Ideal

Granada CF

Granada CF | La contracrónica

Miserere

  • Si el destino final no es otro que el esperado, sólo se debe exigir que la próxima campaña el club caiga en manos futbolísticas adecuadas

Tenía el Granada en su mano ajusticiar al Sporting tras adelantarse en El Molinón al inicio de la segunda parte. Pero los granadinistas se suicidaron en siete minutos fatídicos donde no se puede hacer peor futbolísticamente hablando. Frágiles como el que más, bastó el empate local para que el equipo se disolviera como un azucarillo, una vez más en una actuación infame fuera de casa. Nueva derrota sin paliativos con consecuencias que son aún difíciles de delimitar unas horas después de la debacle.

Ante los gijoneses el Granada se presentaba sin ninguno de los tres jugadores que han aportado desde el mercado de invierno algo de luz en el sombrío panorama de una plantilla infame. Las ausencias de Héctor, Wakaso y Ramos, hacían volver a la acción un once del Granada compuesto por las mimbres que en veinte partidos consecutivos habían conseguido una sola victoria, ante el Sevilla y en casa, en una jornada singular y excepcional, visto los visto, con el solo aporte extra de Ingason, todo voluntad pero también corto en sus aptitudes para Primera. El islandés se ha asentado como titular en el centro de la zaga más por la escasez de adecuados centrales en que se encuentra el plantel que por sus cualidades futbolísticas.

Los jugadores que había recogido Alcaraz del destrozo de inicio de temporada causado por la ineptitud de dirigentes, la osadía y decisiones demenciales de un Jémez que contribuyó sobremanera al desastre y la connivencia de una propiedad en la ignorancia y/o en la inopia, eran los que, junto con el islandés, tenían que afrontar un partido decisivo ante un equipo situado inmediatamente por detrás de los granadinistas hasta el enfrentamiento de la tarde-noche del domingo. Los locales también se presentaban con ausencias al choque a disputar, pero sin duda menos decisivas y de peso que las del equipo de Lucas.

El inicio del partido ofreció unos primeros veinte minutos donde el Granada se hizo dueño del campo y del balón, acercándose con cierto sentido al área de Mariño. Varios disparos desde fuera del área y un gol anulado a Ingason, que se apoyó innecesariamente en el defensor en un saque de esquina cuando le tenía claramente ganada la posición, permitían contemplar a un Granada que por primera vez desde hacía muchas jornada a domicilio, parecía concienciado que en la tenencia del balón y en el control del juego se cimentan las victorias. Angban y Uche sostenían el centro del campo, atrás no se pasaban apuros, y Pereira, Cuenca y Foulquier se ofrecían con asiduidad para crear juego y peligro.

Bastó una ocasión local, en un gran remate tras un córner de Babin, fantásticamente repelido por Ochoa, para que el equipo granadinista empezara a descomponerse y fuera presa fácil para los locales en lo que quedaba de primera parte. Sólo las felinas intervenciones del cancerbero mexicano impidieron que el Gijón se fuese con ventaja al descanso, evitando que en sendas ocasiones de uno contra uno se perforara su meta. A pesar de todo, el Granada pudo adelantarse antes del intermedio, pero para ello se necesitaría que Boga fuese un jugador verdaderamente de Primera: solo ante Mariño desaprovechó una magnífica asistencia de Carcela, rematando un balón de modo horripilante. El francés culminó una actuación nuevamente para olvidar en este partido en la nueva posición de punta que le otorgó Lucas, donde también naufragó de cabo a rabo. Una de las adquisiciones de cedidos vendida como una perla en ciernes por la dirección deportiva durante el verano ha demostrado que tiene su concha aún muy cerrada para las exigencias del fútbol de primer nivel.

No pudo empezar mejor la segunda parte para el Granada. En una jugada a balón parado desde la esquina, Pereira recogió el rechace de la defensa local y envió un fenomenal centro al área chica rival, donde Ingason le robó la cartera a la defensa del cuadro asturiano adelantando al Granada. Todo parecía a favor. Los idus de marzo mostraban buenos augurios para los granadinistas, pero como el vidente dijo a Julio César, aún no habían acabado.

Del minuto sesenta al sesenta y siete ocurrió el desastre. Cuando el Sporting andaba más dubitativo e indeciso, atribulado por el mazazo del gol en contra, la inanidad del Granada lo resucitó. Un pase a la espalda de la poblada pero torpísima defensa del equipo de Alcaraz propició que Burgui avanzase con suma facilidad, dada la nueva mala lectura de los cinco de atrás del Granada marcando movimientos para intentar dejar en fuera de juego a los rivales sin conseguirlo. El gol fue coser y cantar para el Sporting, aunque puede que Traoré, que recibió la asistencia de su compañero totalmente desmarcado, estuviese ligeramente adelantado en el momento del último pase.

El empate descompuso al Granada una vez más, como viene siendo habitual en sus comparecencias a domicilio. El segundo en contra no tardó en llegar, en una jugada donde la aplicación defensiva de los granadinistas fue un despropósito; tras un rechace no excesivamente afortunado de Ochoa, se permitió que Babin rematase a bocajarro ganándole la cartera a Ingason, en una simbología de la cadena de desacertadas decisiones tomadas a lo largo del curso. Edgar con el Alavés, Machís con el Leganés y Babín con el Sporting han goleado a su ex-equipo en tres dolorosas derrotas que son un retrato trágico de la descomposición del equipo de la pasada campaña –que se salvó sobre la campana, no hay que olvidarlo-, llevada a cabo por los nuevos propietarios y dirigentes, que no han dado prácticamente una a derechas desde la toma de riendas del equipo, lo que explica la situación desesperante que se vive a falta de diez jornadas para el final de la temporada.

El tercer tanto en contra vendría poco después, en una contra tras una jugada de ataque del Granada, donde la falta de capacidad de repliegue de los de Lucas dejó bien a las claras la incapacidad para competir del equipo ante cualquier rival de Primera, por limitado que éste sea. Ochoa evitaría después la vergüenza del cuarto, parando un penalti horrorosamente interpretado por Traoré, y el colegiado Estrada culminó la negra noche para los granadinistas anulando sin razón un gol a Kravets, que había salido tras la remontada local, junto a Samper y Aly Mallé, sin que nada ya fuese capaz de arreglar el desaguisado y el suicidio cometido por sus compañeros.

Este equipo no es nada sin la participación en buena forma física de Héctor, Wakaso y Ramos. Sus problemas, consecuencia de su falta de ritmo competitivo y de lo apretado del calendario en la semana de la visita a San Mamés y de la victoria en casa ante el Alavés, llevaron al desfondamiento del Granada ante el Leganés, que aun así resolvió el encuentro a su favor gracias a un error de bulto de la defensa rojiblanca. Ante el Sporting, otra de las llamadas finales ante otro rival directo, fue aún peor, pues cuando el Granada había conseguido adelantarse y tenía a su merced al Sporting, se disparó tres veces a los pies propiciando una fácil remontada local en la que ni los más optimistas seguidores del conjunto asturiano podían confiar.

Es difícil encontrar un resquicio para la esperanza. Lucas ha intentado casi todo, probado a muchos, otorgado confianza a bastantes que no le han correspondido, y ha insistido en la defensa de tres centrales, posiblemente porque conoce las debilidades de contención del equipo, pero los resultados a domicilio han sido desastrosos, con solo dos empates en Valencia y Málaga. No ha logrado insuflar alma competitiva al equipo fuera de casa, y éste se muestra muy débil mentalmente ante cualquier adversidad. Ello sin duda está en el debe del entrenador. Parece que pocos querían tomar las riendas de una nave a la deriva ya desde las primeras jornadas cuando la espantada fantásticamente pagada de Jémez, y el paso dado por Lucas es digno de su granadinismo, pero no ha conseguido enderezar el rumbo del equipo que se encamina inexorablemente al descenso. Quizá sea el menos responsable de la situación que se vive. Recibió una herencia envenenada, con demasiados incapacitados para competir en Primera entre el plantel, y con unos refuerzos en invierno que se adivinan escasos y tardíos, cuando no dudosos en su cualificación o directamente lamentables, como en el caso sangrante de Kone, una auténtica tomadura de pelo proveniente de la factoría Pozzo. Pero en el tramo decisivo donde podía forjarse la remontada de la segunda vuelta sus planteamientos no han tenido fortuna.

Algunos tras el estrépito de la derrota ante el Sporting forjada en siete minutos de ineptitud absoluta futbolística deben empezar a entonar un miserere y suplicar perdón y piedad para expurgar sus culpas reconociéndolas sin más tardanza. La sufrida afición del Granada, ejemplar en su comportamiento a lo largo de todas estas temporadas de sufrimiento en el discurrir de Primera, pero especialmente comprensiva con los suyos en esta campaña para el olvido, puede haber agotado no sólo sus escasas esperanzas de un nuevo milagro para la permanencia, sino también su paciencia para los que este año la mal representan por Primera.

Si el destino final no es otro que el esperado, sólo se debe exigir que la próxima campaña el club caiga en manos futbolísticas adecuadas, conocedoras de la competición española, que eviten errores de bulto como los acaecidos en esta nefasta temporada. Se milite donde se milite es la única manera de que un proyecto futbolístico medianamente serio y coherente pueda empezar a esbozarse, y con él que la inversión a medio plazo sea más rentable que con los continuados palos de ciego dados hasta ahora por la nueva propiedad y sus desacertados consejeros.