Ideal

Granada CF

la resaca

La disciplina es fundamental

La disciplina es fundamental
  • El entrenador no puede tolerar que el equipo actúe bajo sus propios impulsos o la bomba le estallará a él mismo en la cara

1. La apatía con la que el Granada afrontó los últimos minutos en el feudo del Deportivo es objeto de debate. Una actitud delirante, tras una exposición vulgar especialmente en ataque, que el entrenador niega que fuera consigna, por lo que le debería de preocupar aun más. Algunos habrían actuado bajo aparente desobediencia, quizás abstraídos, como si estuvieran en otro mundo y olvidaran la necesidad de ganar. De intentarlo al menos.

2. Corren tiempos tan grises para el equipo que se puede incurrir con facilidad en algo que, pese al desastre, se había evitado hasta ahora: que cada cual hiciera, decididamente, la guerra por su cuenta. Dentro y fuera del campo. Que cada futbolista trate de proteger su imagen personal, intentando no erosionarse, analizando el asunto desde el punto de vista más ventajista, escurriendo el bulto. Sería inadmisible y Lucas Alcaraz tendrá que ser capaz de combatirlo si no quiere que además del fracaso en la consecución del objetivo hacia el que se está abocando, se le arrastre a los terrenos de la veleidad.

3. O se aborta cualquier atisbo así de inmediato o se debería de dar por hundido el proyecto actual, como pasó en su momento con el Osasuna, que ‘oficializó’ su descenso desde hace ya un trecho por parte de su directiva. Así lo mismo hasta se consigue alguna victoria suelta fuera y la hinchada se resigna al menos hasta que el nuevo curso arranque. Pero en Granada todavía se plantea la resistencia. Se demostrará si la hay ante el Valencia y el Celta, ambos en su feudo, donde el dolor de la grada quizás les dé aprensión.

4. Los posibles signos de mejora se concentran en dos clásicos. Alcaraz recupera a Uche para el duelo del domingo y probablemente a Carcela. Entre los descartados para este último encuentro no se intuye el nacimiento de nuevos revulsivos. Si Ramos sigue en la enfermería, como parece, sólo queda implorar a que el calor de la grada mitigue la descoordinación ofensiva. Que por falta de insistencia no sea.

5 .Ganó el Málaga en El Molinón, por lo que ya no hay peor equipo que el Granada a domicilio, impedido para sacar pecho hasta de su primera puerta a cero de viaje, en Riazor, un campo fetiche. Llegó gracias a otro milagro de Ochoa. Esta vez no por un carrusel sucesivo de detenciones increíbles, sino por una específica y aguda en el lanzamiento de una pena máxima. De nota.

6. Los datos del mexicano ejemplifican lo que es esta escuadra depauperada, que tiene al arquero que más para de Primera división pero que es, a su vez, el más goleado de la categoría, con 62 tantos, ya que el Osasuna lleva siete más pero cambió de guardameta al fichar a Sirigu en invierno. A menos, el equipo detuvo la sangría como forastero, cimentando con cuatro atrás lo que no se protegía bien con tres centrales y dos carrileros. Vezo salió del ostracismo y lejos de su deriva asustadiza, achicó bien los espacios y se compenetró con Saunier. El problema es que tiene la ‘cláusula del miedo’ y no podrá estar el domingo.

7. Pero el problema granadino no sólo estaba en los fallos componiendo la guardia, sino en la levedad de sus guantes al aire. Desde comienzos de marzo, el Granada ha convertido a los porteros adversarios en meros espectadores. Sólo exigió mínimamente a Jan Oblak, en el choque en Los Cármenes ante el Atlético de Madrid. Escupió una falta lejana de Wakaso y se agachó para contener un golpeo manso de interior de Adrián Ramos. El bagaje restante de remates claros entre palos asoma paupérrimo y explica la barrena plana. En cinco compromisos, apenas lograron dos goles. Ingason en Gijón remachando la continuación de un córner, antes de la debacle; y el ataque fugaz de Boga ante el Barcelona. Salvas al aire y poco más.

8. Los rojiblancos perdieron el oremus desde que Ramos y Mehdi Carcela empezaron a renquear. Todos sus teloneros han sido un fracaso absoluto. Tanto los que han ocupado el ariete como los que se han esparcido por la frontera de tres cuartos han ido quedando retratados, estériles en la creación de oportunidades.

9. Nadie irrumpe con el instinto letal. El propio Boga tuvo 90 minutos en su puesto natural, la mediapunta, y quedó anulado por su continua elección equivocada de opciones. Impedido para los pases al hueco, tampoco Pereira tuvo clarividencia, fallón cuando tuvo que pasar de la combinación sencilla a la profunda. Pensar en alternativas eleva la frustración.

10. El Granada tuvo una confusa sensación de dominio en el centro del campo en algunos pasajes, pero a ratos olvidaron la brújula, faltos de un eje sobre el que gravitar con aplomo. Wakaso se enreda si tiene que ocupar un espacio concreto. El invento de Héctor como extremo, con Estupiñán en la trinchera, arrancó con visos prometedores pero acabó en el tedio, como todo. Empuje y garra no faltaron en la zona. Precisión, muchísima. Algo de magia puede regresar con Carcela, pero lo que se requiere ante todo es no perder la disciplina. Eso sí sería intolerable y corresponde al entrenador meter en cintura al que sea, si es necesario.