Granada CF | La Contracrónica

Mirar al futuro

Mirar al futuro
ANTONIO L. JUÁREZ

Se acabaron las opciones de aspirar a luchar por el ascenso

EDUARDO ZURITAAFICIONADO DEL GRANADA CF

El Granada confirmó lo que muchos esperaban tras una nueva derrota a domicilio ante el Almería. Se acabaron las opciones de aspirar a luchar por el ascenso. La caída de brazos mostrada por los jugadores ante el Rayo en Los Cármenes el lunes pasado tuvo continuidad en una actuación para el olvido en el Estadio de los Juegos Mediterráneos, donde la actitud mínima exigible para competir brilló por su ausencia, con una indolencia que pudo hasta palparse en la propia gestualidad de los participantes en el envite por parte del Granada.

La llegada de Portugal al banquillo se suma al rosario de medidas ineficaces y desafotunadas que se han venido tomando desde el mercado de invierno, donde se despreció la oportunidad de reforzar al equipo en un acto o de prepotencia o de ignorancia, visto lo acaecido. El final de la presente temporada está siendo tan desangelado como el de la pasada que culmino con el descenso, y deberá cuidarse el nuevo inquilino de la dirección técnica del equipo en no emular al ínclito Tony Adams que cuantificó su presencia como entrenador rojiblanco en una derrota tras otra en todos los partidos que dirigió. El burgalés ha arrancado con fuerza para igualarlo, aunque no tiene tanto margen de encuentros para batir el horroroso récord del británico.

Se puede caer en una competición tan equilibrada como la Segunda División española en cualquier partido y ante cualquier rival, pero se exige que al menos se haga luchando y compitiendo, salvaguardando la dignidad profesional de los que defienden al Granada y la exigible por los que a su vez compiten con tu rival de turno, que merecen una respuesta honesta que evite adulterar la competición en su tramo fnal.

Porque los jugadores del Granada no comparecieron ante el Almería. A los vecinos les bastó esperar sus escasas oportunidades para vencer en el partido casi sin despeinarse. Los datos de posesión del balón fueron ficticios, ya que aunque el Granada aventajó a los almerienses en ello, la pelota estuvo casi siempre en poder de sus centrales y cuando avanzó lo hizo sin peligro alguno. Sólo en el descuento, y ya con los dos goles de diferencia en el marcador a favor de los locales, tuvo que intervenir el portero del Almería, un convidado de lujo a ver de cerca el discurrir de un partido que sólo tuvo sobre el terreno de juego a un equipo convencido de su necesidad de ganar, el Almería.

Y eso que la victoria hubiera acercado al Granada a sólo tres puntos de seguir luchando por intentar agarrarse a la promoción de ascenso. Pero el pseudoequipo que fueron los granadinistas en la tarde-noche del domingo jamás dio muestras de estar jugándose nada. Un auténtico insulto para toda la afición rojiblanca, aún más para los escasos fieles que les acompañaron hasta la localidad vecina.

Cerrado en falso el curso, con tres partidos por delante que se presentan como una condena vistas las prestaciones de los dos últimos, sólo queda pasar página pero sin olvidar lo ocurrido. Muchos jugadores han quedado señalados. Algunos no seguirán en el club al acabarse su contrato, o dada su condición de cedidos, pero de los que cuentan con acuerdo en vigor también se tiene que hacer una profunda reflexión, siempre que se aclare de una vez lo que se pretende para la entidad en el futuro y se empiece a tomar decisiones coherentes para ello.

Mirar al pasado no lleva más que a la melancolía. Repetir que los dos proyectos bajo el dominio económico de Jiang han acabado en fracaso deportivo estrepitoso es simplemente constatar con objetividad la realidad de los hechos: un descenso vergonzante como últimos clasificados tras una temporada nefasta en Primera en el ejercicio anterior, y un fiasco absoluto en éste en Segunda cuando se manejó una importante ventaja económica en el presupuesto de partida.

No se trata de volverse locos y hacer tabla rasa nuevamente en la plantilla. Pero alguien deberá ser responsable no ya de no haber conseguido el objetivo de ascender, pues al fin y al cabo el fútbol es un deporte espectáculo donde el azar y la fortuna juegan sus cartas, sino de dar una imagen final del equipo penosa, incapaz de competir y luchar por aprovechar sus oportunidades, con una sensación de brazos caídos que puede ser señal de males de fondo en la entidad. Al menos denota una falta de convicción en el proyecto que se refleja en un equipo sin alma y sin identidad.

Este club ha pasado por situaciones dramáticas peores que la presente. Ha estado al borde de la desaparición, de la que salió en una operación amparada por intereses externos que creó una auténtica 'burbuja futbolística' que catapultó al equipo como una exhalación de 2ª B a Primera. La ficción duró lo necesario para que la operación fuese rentable para el inversor transalpino que arriesgó su capital. La afición granadinista se mostró pasiva en la toma de las riendas del club, como demuestra la baja participación en el accionariado del mismo en el inicio del proceso descrito, y la inexistencia de apuestas sólidas para su compra una vez puesto en venta con el club en Primera.

El Granada está al albur de su nuevo dueño, también lejano a la ciudad y la entidad y sólo movido por sus legítimos intereses económicos. Un personaje ajeno al mundo del fútbol y que ha demostrado hasta la presente poco tino y menor suerte en la elección de sus asesores y al que puede que le esté pesando la compra hecha.

Aunque no son tiempos para el optimismo, es necesario ya mirar hacia el futuro y buscar esperanzas en ello. El curso próximo se presenta como decisivo para asentar un proyecto realista que sin pausa pero sin prisas aspire a una mejora sostenida en el futuro deportivo de la entidad, que debe buscar asentar una base sólida de un club alejado de aspiraciones y promesas ficticias, que aproveche las sinergias positivas de algunos logros, como un filial liberado de cargas de fondos externos y una ciudad deportiva donde trabajar adecuadamente, que conserve lo aprovechable de lo ya firmado, libere cargas inasumibles y afiance la calidad de determinados puestos buscando jugadores comprometidos para la división en que se milita. De lo contrario, si del fracaso de esta temporada no se sacan las lecciones adecuadas, el camino seguido por otros históricos, como Rácing, Mallorca o Elche, puede ser el destino inexorable que espere. Confiemos que no sea así.

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