Granada CF

La jugada más solidaria de Odion Ighalo

Ighalo posa bajo de la escultura que lo recrea celebrando un gol./O. I.
Ighalo posa bajo de la escultura que lo recrea celebrando un gol. / O. I.

El exdelantero del Granada ha financiado un orfanato con el que aspira a que los niños de Lagos «tengan una vida tranquila»

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGRANADA

El delantero Odion Ighalo, aquel mismo que hizo temblar los cimientos del estadio Nuevo Los Cármenes e incluso se ganó el apelativo de 'La Leyenda' por todo cuando representó en los ascensos de Alcorcón y Elche, ha convertido en jugada uno de los «sueños de mi vida». Ese de carácter solidario que le permite conciliar este presente en el que «tengo la tranquilidad de poder mantener bien a mi familia» con el pasado en precario que lo retrotrae a «las calles» en las que se crió y la pobreza trascendía en que «los niños siempre estuvieran llorando». Y es que después de «tres años» en los que «el proyecto fue muy poco a poco», este sábado 16 de diciembre pudo vestir sus mejores galas para proceder a la inauguración de «una ilusión». De una obra solidaria que «siempre tuve en mi cabeza». Y es que una vez realizados «muchos esfuerzos» el coqueto orfanato que lleva su nombre pudo ser estrenado y de este modo creció de manera significada la tan limitada dotación social de Ijegun: uno de los pueblos en los que se manifiesta en mayor medida la indigencia reinante en el nigeriano estado de Lagos al que el propio jugador pertenece. Así, «cuarenta menores» podrán gozar de «las oportunidades» que en el futuro le permitirán optar a «una vida próspera y cómoda» como la que «yo tuve la suerte de encontrar». Pero sobre todo, así se reivindica la grandeza de la figura del africano, pues aparte de haber demostrado que es un excepcional futbolista el ex del Granada CF confirma que también se trata de un ser humano fraternal, comprometido y sobre todo, muy generoso, ya que este «anhelo» nació de su propio bolsillo.

Odion Ighalo, el «menor de siete hermanos» criados en el seno de una familia «muy pobre» pero que «por fortuna» comía «tres veces al día», nunca olvidó la escasez que gobernaba las vidas de aquellos chiquillos que como él se valían de frutas podridas para crear una especie de balón tras el que corretear «por los descampados de Ajengule», uno de los barrios más castigados de Lagos. Admite que en la actualidad «tengo lo que quiero», pero no olvida que «antes de ser como ahora, como me ha permitido mi carrera, yo era igual que mis paisanos».

Y eso, que incluso le supuso conocer en primera persona «lo que es no tener nada», comenzó promoviendo su inquietud. Alimentando la caridad que promulgan sus profundas convicciones religiosas. «Mientras jugaba al fútbol con mis amigos pensaba que cuando yo fuera grande iba a crear un orfanato para ayudar a la gente. Desde entonces, ya tenía en mi corazón ese deseo», dice quien «gracias a Dios» le ha podido dar cumplimiento. Porque el hecho de que «me guste ayudar a las personas pobres», y de que efectivamente lo viniera haciendo «desde que soy profesional», trascendió inicialmente «en la compra de unos terrenos». Y posteriormente, en la construcción de un asilo de huérfanos al que no le falta detalle. Ni 'clientes'.

«Ahora tengo lo que quiero, pero antes era tan pobre como ellos», recuerda el nigeriano

«Por desgracia, en Nigeria hay muchos padres que dejan a sus niños en la calle porque no pueden cuidarlos. Y nosotros queremos hacerlo hasta que sean grandes» en este centro en el que «hay dormitorios separados para niñas y niños, una zona de recreo, comedor y una pequeña clínica», dice el atacante con la sensación de tenerlo todo bajo control. Y es que en las proximidades del 'Ighalo Orphanage Home' hay «un colegio y un hospital» y eso permitirá disfrutar de mayores comodidades a los chavales que «nos va a proporcionar el gobierno de Lagos». Y que quedarán bajo la asistencia «de siete empleados» entre los que se encuentran «tutores, cocineros, limpiadores o efectivos de seguridad». En definitiva, un amplio personal que también corre a su cuenta y que en el futuro quisiera ampliar con «otros cuatro trabajadores más».

Confianza

«Soy consciente de que de diez personas sólo una puede hacer lo que yo. Por eso, esto lo he pagado con mi dinero, sin ayuda de nadie. Pero es difícil que pueda ponerlo todo durante el resto de mi vida, porque también tengo familia. Así que voy a llamar a muchos conocidos y compañeros para darle publicidad al orfanato. Y también para ver si quieren colaborar. Si la gente desea ayudar, ahora es el momento. Tengo mucha confianza en que lo harán», afirma quien ha

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