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Caballero del Imperio Británico para una misión casi imposible

Caballero del Imperio Británico para una misión casi imposible
  • Adams, que pilotaba la transición en la dirección deportiva a instancias del presidente, siempre negó querer ser el entrenador

Un visitante ilustre apareció por la ciudad deportiva del Granada allá por el mes de noviembre. Su efigie era conocida para cualquier futbolero, pues vistió durante 688 partidos la camiseta del Arsenal. Un reconocido internacional inglés como Tony Adams, caballero de la Orden del Imperio Británico, entre otros galardones conseguidos durante su etapa de futbolista 'gunner'. Una vida deportiva que estuvo salpicada por su grave adicción al alcohol, de la que se rehabilitó con un enorme esfuerzo, mostrando un férreo compromiso desde entonces con las personas con esta problemática. Una experiencia reflejada en su libro 'Addicted'.

En el momento en el que pisó la capital, Adams ejercía como director deportivo del Chongqing Dangdai Lifan, el otro equipo de John Jiang en su país de origen. Llegaba, según la versión oficial, para pasar unas vacaciones observando el modo de funcionar aquí. Pronto se comprobó que sus atribuciones eran mayores, al ejercer de vicepresidente de DDMC, la empresa que aglutina la inversiones futbolísticas del presidente.

Pasó a un papel visible con la destitución de Piru. Era la transición hasta encontrar otra figura al cargo. En principio no estaba en su agenda ejercer de entrenador, donde ha tenido un desarrollo modesto. Arrancó en el Wycombe Wanderers, se enroló en el Feyenoord para ejercer en varias escalas inferiores. Cogió al Utrecht ya en élite, para regresar a Inglaterra en las filas del Portsmouth, como ayudante y luego como técnico principal. Ayudó también en la selección nacional sub 19.

Emprendió un viaje a Azerbayán, para asesorar en el Qabala, al que llevó a la fase de grupos en la Europa League, un hito en aquel país. Al volver a casa, se encuadró en la base del Arsenal. En medio, sufrió unos problemas de corazón ya superados. Parecía conducirse desde entonces más a negociaciones y captación que a decisiones de pizarra. Así estaba hasta que Jiang le mandó a España para reportar. Ahora le pone al frente de una misión casi imposible. Un reto para el que la primera barrera es el idioma, aunque lo mismo algunos le entienden mejor que en castellano. Al final, entrenará. Lo quisiera o no en el fondo.