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Granada CF

granada cf | La contracrónica

Limitados y sin ambición

  • El Granada está demostrando no poder permanecer en Primera y, lo que es peor, no saber ni querer siquiera luchar para intentarlo

En este desquiciado devenir futbolístico del Granada por Primera en esta campaña, parece que nadie cree ya en el milagro. La actitud corporal de Lucas, su cara de circunstancias, sus decisiones y la penosa falta de ambición de su planteamiento sólo alimentan ya actitudes lamentables de desidia entre sus jugadores como las vistas en Riazor ante el Deportivo de la Coruña. El Granada captó un punto, el cuarto como visitante en lo que va de liga, el tercero con Lucas al frente tras veintitrés jornadas transcurridas. Una estadística aterradora que habla a las claras de la enfermedad crónica que padece el equipo: una absoluta falta de rumbo futbolístico, de alguna idea o propuesta aceptable de juego para un conjunto que pretende llamarse de Primera.

No caben más paños calientes. El Granada ocupa una merecidísima penúltima posición y ha sido incapaz de ganar a ninguno de sus rivales más cercanos en la tabla: ante Osasuna no se pasó del empate y gracias en casa, estando a la espera de devolver la visita a los navarros en la penúltima jornada en lo que puede ser un funeral de despedida de ambas escuadras de Primera; ante el Sporting se igualó también en Los Cármenes y se hizo cayó estrepitosamente haciendo el ridículo en una segunda parte para olvidar en El Molinón; ante el Leganés se sucumbió en los dos cruces; y ante el Dépor no se pasó de las tablas en las dos contiendas, si bien en Granada pudo perfectamente perderse si no se le hubiera hurtado un gol valido al equipo gallego. Con esas credenciales es difícil salvar el descenso, y eso que este año hay un grupo de equipos por la parte baja de la clasificación cuya calidad deja bastante que desear.

Uno de ellos es el propio Deportivo, incapaz de crearle peligro a un inane Granada en buena parte del partido disputado en Riazor, con muestras evidentes de carencias en ataque y definición que hacen pensar que su sonada victoria ante el Barça tuvo mucho de anécdota en una tarde aciaga del equipo culé. No se encuentra tampoco en su mejor momento el cuadro de Mel, que si bien vivió una fase de revulsivo con la llegada de este técnico, ahora parece atascado y lejos incluso de algunas de las buenas actuaciones futbolísticas que tuvo con el anterior técnico, Gaizka Garitano.

La primera parte fue un quiero y no puedo de ambos conjuntos, que apenas inquietaron las metas defendidas por Lux y Ochoa, meros espectadores. El Granada apostó por un sistema de cuatro defensas, cuatro centrocampistas -con dos medios-centros y dos carrileros-, y dos puntas. Estupiñán debutó en el lateral izquierdo, con una actuación aseada en la primera parte que empeoró sobremanera en la segunda. Por delante tuvo a Héctor, más preocupado en tapar la banda al lateral Juanfran que en incorporarse al ataque. En el otro carril Cuenca cuajó una actuación muy gris, que fue empeorando con el paso de los minutos.

La defensa de cuatro funcionó al menos un poco mejor que el repetido esquema de cinco, incluso cubriendo mejor sus espaldas, sobre todo con un Saunier de central izquierdo que volvió a ser de los mejor del equipo, y un Vezo que estuvo más entonado que en anteriores actuaciones. Entre ambos contuvieron bien a Andone, un delantero que está destacando esta temporada dentro del tono menor del ataque coruñés. Foulquier paró también casi siempre bien al voluntarioso pero limitado delantero coruñés Marlos Moreno. Pero fue sobre todo Guillermo Ochoa el que facilitó puntuar finalmente, con una intervención certera parando un penalti lanzado muy defectuosamente, eso sí, por Borges, que había señalado Del Cerro Grande tras una carga del novel Estupiñán a Andone, que exageró la caída en cuanto sintió el contacto en su espalda del joven ecuatoriano. El portero titular del Granada es una de las pocas buenas noticas habidas a lo largo de la temporada, siendo una pena no poder disfrutarlo con un equipo por delante suya más compacto y eficaz, lo que hubiera evitado el gran número de goles encajados por el “Memo” que, a pesar de todo, ha tenido destacadas actuaciones bajo palos.

Si la defensa al final, con la decisiva contribución de Ochoa, salvó los muebles y cumplió, del resto de la actuación del equipo y del planteamiento técnico de su entrenador sólo se puede decir que fueron, una vez más, paupérrimos. Carentes de la ambición que se exigía por estar en juego una de las últimas oportunidades, sino la definitiva, de engancharse a la liga, el técnico Alcaraz y su equipo parecieron conformarse con el empate a nada inicial, incluso con actitudes sorprendentes en los últimos minutos del partido, donde algunos jugadores parecían perder tiempo y conformarse con un resultado que alguien debió, en su ingenuidad o ineptitud, dar por bueno. Planteamiento, desarrollo y actitudes desde el banquillo y en el campo denotaron un criticable convencimiento de que ya nada hay que hacer en esta temporada. Actitudes a la postre en el límite de la falta de mínima convicción y de orgullo profesional.

El Granada no se dignó a poner en apuros a Lux. Un remate en semifallo del debutante Estupiñán a la salida de un córner muy mal defendido por la defensa local fue todo el peligro creado por los granadinistas. Ni hubo creación por parte del medio campo, con un Wakaso muy desquiciado e ido del partido sobre todo en el segundo periodo, y un Pereira que una vez más se fue diluyendo yendo a peor a medida que pasaban los minutos. Los carrileros no hicieron una sola penetración en condiciones, y de los delanteros mejor ni hablar: Kravets deambuló como alma en pena sin que nadie le asistiera, y Boga se enredó en sus continuos amagues sin concreción que han caracterizado toda su andadura durante esta campaña en Granada. Los revulsivos fueron directamente inocuos: ni Ponce mejoró a Kravets, ni Atzili hizo nada destacable en su corta estancia sobre el césped. La sola presencia de estos dos jugadores, tras el ostracismo sufrido durante muchas jornadas, denota que ya se tienen pocas esperanzas desde el actual banquillo en que haya algo posible que hacer.

Y es que la falta de ambición en la confección de la plantilla, en la solución de los males del verano con decisiones limitadas en invierno –algunas directamente demenciales como la contratación de Kone-, se ha extendido a las decisiones tomadas por el entrenador y a la actitud de muchos elementos del plantel, que además de contar con limitaciones evidentes en su calidad futbolística, vienen demostrando también una falta de compromiso impropia de cualquier jugador que al menos quiera proyectarse en una de las ligas más valoradas y vistas del mundo. Falta de calidad en la plantilla conformada y enmendada, escaso compromiso de algunos, egoísmos sin reconducción a lo largo de toda la temporada de otros, jugadores que directamente se han borrado de intentarlo, y gestión más que dudosa de los recursos desde las direcciones técnicas que han pasado por el banquillo, son las causas acumuladas que están llevando al Granada irremisible y merecidamente a Segunda.

Ni siquiera en una oportunidad pintiparada como la de Riazor, con un Dépor lleno de dudas y carente de pujanza ofensiva, el Granada fue capaz de conseguir tres puntos que hubieran sido una inyección de nueva sangre en vena a un enfermo anémico desde hace tiempo. El Granada está demostrando no poder permanecer en Primera y, lo que es peor, no saber ni querer siquiera luchar para intentarlo. Sin nadie capaz de dar un puñetazo en la mesa hace tiempo para poner a cada cual en su sitio, el conjunto de directiva, técnicos y jugadores es una acumulación de ineptitudes, fragilidades y egoísmos, lo más alejado de un grupo cohesionado. Ni directiva, ni entrenador, ni jugadores han conseguido enmendar la situación. Sería estúpido pensar que no estaba en su voluntad hacerlo, pero no han sabido. Lo que se planeó mal, ha salido peor.