Un goleador de puntualidad suiza

Alexandre Geijo, en un partido con el Granada ante el Numancia./ALFREDO AGUILAR
Alexandre Geijo, en un partido con el Granada ante el Numancia. / ALFREDO AGUILAR

Alexandre Geijo alcanzó la precisión de un reloj de su país natal en aquella campaña del ascenso a Primera. 24 goles sumó durante la temporada, cima de su carrera, aunque una lesión en el hombro le privó de ser el héroe en aquellas eliminatorias, sufriendo en el Martínez Valero

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELAS

Cuando Ighalo consuma su mítico tanto en el estadio Martínez Valero de Elche, la realización pincha, durante la celebración, un plano del banquillo del Granada en pleno éxtasis. Uno de los suplentes es un tipo espigado, que agita los brazos con energía. Hasta el derecho, aquel que tenía diezmado en la articulación que le une al tronco, por una seria lesión que le había relegado del protagonismo en aquel verde ilicitano. Alexandre Geijo se convirtió en el emperador del gol en aquella provechosa temporada en Segunda división. Alcanzó las 24 dianas, la cima de su carrera, incluido un maravilloso 'póker' con el Barça B en Los Cármenes. Pero su hombro se luxó en un golpe, a pocos escalones de la ronda final, y todo cambió desde entonces. Las cosas no le fueron tan bien como le habría gustado, ni siquiera en Primera división.

«Pese a todo, no hay ningún regusto agridulce. Fue un año dulcísimo. La lesión me quitó la guinda, porque me encontraba perfecto, pero la felicidad era total pese a todo», abunda. El ansia de regresar pronto a los terrenos le indujo a seguir un tratamiento equivocado. El golpe se lo llevó en mayo y pasó por el quirófano para insertarse una placa. Gracias a ello, llegó a disputar algunos minutos en Elche, pero esta precipitación resultó contraproducente.

«No tomo la mejor decisión para mi recuperación, sino que decido seguir un proceso que me permitiera estar en el campo lo antes posible. En la pretemporada fuerzo un poco cuando todavía no estaba en pleno y nos equivocamos. Tenía que haber parado y estar en plenas condiciones», se lamenta. Luego no tuvo tantas oportunidades en Primera como le habría gustado, especialmente tras la salida de Fabri y la llegada de Abel Resino al vestuario.

El trago ya pasó y Geijo se radica en lo mejor de su ciclo como nazarí. «Éramos un equipo intratable sobre todo en casa. Teníamos que habernos llevado a nuestro público por todos los campos y se habría ascendido en enero», bromea. «Aparte de llenarse, Los Cármenes era un lugar de ilusión, con la sensación de que todo se podía hacer», se alegra.

Geijo pasó por los tres 'satélites' de los Pozzo. En realidad estaba firmado por el Udinese, al que retornaría años después, aunque tras vestir la rojiblanca probó en el Watford, aún en Championship (Segunda). «Volví al Udinese y sabía que no iba a jugar mucho. Decidimos rescindir contrato y apareció el Brescia. Hicimos una buena temporada. Tras ello, me fui al Venecia, con un proyecto nuevo, que había comprado unos americanos», detalla. Hace unas semanas celebró el salto a la Serie B, otra consecución más para su currículo. «No me puedo quejar de lo vivido en el fútbol. Te da cosas increíbles», valora.

«Aquel Granada tenía que ascender, tenía jugadores muy buenos», recalca, señalando que un crack actual como Muriel no iba ni convocado, «a pesar de que se le veía la calidad en los entrenamientos». Para Geijo, la afición ha de relativizar el fracaso acaecido y ser consciente de su relevancia para retornar. «Cuando lo hicimos nosotros, gran parte lo lograron los seguidores, con lo que nos hacían sentir. Ahora hay que asumir que el fútbol tiene baches. Se ha estado seis temporadas en Primera, cuando se llevaba 35 sin estar. No pasa nada. Hay que cambiar el chip y mejorar», sugiere.

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