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Granada CF | Contracrónica

Desenlace esperado

Jugadores de Granada y Barcelona se saludan tras el partido
Jugadores de Granada y Barcelona se saludan tras el partido / Alfredo Aguilar
  • Se cumplió lo esperado al caer el Granada derrotado ante un equipo netamente superior en todo

Sólo unos breves instantes dieron pie a la ilusión de un milagro futbolístico en Los Cármenes, cuando Boga neutralizaba la ventaja del Barça y parecía que lo impensable podía alcanzar realidad. Pero fue un espejismo. La lógica de la superioridad aplastante del Barcelona como equipo frente a un pusilánime Granada se impuso poco después, y la ineptitud de Uche hizo el resto facilitando con su autoexpulsión la goleada culé.

Una vez más la alineación de Lucas Alcaraz ofrecía un nuevo experimento, en una disposición de cinco defensas, con tres mediocentros y dos puntas. Esta vez Lombán suplió a Ingasson para acompañar a los dos centrales, Saunier y Silva, y Wakaso y Uche se acompañaron en el medio campo por Angban. El experimento, como tantos otros ensayados por el entrenador rojiblanco en esta temporada, pronto demostró que devendría en fracaso. Angban deambuló perdido toda la primera parte, desplazado hacia la izquierda y sin saber qué hacer ni donde posicionarse, muy lejos aún de lo que un jugador de Primera debe saber hacer. Su omnubilación llevó también a una actuación gris en ese primer periodo de Uche y Wakaso, y el Granada no existió más que para intentar aguantar los arreones de un Barça que jugaba a medio gas, pero que, en cuanto aceleraba, se encontraba con opciones claras para batir a Ochoa, que evitó que su equipo encajase antes el primero en varias actuaciones de mucho mérito.

De este modo, con un Barcelona que basaba todas sus expectativas en las individualidades de Neymar y en el buen hacer de Luis Suárez –una pesadilla para los centrales locales y, en especial, para Lombán-, pero que no carburaba con la finura suficiente en la definición, fueron agotándose los primeros cuarenta y cinco minutos con varias oportunidades para el equipo catalán que morían siempre en las manos del portero mexicano, sin duda el mejor de la noche por parte del Granada, a pesar del desenlace final del marcador.

Precisamente tuvo que ser en una jugada inopinada fruto de un despeje de Jordi Alba que cazó Luis Suárez donde, en la única duda mostrada por Guillermo Ochoa en todo el primer periodo, llegase, al borde del descanso, el primer gol visitante, obtenido tras resolver con calidad mediante una vaselina el uruguayo la salida a medias del cancerbero granadinista. El equipo rojiblanco no había inquietado lo más mínimo a Ter Stegen, y lo que es peor, el Granada no daba muestras de intensidad para hacer el partido complicado al Barça. La tardanza en la llegada de la primera diana culé se debió tanto a la impericia ante el marco de Ochoa de sus atacantes como a las magníficas intervenciones del portero local ante las intentonas de los mismos.

Alcaraz rectificó tras el descanso y sustituyó a un lamentable Angban por Boga. El equipo recuperaba la disposición más empleada a lo largo de la campaña, con cinco en la línea defensiva, dos medios centrados, dos carrileros y un punta. Sería precisamente Boga el que llevaría un hálito de esperanza a la afición rojiblanca cuando aprovechó un excelente servicio de Saunier, el único de los defensas centrales que por ahora ha dado muestras de reunir condiciones para competir en Primera, sobre todo en la salida del balón, donde las prestaciones de Lombán y de Silva fueron sencillamente para olvidar en la noche de ayer. Con el empate, un espíritu de remontada sobrevoló por el estadio, y Lucas decidió sacar artillería pesada con la inclusión de Ramos por un Kravets que había luchado sin parar los primeros cincuenta y cinco minutos contra Mascherano y Mathieu, pero sin fortuna y muy desasistido. Se apostaba sobre el papel por ir a por el partido, pero la realidad pronto demostraría lo quimérico del planteamiento.

Trece minutos después del empate, uno de los muchos balones donde Luis Suárez ganó la partida a Lombán, permitió al uruguayo asistir en profundidad a Alcácer para que éste fusilara a Ochoa. El segundo gol barcelonista sentó como un jarro de agua fría a los jugadores del Granada que empezaron a dar muestras de dejarse ir, como viene siendo habitual a lo largo de la temporada. Sin embargo, y a pesar de continuar las aproximaciones peligrosas visitantes con ocasiones de Rakitic y Neymar, nuevamente abortadas por Ochoa, el Barcelona no acababa de cerrar el partido, y el Granada entraba en los últimos diez minutos del encuentro a una corta distancia en el marcador que hacía pensar a algunos en que con otro golpe de fortuna podía ser posible arañar el empate.

Como a los equipos que se van condenando a lo peor a lo largo de una campaña les suele ocurrir, una sucesión de circunstancias adversas se agolparon en un breve periodo de tiempo para los jugadores granadinistas. El colegiado Jaime Latre apreció falta sobre Busquets en una presión de Wakaso –más entonado en esta segunda parte-, que le había permitido recuperar el balón y encarar solo hacia Ter Stegen. Son esas jugadas en que los colegiados ante la duda inclinan la balanza con facilidad a favor del equipo poderoso, y más aún en el caso del Barcelona, donde sus jugadores manejan con soltura la sobreactuación, consentida por los colegiados, ante cualquier envite del rival. Poco después se señalaba otra infracción en medio campo bastante discutible sobre Neymar, que prácticamente había señalado el propio brasileño con sus quejas y aspavientos tras la disputa de una pelota dividida. A Uche esta jugada le cuesta la primera amonestación por protestar al juez de línea que había marcado la falta. Casi sin solución de continuidad el nigeriano, absolutamente perdida la concentración, realiza una fuerte entrada sobre Neymar merecedora de tarjeta que el árbitro indulta, para a renglón seguido y tras un pésimo control del balón, procede a un escandaloso agarrón sobre un rival que le había robado la posesión cuando la pelota estaba en campo visitante muy lejos de la meta de su compañero Ochoa. Esta vez Latre no le perdonaría la merecidísima segunda tarjeta, y el nigeriano repetía así el despropósito ya realizado ante Osasuna, haciendo que las escasas esperanzas de alcanzar algo positivo ante el Barça quedaran esfumadas. El poco tiempo que quedaba sirvió para que el cuadro azulgrana aprovechara su superioridad consiguiendo el tercer y cuarto de los goles por mediación de Rakitic y Neymar, que pudieron verse incrementados en la última jugada del partido cuando el brasileño estrelló el esférico en el poste de la meta local. El Granada era ya por entonces un pelele en manos de su rival.

Se cumplió lo esperado al caer el Granada derrotado ante un equipo netamente superior en todo. A nadie puede extrañar la distancia demostrada entre ambos conjuntos, aunque puede que al final el marcador reflejara una diferencia que se mantuvo más corta en la mayor parte del encuentro. Pero lo realmente dramático es que se ha instalado un clima de asunción de un desenlace que se encuentra cada vez más próximo en el tiempo y que es fruto de la desastrosa planificación realizada de la temporada por los nuevos responsables del club, que ha llevado a la confección de una plantilla muy limitada en sus capacidades para competir en Primera, y con la que, dejando a un lado el irrisorio arranque de la temporada de la mano de Jémez, tampoco Lucas Alcaraz ha sido capaz de conseguir hasta ahora nada positivo tras veintidós jornadas dirigiéndola, más allá de algunas actuaciones en partidos puntuales ensombrecidas por una trayectoria mayoritariamente paupérrima. Observar como una defensa con tres centrales es continuamente rebasada con facilidad por su zona interior, o como jornada tras jornada se defienden penosamente las faltas a balón parado, o se es incapaz de hilvanar un juego fluido, son muestras de que tampoco desde la dirección del banquillo actual se ha dado con la tecla apara atemperar las carencias evidentes del plantel y aprovechar sus limitadas potencialidades.

Inexperiencia de muchos en la confección de la plantilla, ineptitud de algunos de sus integrantes para competir en Primera, falta de implicación de otros, y una mala gestión generalizada de los recursos disponibles desde el banquillo, donde no se ha conseguido formar un equipo compacto y competitivo después de muchas jornadas, son los ingredientes de un cocktail perfecto para un desenlace que, por esperado, no dejará cuando se confirme matemáticamente de suponer un mazazo para muchas ilusiones. Aun así más grave puede ser no haber aprendido de lo vivido en esta nefasta campaña, y que por parte de quien corresponda, no se tomen las medidas necesarias para depurar responsabilidades y enmendar el rumbo. No está todavía definitivamente perdida la categoría, pero hasta para los milagros hay que tener fe, y de eso muchos de los que llevan actualmente la zamarra rojiblanca horizontal no andan sobrados.