Granada CF

Un Granada que hace patrimonio

Javi Varas, durante un entrenamiento con el Granada.
Javi Varas, durante un entrenamiento con el Granada. / FERMÍN RODRÍGUEZ

El club encara la temporada con un cambio radical en su gestión deportiva frente a campañas anteriores

GABRIEL S. CARACUELGranada

Una nueva etapa se cierne sobre el Granada CF. Y no únicamente por la debacle del descenso, lo que condiciona al proyecto en sus vicisitudes económicas, si no por la filosofía que ahora se implementa en la gestión deportiva, de carácter marcado y que contrasta con las anteriores etapas, de apetencias muy diferentes.

Es innegable que las continuas variaciones en el organigrama del club, desde el último cambio de propietario hasta las posteriores decisiones en el modelo de gestión, han pasado factura y tienen que ver directamente con que el equipo juegue este año en Segunda división. Entre esas determinaciones nunca apareció con suficiente rigor y solidez el concepto de un Granada para el Granada, es decir, una previsión deportiva con perspectiva de futuro. A lo largo del último año natural, han sido tres los directores deportivos que han pasado por las oficinas de Los Cármenes, cada uno con un proyecto de diferentes ejecuciones.

El primer aludido respecto al marco temporal planteado es Juan Carlos Cordero. El murciano aterrizó en la ciudad en 2009, bajo el mandato de Quique Pina pero con Gino Pozzo como impulsor económico. El italiano diseña una arquitectura financiera que le permite el control de varios jugadores de la plantilla mediante el uso de fondos de inversión. Aunque en su ficha ponga que federativamente son del Granada, a efectos económicos el beneficio futuro de una venta es para su bolsillo directo. El club paga el sueldo y disfruta de su rendimiento, si existe.

Tras siete años en la entidad, y con varias insignias gloriosas como los dos ascensos consecutivos y las cinco salvaciones en Primera, Cordero se despidió el verano pasado del club que más le vio crecer en su apartado profesional. La venta del Granada al inversor extranjero John Jiang precipitó la salida de una directiva que ya había calado en la sociedad granadinista.

La configuración de la plantilla pasó a manos del nuevo director deportivo, Javier Torralbo 'Piru', que tuvo que conjugar las dificultades de su cargo a los gustos específicos de Paco Jémez, el seleccionado por entonces para encabezar el nuevo Granada. Todo unido a la particular estructura de la herencia Pozzo. Ese brebaje, junto a su nula experiencia, gestó un modelo que no acabó por convencer y que fue duramente criticado por los aficionados, hasta el día de su cese el 20 de febrero, cuando el asunto de la permanencia ya no tenía demasiado retorno.

Aquel verano de 2016 se encontró a una plantilla con diversas situaciones contractuales; en total 29 fichas, entre cedidos y activos propios del club. De esa cantidad total, 15 eran en propiedad pura. Con el resto había cesiones y vinculados a Pozzo. Muchos de los de patrimonio eran símbolos, como Fran Rico, Babin, Mainz o Rochina. Hubo otros que, siendo primerizos en la andadura del equipo, lograron asimismo un hueco en el corazón de los seguidores rojiblancos, como Ricardo Costa. Se trataba de un conglomerado que abanderaba con orgullo el escudo de su pecho, a pesar de que sufriera (ver tabla adjunta de Cordero).

Piru y el cambio de concepto

La permanencia se alcanzó en el último envite, y tras ella la retahíla de la reestructuración interna ilusionó a una parroquia nazarí que se atiborró con el concepto de 'EuroGranada'. Craso error por parte de una cúpula que aún se ataviaba tras las bambalinas.

La labor de Piru se criticó desde el primer momento, cuando se permitió la marcha de todos los emblemas bajo justificación de un nuevo modelo de juego de Jémez, que por entonces era el ornamento principal de la nueva temporada. La maquinaria arrancó con retraso y desconocimiento, otorgándosele la batuta a un entrenador caro que se borró demasiado temprano. Como consecuencia, la temporada comenzó sin muchas de las contrataciones que luego se convertirían en lo poco salvable (ver tabla a 31 de agosto de 2016).

El concepto de conformar un patrimonio propio y sin dependencia no estuvo en la lista de prioridades. Las incorporaciones se realizaron casi en su totalidad bajo régimen de cesión y por una temporada, lo que arrojó dudas sobre su compromiso, muchos de ellos muy jóvenes y sin experiencia en la élite, lo que suponía un riesgo que se hizo real de la manera más funesta. Solo se fichó en propiedad a Tito, Saunier, Atzili y Carcela. A día de hoy, salvo Saunier, ninguno está ya en Granada -Carcela está cedido- y resultaron una decepción mayúscula, bien fuese por cuestión de compromiso en el caso del belga-marroquí o por incapacidad en los casos del lateral madrileño y del extremo israelí. La primera vuelta se encaró con 25 profesionales, -Luis Martins y Sergi Guardiola se quedaron sin ficha-, de los que diez eran en propiedad pura. La impotencia de la entidad sobre el control de sus activos se redujo por ende.

En invierno (ver tabla a 31 de enero de 2017), la situación se agravó en tal sentido. Salieron Márquez y Oier, ambos del club, lo que gestó una plantilla que prácticamente no gozaba de fichas en propiedad: ocho, sin contar a Foulquier. Para más inri, no eran jugadores determinantes, ya que Lombán, Atzili y Krhin acabaron sumidos en el ostracismo más absoluto; Rui Silva no disputó minutos en la portería; Saunier se rompió en la recta final del campeonato e Ingason no dió la talla a pesar de disputar los últimos partidos. Sólo Cuenca y Carcela demostraron atisbos de su calidad a lo largo de la temporada, aunque este último fuese borrado por Adams en los últimos encuentros, con el descenso ya consumado.

El reinicio, esperanzador

El retroceso de categoría exigía un nuevo modelo de gestión que implementase bases esperanzadoras; una identidad férrea que remase en conjunto para pelear por el ascenso. Manolo Salvador captó desde su llegada esa carencia a solventar, y actuó veloz y firme, referenciando su trabajo en el Levante. La filosofía de su labor contrasta con las etapas anteriormente citadas. Ahora sí se conforma un Granada con vistas de presente y futuro.

Las incorporaciones se han llevado a cabo casi en su totalidad antes de la pretemporada, bajo compromisos de larga duración, y aprovechando la carta de libertad de gran parte de los profesionales. Se han pagado, de momento, pequeñas cantidades por Menosse y Germán, así como por una de las dos cesiones del conjunto, el vasco Iriondo.

Las previsiones invitan al optimismo: son jugadores en su mayoría españoles, que conocen la categoría y de contrastada calidad en varios casos. 16 de los 21 activos que por el momento cuenta el primero equipo pertenecen al Granada. Se trata de un punto de inflexión en las circunstancias del club, que precisa de mayor autonomía y control sobre la plantilla, más aún en una tesitura donde la única senda del ascenso se basa en la creencia colectiva y la vigencia patrimonial del capital humano con el que se cuenta.

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