lleva ya tres citas arrastrándose, con un fútbol que ofende a la vista, interpretado con vaguedad o negligencia.

10. Las olas de esperanza de lo que tenga venir arreciaron con la presentación de Manolo Salvador. El hombre que tiene accionar el mecanismo de recomposición de un club cuyo primer equipo es un solar, con un porcentaje de permanencia que ha de mermarse obligatoriamente por motivos elocuentes. Muchas salidas y pocas continuidades tendrían que constituir la misión inicial de Manolo Salvador, para que el cambio llegue pronto y no se quede en la espuma. Hay tiempo de sobra.