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Granada CF

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Este Granada es una ruina

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/ FOTOS: RAMÓN L. PÉREZ

  • El equipo rojiblanco pierde con el Valencia en un partido esperpéntico en el que el único goleador de los granadinos acaba siendo el jugador más criticado

El Granada parece estar condenado a descender a Segunda después de mostrar una pésima imagen en su encuentro de la jornada 31 ante el Valencia, en el que prácticamente se jugaba la vida pero en el que una vez más no rindió como debiera a nivel colectivo. Los dos goles de Zaza en los primeros 20 minutos de juego encendieron a una afición que volcó sus iras en Uche y en la directiva durante el primer tiempo y en Ezequiel Ponce en el segundo, motivado este ‘linchamiento’ popular en un gesto que el delantero argentino hizo a la grada tras marcar el único tanto del equipo granadino.

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No empezó del todo mal el encuentro para los pupilos de Lucas Alcaraz, que buscaron sorprender a Diego Alves desde fuera del área con dos lanzamientos lejanos de Carcela (m.6) y de Wakaso (m.16). El primero se marchó alto y el segundo lo tocó lo suficiente el guardameta valencianista como para que acabara estrellándose en el lateral de la red y, por tanto, convertido en córner.

Sin embargo, unos pocos segundos antes de que Wakaso intentara adelantar al Granada Zaza ya había demostrado que se había levantado con buen pie. Un disparo cruzado del internacional italiano salió rozando el poste izquierdo de Ochoa. Fue el primer y el último aviso del delantero valencianista, que dos minutos después adelantó a su equipo con un cabezazo en el área ante el que poco pudo hacer Ochoa (0-1). Ingason sí que pudo hacer algo más para impedir que el contrario rematara tan cómodamente pero el centro de Martín Montoya acabó donde pretendía el defensor catalán. El Granada podía haber reaccionado con rabia pero no fue así. Resultó sorprendente la pasividad demostrada por el equipo rojiblanco en defensa, sin que nadie impidiera que Santi Mina centrase con una asombrosa facilidad para que Zaza subiera al marcador el 0-2 en la siguiente jugada de peligro del equipo ché, dos minutos después del gol.

La afición estalló y el partido se complicó para los rojiblancos mucho más allá del 0-2 que reflejaba el marcador. Los gritos de “jugadores mercenarios” y “directiva dimisión” se convirtieron en una constante en determinados sectores de la grada, que no dudaron en culpar a ambas partes del desastre de temporada que está completando el equipo. También hubo gritos a favor de la vuelta del anterior presidente, Quique Pina, y muchos pitos hacia Uche Agbo tras su expulsión en el anterior encuentro. El Valencia convirtió el choque en un rondo en el que el Granada quedó retratado. El equipo de Voro salía al ataque con una facilidad asombrosa mientras que el Granada apenas se acercaba con peligro a los dominios de Alves. Ochoa salvó el 0-3 en una contra de manual finalizada por Zaza y Alcaraz movió el banquillo, retirando a Ingason del campo para dar entrada a un futbolista más ofensivo como Boga. Algo mejoró el equipo pero poco y tan solo Kravets tuvo una ocasión para recortar distancias antes del descanso pero su disparo cruzado se marchó fuera por muy poco.

En el intermedio Alcaraz decidió sustituir al delantero ucraniano por Ezequiel Ponce, que acabaría siendo el gran protagonista del encuentro. El argentino entró con ganas al campo y tuvo dos disparos en los dos primeros minutos de la reanudación que detuvo sin grandes alardes un atento Diego Alves. El Granada luchaba por volver a meterse en el partido pero como en anteriores duelos –y a excepción de la jornada anterior ante el Deportivo- el trabajo defensivo del equipo granadino fue un horror. Santi Mina remató en el corazón del área un centro raso de Carlos Soler desde la derecha, que llevó el 0-3 al marcador y la desesperación a la grada. Muchos aficionados abandonaron el campo y otros fueron testigos de cómo Ponce anotaba el 1-3 en el 63 de partido y mandaba a callar a la grada, gesto que sirvió para encender aún más los ánimos de la hinchada. Los gritos de “Ponce vete ya” no cesaron hasta el final del partido. La afición se pronunció como hacía tiempo que no lo hacía: aplaudiendo las intervenciones de unos entregados Ochoa y Wakaso, de lo mejorcito de la temporada, y mostrando indiferencia ante un colectivo que ha sumado 20 puntos en 31 jornadas, una cifra sencillamente catastrófica. El portero mexicano salvó el 1-4 con una doble parada en una acción que finalizó con dos disparos de Munir y Cancelo. Munir volvió a rozar el cuarto de su equipo con un disparo cruzado mientras que lo más peligroso de los rojiblancos fueron dos acciones comprometidas en el área rival que pudieron acabar en penalti, pero el colegiado Vicandi Garrido no lo entendió así. Finalmente, derrota por 1-3 y nueva decepción para una afición achicharrada, que demostró no tolerar ninguna muestra de desprecio de ninguno de los jugadores de la plantilla rojiblanca, que tantos malos momentos les ha hecho pasar esta temporada.