Granada CF

Un mensaje que no cala ni en la plantilla ni en la afición

Morilla, en la sala de prensa de la ciudad deportiva del Sevilla/jJ. M. Baldomero
Morilla, en la sala de prensa de la ciudad deportiva del Sevilla / jJ. M. Baldomero

Visto lo visto, ni lo que transmite en los entrenamientos ni lo que pontifica en sala de prensa ha sido asimilado por sus futbolistas

C. Á/ R. L.

Tras empatar ante el Sevilla Atlético, como un par de semanas antes ocurrió en Lorca, a Pedro Morilla se le vio incómodo en la silla al presentarse ante los medios. Con el paso de las semanas y los malos resultados cosechados esa imagen insegura se ha multiplicado. El sevillano parece pretender no hacer daño a sus futbolistas. Protegerlos del entorno crítico para descargarlos de la presión que ya de por sí acumulan. Lo mismo que intentó Oltra. Ambos han conseguido el efecto contrario.

Los jugadores proyectan una imagen preocupante. Esa en la que se instalan los equipos que ya no pelean por ningún objetivo. Han perdido la ilusión de enfrentarse a un reto mayúsculo para el que todo el mundo les veía sobradamente preparados y que parece desbordarles. Eso dice Morilla, que habla de la «trabajar ese grado de ansiedad» porque «eso afecta en el campo. Cuando saltan al campo tienes la obligación de ganar. Hay muchos factores en la mente que condicionan. Esa ansiedad cuesta contrarrestarla», señaló en la sala de prensa de la ciudad deportiva sevillista.

Esa exigencia es la misma que tienen el resto de implicados en la pelea por el ascenso. Además, la plantilla rojiblanca cuenta con futbolistas expertos en estas lides que han competido incluso en categoría superior y por lo tanto deberían estar acostumbrados a lidiar con ella sin que afectara tanto a su rendimiento. Morilla insistió en que «en estas situaciones sí es verdad que las piernas pesan más de lo normal. La tensión acumulada es importante».

Pero lo que realmente ha sorprendido en sus comparecencias es el excesivo potencial que ha otorgado a equipos como el Lorca o el Sevilla Atlético, a los que se le puede alabar su profesionalidad y entrega a pesar de su situación –ambos están virtualmente descendidos–. Sin embargo, la forma en que el sevillano justificó la derrota en tierras murcianas y el empate del pasado domingo llaman la atención. Sobre todo por el grado de exigencia que tiene el Granada, que no se ve reflejado en el campo. «Los partidos no se pueden ganar a la tremenda. Lo hemos querido hacer desde el orden, con cabeza. Con tantas llegadas nos debemos llevar al menos un gol», insistió, sin advertir que no importa el número sino la forma de gestar esas opciones de gol.

«Enfrente teníamos a un equipo que está en Segunda división y que ha querido ganar el partido. Ellos sí es verdad que no tiraron», intentó justificar, antes de añadir que «el Sevilla lo ha puesto difícil. Hay que darle su importancia». Morilla insistió en que «hay que quedarse con lo positivo, que es que hemos sumado un punto y que tenemos una nueva final ante la Cultural». Ese mensaje conformista es el que se está trasladando al equipo, sin ambición para atacar los partidos con la actitud que requiere la situación.

Sin embargo, gente que le conoce y que sabe cómo funciona de puertas para adentro asegura que tiene mucho más carácter del que parece, y que ha echado más broncas en el vestuario de lo que lo hizo José Luis Oltra. El discurso crítico, en la intimidad.

Por lo que se puede descifrar de su trabajo en los entrenamientos y en los partidos, Morilla prefiere, cuando hay demasiados ojos mirando, delegar en sus colaboradores mientras él observa y apunta en la libreta mental para luego soltar la retahíla dentro del vestuario, donde nadie salvo los que deben escucharlo anda pendiente. Su segundo entrenador, David Tenorio, ha adquirido mucho peso en los entrenamientos, donde se le oye con más vehemencia que a su 'jefe'.

Un superviviente

Pedro Morilla llegó al Granada la temporada pasada, cuando la gestión del club estaba en otras manos. John Jiang se hizo cargo del club y confió en la gente que le había llevado a la ciudad de la Alhambra, Media Base Sports (Pere Guardiola) para llevar la gestión del mismo. En la dirección deportiva confió en Javier Torralbo 'Piru', destituido meses después, y este atrajo a su proyecto a Morilla para la secretaría técnica. Fueron compañeros como futbolistas en el Ciempozuelos, equipo al que Morilla acabó entrenando. Estaba como ojeador principal en el Real Betis cuando el Granada se interesó por él.

Llegó Manolo Salvador a la dirección deportiva. Lo hizo sin ayudantes y apostó por mantener a Morilla en el cargo pese a que pertenecía a una etapa anterior. En verano, ante el descenso y la ruptura definitiva con los jugadores del fondo de inversión, el perfil del filial varió y Morilla se atrevió a volver a los banquillos. De su mano el Granada B estaba completando un buen curso. El primer equipo es otro cantar.

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