Mediocres

En el Granada se requiere autocrítica, limpieza de lastre y realismo para abordar la próxima campaña, que aún puede ser más dura que ésta

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Ramón L. Pérez
EDUARDO ZURITA. AFICIONADO DEL GRANADAGRANADA

La liga es una competición que sitúa a cada equipo en el lugar que merece. Que el Granada aparezca a estas alturas justo en la mitad de la tabla clasificatoria, alejado de la liguilla de ascenso un punto más que la jornada anterior y con un partido menos para que todo acabe, refleja el discurrir de un plantel que ha dilapidado una aceptable primera vuelta para firmar una espantosa segunda que lo sitúa como el tercer peor equipo de la categoría durante este periodo, sólo por detrás de los desahuciados y ya descendidos Lorca y Seviila Atlético, a los que por cierto fue incapaz de vencer hace pocos partidos.

Ni el revulsivo de un nuevo entrenador, ni sus discursos motivadores previos a la disputa del partido, cambiaron nada de lo que decididamente está derivando en el peor escenario imaginable: un plantel sin alma, sin presencia en el campo, sin actitud alguna y con fundadas dudas de las aptitudes de muchos de los que lo conforman. Muchos de los jugadores que vinieron a este Granada con vitola de refuerzos de tronío para Segunda aprovechando la ventaja económica que el descenso otorgó a la entidad rojiblanca han devenido en auténticos fiascos.

Y es que ante el Rayo el actual Granada demostró a las claras que no está para intentar nada. Ni siquiera sabedor de lo que se jugaba en el envite, una última oportunidad de reengancharse a la lucha por entrar en promoción, hicieron que la imagen del equipo mejorase ni evitaron su apariencia de conjunto desnortado, desmotivado y paupérrimo. Ni intensidad, ni concentración, ni mejor posicionamiento, ni control del balón y del juego, ni nada de nada. Los vallecanos fueron mejores de cabo a rabo y sobre todo en una segunda parte donde definitivamente, ante la inocuidad de los locales, acabaron poniendo al Granada en su auténtico sitio en la tabla clasificatoria, en una tierra de nadie propia de un equipo de mediocres en su relación calidad-precio.

El fracaso de la planificación de la temporada y del objetivo planteado al inicio de ella, que no fue otro que optar al ascenso, es ya evidente. Son responsables directos los que confeccionaron la plantilla en el estío y durante el periodo invernal de refuerzos, donde uno de ellos, Huljsager, ha constituido una muestra más de los errores de bulto cometidos, incapaz el danés ni de formar parte del banquillo jornada tras jornada y entrenador tras entrenador.

Pero ha habido más fiascos entre muchos de los que han conformado el once tipo del Granada: en la portería, Varas ha restado más que sumado; en la defensa, Chico Flores lleva semanas haciendo aguas, y a él ultimamente se ha sumado un Víctor Díaz en decadencia progresiva; en el centro del campo, el sitio donde se crea el fútbol y se lleva la manija, ni Alberto Martín ni Montoro, entre otros, han consolidado una dupla de garantías para marcar el ritmo de los partidos, y Peña fue más esperanza que realidad tangible; y también en la delantera, con un Joselu que ha sido una decepción absoluta, precedido como vino de fama de goleador que lejos de confirmar se ha tornado en intrascendencia absoluta; o del afamado Adrián Ramos, igualmente precedido de un currículo que le exigía ser diferencial y que nunca ha llegado a serlo.

Ante el Rayo, un equipo dinámico, bien posicionado, sabedor de lo que hay que hacer en cada momento tanto para defender como para atacar, controlador del balón y del ritmo del encuentro, capaz de replegarse con rapidez y efectividad, y con jugadores en estado de gracia, las deficiencias de los jugadores del Granada se acentuaron, sobre todo cuando los de Míchel salieron decididos tras el descanso a apuntillar a un equipo que no había dado muestras de intensidad alguna ya en el primer periodo. Fueron dos goles y pudieron ser más, y no habría sido injusta una mayor diferencia en el marcador, visto el abismo entre un equipo preparado y concienciado para el ascenso y una banda de jugadores incapaces ni siquiera de organizarse para presentar batalla.

Las debilidades mostradas por el equipo en la etapa bajo la dirección de Oltra se han agudizado cada vez más. El Granada ha ido a peor con Morilla y también en el debut de Portugal, carente de líderes capaces de tirar del equipo. Ni siquiera los que han hecho una campaña más decente, caso de Machís y Kunde, parecen ya estar centrados. El venezolano, desde el episodio del cabezazo en el Tartiere que le supuso la expulsión y la sanción de cuatro partidos, ha entrado en una fase obscura donde casi nada le sale. El camerunés empieza a estar perdido en la media punta al no encontrarse acompañado por el resto del equipo, y ni su potencial físico le vale ya para imponerse a los rivales. Sin ellos dos en estado de gracia el equipo ha entrado en una sima de la que parece muy difícil salga en los cuatro partidos que restan de temporada.

Pensar en otra cosa que no sea la reflexión de cara a la próxima campaña parece ser ya de ingenuos o de inconscientes. No vale con decir que matemáticamente aún quedan oportunidades de entrar en liguilla de promoción. Es engañarse. El Granada ante el Rayo tiró por el desagüe la última esperanza que le quedaba para aspirar a optar por el ascenso. No hay materia prima ni está el equipo para nada. Menos mal que por otro lado es imposible complicarse la subsistencia en la división, salvado ya como está el Granada matemáticamente.

El discurso del ascenso directo suena ahora a chiste comprobado lo ocurrido. Demasiados no han dado la talla ni en la dirección deportiva del club ni tampoco sobre el césped. Se requiere autocrítica, limpieza de lastre y realismo para abordar la próxima campaña, que aún puede ser más dura que ésta, dada la complicación de la categoría y la bajada en el potencial económico que traerá la permanencia en Segunda. El dueño debe reconocer que sus consejeros áulicos, esos personajes que le han rodeado y aconsejado en materia futbolística, le han llevado por dos veces al fracaso más estrepitoso en lo deportivo en el Granada, y se entiende que también por ello, a una pérdida de rentabilidad en su inversión, tanto económica como de imagen, pues es evidente que este club vale ya mucho menos que el que compró a Pozzo. Debe recordar que el hombre es el único animal capaz de tropezar reiteradamente en la misma piedra. Y no es un proverbio chino, sino una evidencia de lo que está sucediendo con el Granada de Jiang.

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