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Granada CF

GRANADA CF

El calvario continúa

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/ ALFREDO AGUILAR

  • El Granada cae goleado en Los Cármenes ante los suplentes del Celta de Vigo y sigue acumulando méritos para descender de manera inmediata a Segunda División

Pocas veces ha completado el Granada a lo largo de sus 86 años de historia un ridículo de tal magnitud. El equipo de Tony Adams cayó goleado ante un Celta que jugó con sus suplentes habituales por estar más pendiente de la Europa League que de LaLiga y echó, se podría decir que literalmente, a su propia afición del estadio. El duelo comenzó con algo más de 13.000 espectadores en las gradas y en los últimos minutos alrededor de la mitad permanecían en sus asientos para llamar mercenarios a sus propios jugadores o pedir la dimisión de la actual directiva.

El desastre fue de tal magnitud que hasta una buena parte de la hinchada rojiblanca llegó a corear los pases de los jugadores del Celta, que convirtieron el partido en un rondo sin fin durante las postrimerías del mismo.

Empezó el partido con un Granada lleno de cambios en la alineación. Ponce y Kravets jugaron juntos en ataque pero se entendieron poco durante un primer tiempo en el que el primer disparo con cierto peligro lo ejecutó Theo Bongonda, pero salió ligeramente desviado (m.6). El Granada no estaba cómodo en el césped ante los suplentes del club vigués pero en una salida a la contra un balón largo de Vezo permitió a Ponce plantarse completamente solo ante Sergio Álvarez. El delantero argentino no eligió la mejor opción a la hora de finalizar ya que buscó a Kravets en el segundo palo pero un defensa céltico llegó antes que el atacante ucraniano.

La defensa rojiblanca volvió a conceder demasiadas facilidades y el Celta avisó en una jugada larga que acabó con un pase filtrado a Beauvue, que disparó alto desde una buena posición en el interior del área (m.18). Sería el último aviso de los de Berizzo pues en su siguiente jugada de ataque el equipo vigués se aprovechó de la pasividad de Ingason para mover el balón en la frontal del área y enviarlo a Jozabed, que se plantó solo ante Ochoa y lo batió con una sutil vaselina (0-1). El tanto sentó como un jarro de agua fría a los jugadores de Tony Adams, que buscaron el empate con varios disparos lejanos y estuvieron cerca de conseguir el tanto que hubiera supuesto la igualada con un lanzamiento de falta escorado a la izquierda que un defensor celtiña desvió hacia su propia portería pero el esférico se acabó estampando en el lateral de la red.

En la segunda mitad, y con Kravets sustituido por lesión, al Granada le costó enchufarse y su rival aprovechó la pasividad de los jugadores rojiblancos para mover el balón con una facilidad asombrosa, la misma con la que lo movió el Valencia en el mismo césped hace exactamente una semana. Fue otra acción a balón parado lo que hizo que los jugadores rojiblancos creyesen durante unos instantes en el empate y animaran a su afición. Ingason cabeceó alto tras un saque de esquina (m.60) y Uche soltó un trallazo desde 30 metros tan solo dos minutos más tarde que el larguero se encargó de escupir (m.62). Vezo también lo intentó en un saque de esquina en el que los futbolistas del Granada pidieron mano a un Sánchez Martínez muy discutido. Sin embargo, la polémica actuación arbitral no puede tapar los defectos de un equipo que se encamina a la Segunda División por méritos propios. Marcelo Díaz, con un golazo de falta, y Beauvue, al aprovechar un rechace en el área, subieron el 0-3 al marcador en poco más de cuatro minutos y no se puede decir que incendiaran el Nuevo Los Cármenes sino más bien que apagaron la llama de la esperanza que aún quedaba en parte de la afición granadina. La grada, achicharrada por tanto despropósito a lo largo de esta temporada, dejó el estadio medio vacío mientras que el público que permaneció en el mismo no dejó de recriminar a sus jugadores el poco amor propio demostrado durante gran parte de los noventa minutos ni tampoco se contuvo a la hora de culpar a los dirigentes de la actual situación del club. En definitiva, no hubo ni resurrección ni triunfo. El camino hacia el calvario de este Granada sin alma continúa con Tony Adams en el banquillo y once jugadores de once nacionalidades distintas sobre el terreno de juego.