Canal Rojiblanco

El fútbol, como en muchos otros deportes, es un mundo en el que los nombres vienen y van durante el tiempo que dura su carrera profesional sin un destino fijo, a excepción de algunos casos. Pepe Mel (Madrid, 1963) es uno de esos hombres de fútbol que, tanto de jugador como de entrenador, ha recorrido la geografía española regalando sus conocimientos y su esfuerzo sobre este deporte.
Formado en la cantera del Real Madrid, donde estuvo quince años, este madrileño dejó el club blanco para buscar un lugar en el que poder avanzar como futbolista. Normal, si tenemos en cuenta que coincidió en el club merengue con una cartera de jugadores por entonces desconocidos que luego pasó a la historia como 'la Quinta del Buitre'. Recaló en el Osasuna de Pamplona, donde nada más llegar sufrió una grave lesión que le mantuvo fuera de los terrenos de juego durante seis meses. Después pasó por el Castellón , con el que consiguió el ascenso a Primera y fue 'pichichi'. Tras su buen papel en el club levantino, el Betis se fijó en él. Aquí jugó cuatro temporadas, quizá sus mejores años como futbolista. Consiguió el ascenso a Primera con el club verdiblanco, además de repetir el trofeo al mejor goleador de Segunda. Tras cuatro años en Sevilla, donde comenzó su amor eterno a esos colores, llegó al Granada. En la temporada 93/94, un ya veterano delantero -cuando firmó por el club granadino tenía treinta años- descendió de categoría para intentar subir al equipo a la división de Plata. Como explicó él mismo cuando firmó su contrato con el conjunto rojiblanco, «desde el punto de vista deportivo, supone un reto».
Firmó un contrato por dos años en los que este «jugador de área», como le gustaba definirse a sí mismo, era un delantero sin una gran velocidad, pero con buena colocación e instinto goleador. Durante su paso por el equipo granadino dejó detalles de ese olfato e intuición que los atacantes de sus características presentan, pero la circunstancias del equipo, que no consiguió el ansiado ascenso, y su edad, contribuyeron a que su paso por el club no fuera el deseado.
Sin embargo, vivió un hecho histórico en el Granada , ya que jugó los últimos minutos de fútbol que se vieron en el desaparecido estadio Los Cármenes. No llegó a vestir las rayas rojas y blancas en las nuevas instalaciones del Zaidín.
A pesar de todo, el delantero madrileño dejó un buen recuerdo tras su paso por Granada. Era un tipo distinto, atípico en el mundo del fútbol. Se declaraba un gran amante de la lectura y de la música clásica, gustos que no abundaban entre los jugadores de la época, y que aún es más complicado encontrar en la nueva generación.
Entrenador experimentado
Antes de colgar las botas, Pepe Mel jugó sus últimos partidos en el Getafe. Una vez que decidió dejar la práctica profesional dirigió sus derroteros a sentarse en el banquillo, para aportar los conocimientos de toda una carrera a los nuevos pupilos. Empezó desde abajo, haciéndose a sí mismo como técnico, al igual que había hecho en su etapa de jugador.
El primer equipo que confió en sus servicios fue el Coslada. Desde entonces ha tenido una larga experiencia en la dirección de varios equipos, entre ellos el Real Murcia, el CD Tenerife o el Rayo Vallecano, donde estuvo cuatro temporadas muy difíciles a nivel institucional pero muy exitosas a nivel deportivo. No obstante, consiguió ascender al equipo rayista a Segunda, e incluso pelear con los mejores por volver a Primera.
Tras varios intentos, Mel ha recalado, por fin, en el club de sus amores. Como entrenador del Betis tiene ante sí su mayor reto como técnico, ya que el club verdiblanco exige el ascenso a Primera a toda costa. La presión que quizá no estuvo tan presente en otros lugares por los que pasó la encontrará duplicada en Heliópolis. Hasta el momento, el Betis está demostrando que pisa firme en Segunda, que quiere ir paso a paso para conseguir su meta. Por eso, se toma cada partido como una nueva final. Ya lo pudo comprobar el Granada en la primera jornada, cuando volvió goleado del Ruiz de Lopera.
Con una revolución institucional que aún continúa, el técnico madrileño se mantiene al margen, sin hacer ruido, pero trabajando un equipo con muchas caras nuevas y una idea de juego distinta. A tenor de los resultados, parece que las piezas del puzzle verdiblanco cada vez encajan mejor. Es un conjunto sólido, con un rigor defensivo importante y mucha pegada.
Es un gran conocedor de la categoría, sabe cómo enfrentar cada encuentro y estudia a conciencia a sus rivales, como se pudo comprobar con su presencia en Los Cármenes el pasado domingo. En definitiva, un hombre de fútbol.
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