Una leyenda de sangre fría

Odion Ighalo saca el capote en el Martínez Valero tras el ascenso./ALFREDO AGUILAR
Odion Ighalo saca el capote en el Martínez Valero tras el ascenso. / ALFREDO AGUILAR

Odion Ighalo ha protagonizado los momentos más brillantes del Granada en la última década. Sus goles destacaron más por decisivos que por abundantes: como reservados en un cajón a la espera del momento estelar, aquel que decidiría el futuro del club si el nigeriano acertaba

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Sus recortes en el área y su infinita calma acompasaron los latidos rojiblancos durante cuatro temporadas y media. Odion Ighalo siempre estaba, incluso cuando parecía que no respiraba; la Leyenda aguardaba el momento para escribir otra página en la historia del Granada. Los Cármenes, el Martínez Valero o Anoeta son algunos escenarios de sus milagros. En Elche dejó el tanto que dio el ascenso a Primera: «Sigue todavía en mi cabeza, tengo los vídeos. Cuando estoy nervioso o enfadado veo ese gol y vuelvo a estar contento. Es el gol de mi vida». Lo asegura desde China.

Ighalo llegó a Segunda B desde Udinese. A su llegada al aeropuerto de Granada lo recibió Javier Jiménez, hijo del exvicepresidente del club. Este se convirtió en su traductor y en un hermano al acogerlo en su familia.

Aquel primer curso Ighalo formó pareja con Tariq y coronaron la campaña en Alcorcón. Granada ya era «su casa» pero al curso siguiente marchó cedido al Cesena de Serie A, donde apenas jugó. Pidió de vuelta la rojiblanca como regalo de Navidad y ya sin Tariq vivió a la sombra del enrachado Geijo. Fue usado de refresco y no tuvo un gran protagonismo hasta el tramo final en el que el hispanosuizo fue torturado por su hombro. Se abría un momento para la Leyenda.

«Fue un año maravilloso en mi carrera y en la ciudad. Conseguimos subir al equipo a Primera después de 35 años, lo que es fantástico. Todavía recuerdo muchas cosas. Geijo estaba jugando muchos partidos. Contra el Elche él tenía una lesión y Dios quiso que yo jugase ese partido. Estaba esperando ese momento. Cuando me dijeron que jugaría en mi cabeza sólo estaba llevar al equipo a Primera división», explica el nigeriano. «No lo voy a olvidar en toda mi vida y se lo contaré a mi hijo cuando crezca», apostilla muy orgulloso.

De Inglaterra a China

Ighalo siempre llegó a final de mercado los años siguientes. «Tenía contrato con Udinese y había que cerrar un acuerdo, pero mi corazón siempre estaba en Granada. Alguna vez tuve ofertas de otros equipos españoles, pero si no iba al Granada no quería volver a España», asevera.

De ahí que en 2014 marchara cedido al Watford de Championship con el reto de volver a la Premier. En Londres ha jugado dos años y medio brillando con luz propia en esas dos primeras campañas, con un ascenso y un gran reestreno en la competición. «Siempre tuve el sueño de jugar en la Premier y cuando fui ya sabía que habría un buen equipo para subir, Gino (Pozzo) es un tío inteligente», afirma. Marcó más de treinta goles de amarillo, rechazó una oferta del Hebei chino y le rechazaron otras de equipos ingleses más poderosos. El año pasado Mazzarri le puso en banda izquierda e Ighalo exigió salir. Le cerraron las puertas del WBA y del Crystal Palace ingleses y terminó aceptando ir a China al Changchun Yatai. Está «contento» aunque esté «jugando regular» todavía. «El equipo está empezando a ganar partidos y a subir poco a poco en la clasificación», dice mientras afirma que se está «acostumbrando». Este fin de semana, hizo un golazo, parecido al de Elche. Casi llora con el descenso ante la Real Sociedad. «Si tengo oportunidad de volver abriría mi mano porque sigue en mi corazón», confiesa.

Fotos

Vídeos