Un equipo sin voz autorizada

La Plazoleta

Nadie en la directiva del Granada toma la palabra ante la afición en la actual situación deportiva, lo que abona conjeturas. El club carece de un portavoz y se nota

Un equipo sin voz autorizada
A. AGUILAR
Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

El Granada lleva tiempo sin una voz autorizada de cara al exterior y eso puede llegar a ser un problema. En tiempos de penumbra, la afición echa de menos a alguien que dé la cara y que vierta las explicaciones oportunas. A menudo sonarán a excusa barata pero al menos permitirán visualizar a quien ejerce la portavocía. A quien responde a preguntas, aunque sea con una larga cambiada. A quien emite el discurso oficial. A quien revierte un ambiente de depresión.

Esta figura existe en todos los clubes, aunque no alcance este último estadio de la motivación. Los hay monótonos, como Emilio Butragueño en el Madrid, o quienes pisan algún charco de vez en cuando, como Amor en el Barça. Pero nadie responde a ese patrón en los rojiblancos.

El presidente John Jiang lleva sin atender a los medios desde febrero de 2017, manteniendo sólo un encuentro informal desde entonces con algunos periodistas y representantes de la masa social cuando acabó la campaña. Ha asistido a varios partidos, algo digno de elogio viniendo de China, con más frecuencia que Gino Pozzo, que vivía en Londres. Lanzó un mensaje navideño pero no ha concedido entrevistas de momento.

El vicepresidente Kangning Wang tampoco se prodiga. Aparece en las presentaciones de los futbolistas, en verano y en invierno, dándoles las bienvenida. Con él se puede charlar en privado pero tampoco suele expresarse en abierto. La barrera idiomática pesa.

El director general Antonio Fernández Monterrubio también suele rehuir de las comparecencias. Ha concedido escasas atenciones y prefiere centrarse en el trabajo del día a día. Con él también se puede intercambiar impresiones en cualquier lugar pero no asume la responsabilidad comunicativa. Poco más interviene el consejero Ignacio Cuerva, aunque con matices. Sus ocupaciones profesionales le restringen bastante, pues viaja por el mundo, y no está centrado en el quehacer diario de la escuadra como los otros.

El director deportivo Manolo Salvador también prefiere estar en un segundo plano. Ha sido quien argumentó la decisión de destituir a Oltra, aclarando la posición del club, pero no se postula tanto como quien ejerció su labor en la etapa Pina: el cartagenero Juan Carlos Cordero, si bien en su época era el propio presidente quien aceptaba la dialéctica. También aparecían con mayor frecuencia sobre el césped en algunos entrenamientos.

Hay dos figuras vinculadas al Granada que ni siquiera han sido presentadas. Uno es Antonio Cordón, que viene a ser el coordinador deportivo de la empresa del presidente, una especie de jefe para Manolo Salvador y su equipo. Cordón baja al verde en algunas sesiones y, al contrario que Salvador, sí viaja con el equipo –al director deportivo le gusta ir a ver rivales y suele analizar al Granada en vídeo–. Cordón anda con discreción al igual que David Belenguer, el socio de Jiang, que interviene en la empresa Hope, a la que se adjudica el 98% de las acciones de la entidad. El exfutbolista acompaña al mandatario y aunque ejerce su influencia, no está en el organigrama.

Todos estarán preocupados con la marcha del equipo y desean triunfos que lleven al soñado ascenso. Pero en el camino toca apechugar con frecuencia ante los embates y esto no lo acepta nadie. Lo malo no es desatender al entorno en un momento dado. El peligro es que esta debilidad se palpe en el vestuario o que se abonen conjeturas innecesarias de que esto ya no le importe tanto al que con tanta ilusión compró.

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