GRANADA CF | LOS HÉROES DEL ASCENSO

Un extremo para una ciudad

Dani Benítez celebra un gol colocándose la nariz de payaso./ALFREDO AGUILAR
Dani Benítez celebra un gol colocándose la nariz de payaso. / ALFREDO AGUILAR

Dani Benítez fue más que un futbolista en Granada. Se demuestra por lo presente que sigue entre los aficionados. Es quizás el último gran ídolo de la hinchada. El cohete zurdo que celebraba con una nariz de payaso pecó pero se ha purgado. Chipre es su nuevo hogar

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Todavía lo paran por Granada cada vez que viene como si nunca hubiera dejado de correr la banda de Los Cármenes. Dani Benítez fue mucho más que un futbolista en la ciudad. Se convirtió en una personalidad de la vida social granadina. Un ser carismático que siempre dio que hablar, bien y mal. Es el último gran ídolo de la afición, héroe en los dos ascensos consecutivos. Una parte de su corazón sigue anclada a estas calles y al barrio del Zaidín. De vuelta al fútbol tras cumplir su condena por cocaína, con un paso por el Racing de Ferrol, el AEL Limassol de Chipre es su actual equipo.

El extremo, canterano del Mallorca, firmó como rojiblanco tras dos temporadas cedido en el Pontevedra y en el Elche. Como ilicitano compartió vestuario con Iván Amaya, quien tras fichar por el Granada le comunicó a Benítez el deseo de Pina por él. vía Udinese. El club de su vida necesitaba un traspaso y aunque él no quería, Dani abandonó sus islas sin vuelta cierta.

Recuerda bien sus campañas como rojiblanco, sobre todo aquellas dos primeras. También rememora los baches. A él no le fue bien del todo con Tomé. En poco tiempo pasó de ver morir a su madre a convertirse en padre. Y llegó Fabri. «Me sacó lo que llevaba dentro con esa convicción que tenía; me hizo explotar como futbolista».

Nadie podía cogerlo. Aquel relámpago zurdo y alocado fue clave en el ascenso a Segunda y también luego hacia Primera. La clave la tiene clara: el vestuario. «Éramos, aparte de un grupo de compañeros a nivel futbolístico, un grupo muy humano de amigos», defiende. Un equipo que «sabía a qué jugaba», incluso sus miembros menos protagonistas.

Con la Primera llegaron las lesiones, un peor rendimiento y quizás un atractivo mediático desproporcionado por sus peculiaridades. Al tercer año, el positivo por cocaína. El despido y una sanción por dos años. «Ha sido el mayor error de mi vida y lo he solventado con mucho trabajo para volver donde estoy ahora. Fue una estupidez y no tengo excusa, lo admití y cumplí mi condena futbolística. Era un crío. Fue la culminación de lo que la gente decía sobre mí. Pero aquí estoy otra vez», reflexiona.

Retorno a la banda

«Tuve momentos en los que pensé que no iba a volver, pero con el paso del tiempo me di cuenta de que mi vida es esto, el fútbol, y que es una pena que no aproveche mis condiciones», razona. Por eso ha vuelto. Siguió entrenando en su isla y logró acabada la sanción un acuerdo con el Huesca que no fructificó. Entonces apareció el Alcorcón a través de su técnico Muñiz, a quien está «muy agradecido». No llegó a debutar por romperse el tobillo solo en su primera semana de entrenamientos.

Ha sido en el Racing de Ferrol en Segunda B donde ha saboreado de nuevo la sensación de vértigo del que desborda o la dulzura del que asiste. Del técnico Miguel Ángel Tena dice que «supo entenderme» con las carencias físicas lógicas tras dos años de inactividad. El Limassol contactó con él en diciembre pero decidió quedarse ayudando. Ahora enfrenta su primera experiencia en el extranjero con el reto de clasificarse para la Europa League. Ya está inmerso en pretemporada. Está muy contento. Nunca olvidará al Granada: «Ojalá pudiera volver algún día para sacarme la espinita que tengo».

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