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GRANADA CF-CELTA DE VIGO | LA CONTRACRÓNICA
El mallorquín es ya para siempre del Granada, y su manera de hacer y ganar casa perfectamente con el espíritu de un club que todo lo consigue con esfuerzos heroicos en la agonía
12 de junio de 2011
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EDUARDO ZURITA | GRANADA.-

El fútbol es maravilloso. Alguien dijo que no era una cuestión de vida o muerte, sino algo más importante. En un solo partido se pueden suceder situaciones tan dispares y cambiantes como si se tratara de una trayectoria vital: éxitos, fracasos, ilusiones, decepciones, momentos inesperados… Si además está por medio una eliminatoria las posibilidades se disparan. La liga regular exalta la trayectoria constante, el buen hacer continuado, la exaltación de lo trabajado semana tras semana. Cuando todo se juega a doble partido en una eliminatoria de promoción, los pequeños detalles, el azar, la calidad y determinación de algunos, empiezan a ocupar un papel en muchos casos trascendental que puede superar al trabajo de todo un año.

Lo vivido el sábado 11 de junio de 2011 en Los Cármenes quedará grabado en la mente de las más de 16.000 almas que presenciaron el encuentro en directo, y de otros tantos miles que lo siguieron por la transmisión televisiva. Ni el mejor guionista de Hollywood hubiera trazado una narración más llena de emociones, vaivenes, momentos ilusionantes, intrigas, decisiones heroicas, decepciones, hasta llegar al éxtasis final del desenlace, donde los buenos –permítanme la licencia, en este caso, por supuesto los futbolistas rojiblancos- volvieron a ganar.

El Granada pasó a la final por el ascenso a Primera al más puro estilo forjado en su ya octogenaria historia. Los que conocemos a este club desde hace ya más de cuatro décadas de seguimiento continuado estamos acostumbrados a pasajes semejantes a lo ayer vivido, si bien el grado de emoción fue superado con creces con el marrado de los dos penaltis por Dani Benítez. El mallorquín es ya para siempre del Granada, y su manera de hacer y ganar casa perfectamente con el espíritu de un club que todo lo consigue con esfuerzos heroicos en la agonía. El genio de la banda izquierda amedrentó al Celta durante buena parte del partido, supo echarse a las espaldas al equipo en ataque, siempre acompañado por un cada vez más excelso Siqueira, e intentó una y otra vez las incursiones por su banda para desarbolar a los gallegos. Sólo un excéntrico como él asume otra vez la responsabilidad de lanzar un segundo penalti tras fallar el primero, y sólo alguien que atesora tanta calidad es capaza de ejecutar en la tanda de penaltis decisiva el suyo con la frialdad con que lo hizo tras dos fallos consecutivos. Con rabia remachó el balón hacia la red, aunque su definitivo descargo emocional aún estaba por llegar. No merecía la gran temporada de Benítez acabar con la eliminación de su equipo tras su doble fallo desde el punto fatídico, y los hados que siempre acompañan a los buenos futbolistas estuvieron con él, y en las manos, la cabeza y los pies de su compañero Roberto para remediar definitivamente el entuerto. Dani es ya parte del Granada y su historia, y estoy seguro que su maduración futbolística de estas dos últimas temporadas en el club le hará que nunca olvide la elástica rojiblanca horizontal y a su afición allá donde vaya. Tampoco a Fabri, cuyo abrazo emocionado al finalizar la eliminatoria era más el de un padre hacia un hijo que lo ha pasado mal que el de un mero entrenador.

La suerte del histórico parece haber virado en los últimos tiempos. Lo que antes eran grandes decepciones con llenazos en casa –como en los infaustos partidos de las liguillas de ascenso a 2ª A ante el Murcia, y a 2ª B ante Quintanar del Rey-, se han tornado en éxitos agónicos en las últimas promociones –eliminatorias de ascenso a 2ª B ante Linense y Guadalajara, y ascenso a 2ª A ante Alcorcón-. La llegada de Pina y su equipo, además de una incuestionable maestría en la confección de plantillas, parece haber hecho retornar a la diosa fortuna a Los Cármenes, convertido ya en un campo talismán. Ayer incluso el equipo tuvo dos penaltis a favor, el mismo número con que había contado durante 42 partidos de liga. La trayectoria de Pina en el Granada está suponiendo un éxito fulgurante sin precedentes en la historia del fútbol granadino, que como tuve ocasión de explicarle en la última asamblea de socios, puede no ser entendido por una sociedad y sus representantes que se regodean en el fracaso, mirando con desdén a quien arriesga, sabe de su negocio y por ello obtiene resultados brillantes, pues con su éxito muestra aún más la mediocridad de los otros.

Ayer se vivió un episodio en Los Cármenes para los anales del recuerdo futbolístico. Este Granada CF dirigido por Pina ha catalizado a toda una ciudad y una provincia. Produce verdadera satisfacción leer en los diferentes foros los ánimos llegados de muchos pueblos de la provincia, como Motril, Guadix y Baza –donde hace no mucho el histórico era vilipendiado y objeto de mofa en los enfrentamientos provinciales-, que recuperan al Granada como equipo provincial, y aún más cuando dicho aliento viene de parte de muchos aficionados malagueños, almerienses, jiennenses, gaditanos o sevillanos, deseando la vuelta de la entidad rojiblanca a la Primera División.

Aunque hoy es momento de euforia contenida, no puedo evitar reflexionar una vez más sobre la incomprensible actitud hacia el club de las instituciones públicas y la mayor parte de las entidades granadinas, bastante lejos de un apoyo mínimamente defendible. No me refiero a ayudas económicas directas, posiblemente impensables en la situación económica general en que nos encontramos, sino a la falta de esfuerzos reales para posibilitar vías de entrada de recursos extraordinarios que sólo el propio club genera potencialmente gracias al éxito de su apuesta deportiva durante sus dos últimas temporadas. ¿O es que el estadio municipal puede entenderse sin la existencia de un club representativo de la ciudad consolidado en liga profesional que asegure, como ha hecho el Granada esta temporada, el lleno cada quince días del recinto?

Una promesa más incumplida, la de gestionar la instalación de gradas supletorias para que más granadinos pudieran haber disfrutado en directo del mayor de los eventos deportivos vivido en la ciudad desde hace más de tres décadas vinculado a un club que representa a Granada, es un episodio más de la inanición en que mantienen en muchos casos a la ciudad sus más conspicuos rectores y representantes con sus actitudes y decisiones. Ayer Granada vivió el mayor acontecimiento futbolístico desde hace treinta y cinco años, cuya repercusión para la ciudad, su imagen y su economía, no tiene parangón con ningún encuentro puntual celebrado en el recinto de Los Cármenes, y aquí incluyo los de la selección nacional actual campeona del mundo. Si alguien ayer no quedó zaherido por la cantidad de camisetas rojiblancas que poblaban las gradas, por el fantástico mosaico al inicio del encuentro, por el canto del nuevo himno, por el continuado aliento de una afición entregada, por las bufandas y banderas al viento durante más de diez minutos tras concluido el encuentro, todo ello en razón de un club de fútbol que ha sido y es de Granada y para Granada, si no son capaces de leer la repercusión del encuentro en todos los medios nacionales escritos, radiofónicos o televisivos, debe ser que lo que algunos entienden por grandes eventos para la ciudad no pasan de ser grandes oportunidades para unos pocos, y que su concepto de interés general debe someterse inmediatamente a revisión.

FICHA TÉCNICA:

Granada CF: Roberto; Nyom, Íñigo López, Mainz, Siqueira (Rubén, m. 71); Mikel Rico, Abel Gómez, Collantes (Carlos Calvo, m. 67), Benítez; Orellana; e Ighalo (Óscar Pérez, m. 112).

Celta de Vigo: Yoel; Jonathan Vila, Sergio Ortega (Álex López, m. 46), Catalá, Hugo Mallo, Roberto Lago; Bustos, López Garai (Trashorras, m. 57); Michu, Iago Aspas y Dani Ábalo (De Lucas, m. 57).

Gol: 1-0, m. 21: Orellana. Tanda de penaltis: Orellana, 1-0; Trashorras, 1-1; Carlos Calvo falla (1-1); Álex López (1-2); Abel Gómez (2-2); Aspas (2-3); Benítez (3-3); De Lucas (3-4); Óscar Pérez (4-4); Michu falla (4-4); Roberto; (5-4); Catalá falla (5-4).

Árbitro: Lesma López (comité madrileño). Asistido por José Antonio Garrido y Moisés Mateo. Expulsó por doble amarilla (m. 110). Amarillas para los locales Nyom, Ighalo, Óscar Pérez, Carlos Calvo, Íñigo López y Abel Gómez; y a los visitantes Hugo Mallo, Michu, De Lucas, Iago Aspas y Bustos.

Incidencias: Partido de vuelta de la primera eliminatoria para el ascenso a Primera división, disputado en el estadio Los Cármenes, con lleno en las gradas.

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