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Unos cinco mil hinchas al borde del infarto empujaron al 'histórico' en el Palacio de Deportes La afluencia de seguidores aumentó cuando el Granada lo pasaba peor: aquí ya hay afición de Primera
24 de mayo de 2010
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CARLOS MORÁN.-

Cuando el Alcorcón marcó su gol, el mutismo del Palacio de Deportes recordaba al que reina en un quirófano en medio de una operación a vida o muerte. Nadie chistaba. Y en el inicio había más de cuatro mil personas, un taquillazo más propio de un grupo de rock and roll que de un encuentro televisado de Segunda B. Choca que el silencio pueda hacer tanto ruido. La parte buena es que ahí empezó el partido de verdad. Pintaban bastos, pero el personal no se rindió. El público sacó fuerzas de flaqueza y se conjuró para que el paciente -por seguir con el símil médico- saliera del coma y no dejara pasar de nuevo el tren de la historia (que circula muy de tarde en tarde: ríanse ustedes de los retrasos del AVE). Entre la defunción y la gloria, los nuestros apostaron por lo segundo. ¡Como debe ser!

Un detalle que reconforta y emociona: la afluencia de seguidores al recinto deportivo aumentó cuando el Granada C. F. peor lo pasaba. Al final, cuando el colegiado pitó el ansiado 'hasta aquí hemos llegado', unos cinco mil hinchas (mil más que en el arranque de la 'lidia') entonaron el 'We Are The Champions' de Queen. Si llega a durar un poco más el partido (Dios no lo quiso y nuestros corazones, constantemente al borde del infarto, se lo agradecieron), el Palacio hubiese registrado un lleno al estilo Fito y los Fitipaldis.

Encefalograma plano

El juego de los nuestros bordeaba el encefalograma plano (mucha garra y ninguna idea), pero el público no perdía la fe. Al contrario. En los últimos cinco minutos (que fueron once), nadie dudaba de que el Granada ascendería. Los despejes y los patadones a ninguna parte eran celebrados como el mejor de los regates. No podía ser y, además, era imposible: el 'histórico' estaba en Segunda A dijera lo que dijera el dichoso cronómetro. Emocionante.

Primera conclusión: por si alguien le quedaba alguna duda, aquí en Granada ya hay afición de Primera (valga la redundancia). El equipo tiene que apresurarse para estar a la altura.

Segunda conclusión: a tenor de lo que se vio ayer en el Palacio de Deportes (que fue mucho y bueno), la hinchada granadinista es joven, esperanzadoramente joven (el grueso de 'los cinco mil' no pasaba de la treintena). Aquí en Granada ya hay futuro.

Tercera conclusión: los seguidores rojiblancos tienen una víscera cardiaca a prueba de bombas. ¡Con qué alegría sufrieron! José María, Inma, Pepe, José, Raquel, Emilio, Elena, Santi, Javi, Celia etc (pongan su nombre, porque esto es de todos) siempre creyeron que era posible espantar al gafe que, un fatídico y lejano día, se posó sobre el Granada C. F. y, hasta ayer, no le dejó en paz... en la bendita paz del ascenso. «¡Sí, ahora síííííííí!», fue el alarido que anunció el inminente despegue hacia el planeta de la Segunda División del fútbol español.

Llanto

El pitido final no se escuchó. Era imposible. La multitud se abrazó, saltó, cantó... enloqueció, por decirlo pronto.

Pero también hubo cientos de hinchas -los cuarentones en adelante- que celebraron el éxito en la imposible intimidad de un recinto deportivo abarrotado de gente presa de un dulce desenfreno. Buscaron un rincón, agacharon la cabeza y sollozaron. Unos lloraron por los familiares y los amigos que no estaban allí para verlo. Y los más, de alivio y felicidad.

Luego recompusieron el gesto y corrieron hacia la calle. El Palacio de Deportes se vació en apenas quince minutos. Había mucha hambre de fiesta atrasada. La masa se desparramó por Granada entre bocinazos y cánticos. Destino: La Fuente de las Batallas. Esta vez, ni Madrid ni Barça: el 'Graná' y nada más que el 'Graná'. ¡Ya era hora!

En el horizonte, el sol se ponía rojiblanco.

¡Qué subidón!

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