GRANADA CF | LOS HÉROES DEL ASCENSO

El mago que nadie recuerda

Orellana celebra un gol ante el Celta de Vigo.
Orellana celebra un gol ante el Celta de Vigo. / G. MOLERO

Orellana fue un futbolista clave en el Granada que ascendió a Primera división. Su empeño en cerrarse en torno a sí mismo, sus frustraciones personales respecto al club y la ciudad y sus posteriores declaraciones han terminado por empañar su pasado rojiblanco hasta ser odiado

JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Un héroe de aquel ascenso del Granada acabó pasando con más pena que gloria por la ciudad. Era difícil pero lo consiguió por su carácter díscolo; un futbolista tan genial que nunca ha temido enfrentarse solo contra todos y sin razones, sin miedo a represalias. Nadie puede discutir la calidad de Fabián Ariel Orellana ni su contribución decisiva en aquella temporada mágica. Pese a todo su recuerdo se truncó, y no pocos factores han tenido que ver para que hoy se le pite en Los Cármenes con odio en cada visita.

Orellana nunca quiso ser Poeta. Jamás pensó en escribir versos. El apodo es más bien una burla, por su parecido con un famoso cómico de su Chile amado. El mediapunta firmó por el Granada en el verano de 2010 tras disputar con su selección el Mundial de Sudáfrica que también jugó Jonathan Mensah y del que España salió victoriosa. Llegó como un préstamo de Gino Pozzo desde Udinese, rebajando su categoría tras haber jugado en Primera con el Xerez. Descendió y sólo tuvo protagonismo en el último tramo de temporada, actor en esa hazaña de Gorosito que casi cristaliza.

Como rojiblanco alternó tardes de gloria futbolística, de casi salir a hombros, con otras más aciagas que cerraba en el vestuario antes de tiempo tras ver la cartulina roja. Exhibió su talento con los pies y también su lengua larga e incontrolable, que todavía hoy le pasa factura con la treintena rebasada.

Con Fabri tuvo una relación casi paternalista. El gallego intentó controlarlo como un padre hace con un hijo, pese a la tensión por sus indisciplinas. El chileno se movió entre la banda derecha y la mediapunta, variando su plaza según la titularidad o no de Collantes y la posición más o menos adelantada de Abel Gómez. Siempre aportó ingenio y también supo ser determinante, con goles como aquel en plancha al Celta de Vigo que luego sería su equipo.

Su rol no le valió la renovación de su cesión. Acabó en Galicia también cedido y de nuevo en Segunda, volviendo a ascender con un gran protagonismo personal. Tampoco convenció a la dirección celeste para ejecutar su compra por tres millones y volvió con disgusto a Granada al amparo de Anquela, que intentó darle cariño y galones.

Vuelta a Vigo

Aquello no funcionó. El Granada fue a la deriva, Lucas Alcaraz relevó al técnico de Linares y los fichajes de Nolito y Buonanotte facilitaron la salida de Orellana al Celta esta vez sí traspasado por 1.2 millones. Lo celebró con gusto, afirmando que nunca quiso volver a Granada.

No aportó tanto en su regreso y de hecho Luis Enrique lo descartaría meses más tarde. Con sorpresa tuvo tesón y se ganó un sitio no sólo en aquel equipo sino en una etapa preciosa para el club. Ha destacado por su brillantez en un equipo excelente e incluso se ganó ser convocado por Chile pese a su enemistad con Sampaoli.

Un encontronazo con Berizzo en enero provocó que saliera cedido con opción de compra obligatoria a Valencia, donde su efecto se fue difuminando. Orellana sigue siendo un niño que se niega a ser futbolista, ni en lo mental ni en lo físico. Es el mejor con peor cuerpo. No aprende de sus errores. Nunca quiso llevarse bien con afición ni prensa. Sus mayores preocupaciones son aún el balón, y él mismo.

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