Ideal

Granada CF

GRANADA CF

It's a joke!

It's a joke!
/ Alfredo Aguilar
  • De chiste, ridícula, espantosa, calamitosa… Sigan añadiendo adjetivos, y no a la actuación del Granada ante el Celta, que también, sino a la horrible gestión deportiva del club desde que cambió de manos en su propiedad

De chiste, ridícula, espantosa, calamitosa… Sigan añadiendo adjetivos, y no a la actuación del Granada ante el Celta, que también, sino a la horrible gestión deportiva del club desde que cambió de manos en su propiedad y, sobre todo, en las cabezas responsables de sus decisiones deportivas: una catarata de decisiones a cuál peor, propias de principiantes, tomadas por un nutrido grupo de asesores con buenos emolumentos que sencillamente están llevando al club al desastre.

La última semana ha confirmado la línea de disparates comenzada el verano pasado. El lunes se destituye a un entrenador que había sido confirmado en enero y renovado hasta junio de 2018 cuando el equipo no había dado la más mínima muestra de reacción hasta entonces, y justo tras empatar en casa con el colista, un Osasuna ya en vías de desahucio, y mostrar una penosa imagen en el Bernabéu ante el líder, con tan solo ocho puntos tras once partidos. Lo que pareció en enero un respaldo a un hombre del club ajeno a los errores de la confección de la plantilla mirando a un futuro a medio plazo, se transformó en un corte de su cabeza justo tras las primeras declaraciones rotundas de Alcaraz señalando a las claras, tras la estrepitosa derrota en casa ante el Valencia, las carencias evidentes exhibidas por el club, los técnicos y los jugadores durante toda la temporada, y exonerando sólo a la afición del desastre global. El despido vino seguido de una fulgurante contratación del técnico por parte de la federación argelina de fútbol, en una nueva demostración de que los tiempos en esta campaña han venido siempre marcados por circunstancias muy ajenas y alejadas de los verdaderos intereses del club, totalmente abandonado a su negra suerte desde el inicio por su nuevo dueño y sus consejeros.

No contentos con la situación de desgobierno imperante, la designación de Adams como entrenador vino rodeada rápidamente de manifestaciones y datos preocupantes. El nuevo técnico, que desempeñaba las funciones de responsable de la dirección deportiva del club hace ya meses, desde el despido de Piru tras la nefasta gestión de éste en el mercado de invierno -una más de sus inoperantes actuaciones desde su llegada al Granada-, demostró una falta de conocimiento digna de mejor causa cuando anunció su intención de tirar de los jugadores con contrato con el Granada para afrontar el tramo final liguero, sin reparar en el número exacto de los que realmente se encontraban en dicha situación y sus capacidades.

La situación circense se prolongó con sus declaraciones de tratar de dar una patada en el trasero a su jugadores, un golpe sobre la mesa que removiese el ánimo de los jugadores, o tras anunciar su intención de jugar al ataque pues había ya poco que perder, para luego alinear una escuadra con cuatro defensas y tres medios centros de corte defensivo para enfrentarse al equipo de suplentes con que el Celta acudió a Los Cármenes, preocupados como están los del equipo gallego por su periplo por competiciones europeas. El esperpento de comenzar con Khrin escorado a una banda confirmaba los peores augurios sobre la capacidad de conocimiento de la plantilla y de lo que se cuece en la liga de Primera española del otrora gran defensa del Arsenal, que rectificó tras encajar el primer gol hacia un esquema más coherente con Khrin por delante de los centrales y un solo punta, aunque igual de timorato y defensivo, sin conseguir jamás que su equipo se hiciese con el mando del juego en todo el encuentro. Su supuesto arreón anímico sobre la moral de la plantilla pasó inadvertido. El Granada de Adams volvió a ser el mismo equipo sin alma, sin capacidad de competir, sin arrestos, que el Granada de Alcaraz visto ante el Valencia, y la catarsis que podía esperarse quedó en puro humo.

No hay nada que hacer. La incapacidad demostrada por los dirigentes del club en que confió el nuevo dueño de la entidad está llevando a ésta al desastre deportivo esta temporada en Primera, donde van a batirse récords negativos de derrotas, goles en contra y, lo que es peor, actuaciones rayanas en el ridículo como las dos últimas tenidas ante la propia parroquia, a las que hay que unir muchas de jornadas pasadas. El hastío de la afición se demostró con la huida de buena parte de ella del propio estadio cuando tras el segundo y tercer gol en contra ante el Celta se ratificaba un nuevo descalabro y se firmaba la sentencia para un descenso ganado a pulso desde el arranque de la liga, o lo que es aún peor, con el corear jocoso de los infinitos pases que se otorgaban las hueste celtiñas sin la menor oposición de los locales en el último tercio del partido.

Nada puede salvarse de esta campaña futbolísticamente hablando. La plantilla quedará afortunadamente esquilmada con el final de la misma, no siendo éste un problema visto lo visto, sino quizá lo único bueno que pueda ocurrir al no mantener lazos de unión con tanto incapacitado futbolístico visto por estos lares, sobre todo con muchos elementos carentes de la honestidad deportiva que debe exigirse a un profesional para luchar hasta el final por defender el club que le paga sus emolumentos. Pero el problema no será montar desde la nada una plantilla nueva para una división tan complicada como la Segunda, experta en fagocitar a los recién llegados a ella desde Primera, con numerosos casos de continuidad en la caída de escuadras descendidas. El verdadero problema es que la labor de limpieza debe empezar por la dirección y el organigrama deportivos que deberán ser sustituidos si quiere reconstruirse el club. Mirar a otro lado en relación a los responsables de la nefasta gestión de los recursos de este año puede abocar a otro descenso en la próxima campaña de consecuencias impredecibles.

Esa pléyade de consejeros áulicos, de directores de numerosas secciones y departamentos, no han hecho más que agostar lo poco que se había creado y funcionaba con cierto sentido en el club tras la etapa Pozzo y bajo la dirección de Pina y Cordero, demostrando una audacia en sus desacertadas decisiones atribuible a una enorme falta de conocimientos y/o de capacidad. Por más que se pida desde la grada no van a dimitir. Al fin y al cabo todos debemos ser comprensivos con la necesidad de asegurar unos ingresos mensuales por parte de cada uno de ellos. Pero hay que empezar a pensar que el propietario de todo esto, el que arriesga con su inversión, es el responsable de actuar y pedir responsabilidades a aquéllos que han llevado su apuesta a un fracaso estrepitoso, deportivo y de imagen, que sin duda está desvalorizando el club del que es dueño.

Lo que queda de temporada se presenta como un continuo aquelarre que llevará a presenciar actuaciones esperpénticas como las dos últimas realizadas ante la propia parroquia si alguien no pone remedio, y no parece haber ahora mismo nadie capaz de ello. Una situación lamentable que conlleva una tremenda decepción para una afición que ha dado muestras de estar preparada para Primera, aguantando cinco campañas con salvaciones agónicas, pero que jamás podía pensar que se descendiera de una manera tan infame deportivamente como se está haciendo, sin la más mínima muestra de vergüenza deportiva por parte de los actores futbolísticos y con evidencias de ineptitud total de los dirigentes del club.

El modelo de Pozzo se agotó con el ascenso, cuando el mercadeo de jugadores evitó año tras otro conformar un bloque sobre el que construir un verdadero proyecto de equipo que fuese mejorando con el paso de las temporadas. Las promesas de consolidación en la categoría nunca fueron refrendadas, y se salvó el pellejo in extremis casi todas las campañas, donde se aunaron aciertos en el mercado de invierno, ágil manejo de situaciones límites por parte de Pina y una gran dosis de suerte en momentos decisivos, que por cierto ya había acompañado en la fase de ascenso para el regreso a la élite. Este año no ha habido reacción adecuada en el mercado de invierno para contrarrestar el desaguisado de la confección de la plantilla durante el verano, la capacidad de los dirigentes actuales es nula y a la suerte no se la puede llamar si no se trabaja por buscarla. Los últimos acontecimientos y decisiones tomadas mueven a la risa, pero realmente deben llevar al rechinar de dientes pensando en el futuro del club en manos de estos ineptos futbolísticos.