LA CONTRACRÓNICA

Mayor munición pero sin premio

Mayor munición pero sin premio
RAMÓN L. PÉREZ

El Granada ofrece algo distinto frente al filial azulgrana que tampoco le saca del empate

JOSÉ IGNACIO CEJUDO y FOTO: RAMÓN L. PÉREZGRANADA

El pueblo pedía a Adrián Ramos y el colombiano apareció ante el pueblo. El Granada modificó su formación de inicio ante el Barça B con el objetivo de amarrar los primeros tres puntos en el campeonato y en Los Cármenes pero se marchó una vez más frustrado. Los rojiblancos lo intentaron de todas las formas posibles pero volvió a ser insuficiente, como ante el Albacete. Tampoco se logró ser claramente superior al filial en los noventa minutos, ya que por momentos zarandeó a unos locales fundidos. Habrá que seguir esperando.

Como se esperaba en la previa, Antonio Puertas ocupó el lugar de Darwin Machís gracias sobre todo a sus buenos minutos en la primera jornada y Adrián Ramos sentó a Javier Espinosa para hacer dupla con el hasta ayer muy solitario Joselu. Charlie fue el recambio en la zaga del lesionado Germán. La primera novedad en el esquema de Oltra, aparte de los nombres, fue la ubicación de Puertas, algo más ambidiestro, en banda derecha y Pedro, menos hábil con la zurda, en la izquierda. La prueba funcionó y se mantuvo ya que los extremos se entendieron bastante mejor con sus laterales; en ninguna de las dos jornadas anteriores subió tanto Víctor Díaz y Álex Martínez fue de lo mejor del equipo.

El Granada salió con las ideas claras. Joselu respondió al primer acercamiento de Galarreta, ambos tímidos. Pasado el minuto veinte, Pedro controló con maestría un balón en el área que perdió de vista Morer, entrando al extremo con tanta inocencia que el de Aspe no tuvo que hacer tanto por provocar el penalti. Joselu marcó con violencia, con la rabia de las oportunidades marradas en su primer partido del curso. Tras celebrar con el grupo mantuvo una conversación, entre risas, con Adrián Ramos.

Se vio entonces la mejor versión de los rojiblancos hasta ahora. Los de Oltra ensancharon el campo con los extremos muy fijos y los laterales muy valientes. Con Adrián Ramos al lado, la presencia de Joselu fue mucho mayor. El voluntarioso punta hizo su habitual trabajo de presión y el del colombiano también, más mermado en lo físico. Daba la impresión de que habían tenido que llegar unos chavales sin miedo a jugar con sus ideas, por el Barça B, para que el Granada se quitara el complejo y supiera qué equipo quería ser: uno al que no le importa esperar en su campo, que aguarda el error para soltar un zarpazo y que pretende llegar lo antes posible a la portería rival sin dominar más que lo justo con balón.

Montoro se lesionó antes del descanso y lo sustituyó Alberto Martín, el único mediocentro puro en el banquillo. Cuando más tranquila estaba la afición rojiblanca, olfateando ya el bocata, Galarreta regateó a Martín haciéndolo girar como Xavi en sus tiempos y soltó un misil coreano que atemorizó a Varas. Se llegó al descanso en silencio, golpeados. Heridos ante la falta de respeto, los granadinitas salieron directos a por el segundo y lo encontraron tras un pésimo centro de Víctor Díaz con la izquierda que Pedro, corriendo hacia atrás, hizo bueno ante el despiste tremendo del lateral Morer, quien pedía el fuera de juego con un rival comiéndole la espalda hacia portería. Pedro fue muy hábil para amagar y batir a Varo al primer palo. Tiene mucha clase.

El Granada había labrado su superioridad en la primera parte en la intensidad y la supremacía física y de experiencia ante los chicos insolentes. Tan físico era su fútbol que se fundió. El Barça B comenzó a dominar el centro del campo con Aleñá, inédito en el primer tiempo, al mando de las operaciones. El partido pedía a Kunde pero Oltra, criticado por su conservadurismo en Zaragoza, prefirió refrescar la delantera con el recién llegado Manaj por un agotado Ramos que mostró más implicación que aciertos.

Desajustes

El centro del campo se perdía y no se hizo nada por recuperarlo. El Barça B llegaba y llegaba y los locales se aferraban al dribbling de Pedro, siempre peligroso y más enfocado hacia la portería desde el costado zurdo. A veinte minutos del final, un envío largo de Fali plantó ante Varas a Abel Ruiz, nacido en el año 2000. El delantero todavía menor de edad se coló entre Varas y Menosse en un fallo de concentración severo y sintomático de un Granada que se perdía sobre el campo.

Hubo ocasiones para ambos de ahí al pitido final. Pudo ganar cualquiera si bien los de Oltra llegaron a estar a merced, persiguiendo el balón de un lugar a otro ante un filial más entero en lo físico. Lo intentaron con corazón y ansiedad. Siguen los rojiblancos sin mejorar sus carencias creativas pero ante el Barcelona B al menos mostró que intuye el equipo que quiere ser, a lo que quiere jugar. Es un camino.

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