Granada CF

La encrucijada de Manolo Salvador

La encrucijada de Manolo Salvador

Mañana se cumple un año de su nombramiento oficial, tras el que hizo un trabajo arduo pero mal remachado, con un mercado de invierno que apenas solventó los déficits

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Manolo Salvador se encuentra en una profunda encrucijada. Mañana se cumple un año desde su nombramiento oficial tras el casting que emprendió Tony Adams. Fue el perfil que le pareció más interesante al inglés dentro de los ejecutivos con los que se entrevistó y que se encontraban sin ataduras en otros clubes. Adams repasó su evolución en el Levante, donde forjó su carrera, que bajo su mandato fue desde Segunda –con una economía de guerra– a disputar Europa, encauzando varias salvaciones en Primera con cierta holgura, antes de sufrir un descenso que acabó por precipitar su salida de la escuadra granota.

Salvador se puso manos a la obra mientras el propio Adams ejercía de entrenador y veía languidecer a los rojiblancos en la élite. El valenciano se encontró con varios inconvenientes de partida. Su trabajo empezaba prácticamente de cero, pues apenas había supervivientes para el año siguiente en un elenco plagado de cedidos, y encima se encontraba con la falta de credibilidad del proyecto tras su debacle clasificatoria y los bandazos de su dirección. Además, se topó con que muchas apuestas interesantes ya habían decidido adónde ir y estaban comprometidas con otros equipos. Con ello apechugó, con una ventaja también: todo parecía indicar que disfrutaría del mayor techo salarial en la 'división de plata', lo que le permitía hacer ofertas mareantes a futbolistas que quedaran libres.

Su política ha consistido en fichajes con sueldos altos pero sin abonar traspasos a otros clubes

Esta fue una clave de su política. Dedicar los esfuerzos económicos a salarios y no compensar, en la medida de lo posible, a otros equipos bajo la fórmula del traspaso. Esto limitó su mercado pero al tiempo le dio fuerza para convencer a algunos jugadores reputados. Gente que estaba en Primera, como Varas, Álex Martínez, Víctor Díaz, Alberto Martín o Montoro se entregaron a la causa. El cuadro se completó con otros destacados de Segunda, como Germán, Quini o Baena, a los que se sumaron algunas apuestas y varios cedidos. En paralelo colocó a algunos elementos bajo préstamo, como Rubén Pérez, apurando algo más para encontrar acomodo a Carcela o Krhin, ya en agosto, lo cual condicionó su liquidez, pues se comían un trozo importante de la tarta presupuestaria. Retuvo a Rui Silva y Saunier, consiguió que Gino Pozzo dejara a Machís durante una campaña y contó con Adrián Ramos, el supuesto 'regalo' del presidente a través del Chongqing Lifan, que cubría sus altos emolumentos. Protagonista de un culebrón que no se resolvió hasta que comenzó el propio curso. Salvador trabajó en la renovación de Sergio Peña mientras en los despachos se lograba que Machís liberara una plaza de extracomunitario para que el peruano pudiera contar.

El rastreo fue arduo y llegaron jugadores en tropel, aunque los remaches de última hora resultaron cuestionables. Obtuvo los préstamos de Kunde y Espinosa, un acierto especialmente el primero, pero luego aguantó hasta los últimos días para traer a un banda que acabó decepcionando, Licá, y a un delantero desconocido, Rey Manaj. Perfil muy bajo de ambos cuando se esperaba un par de 'bombas'. Paradójicamente, dio la carta de libertad a Sergi Guardiola, que no quería ser el tercer punta teórico. Lleva 18 goles en el Córdoba.

En septiembre saltó la sorpresa con la llegada de Chico Flores, aunque las gestiones las había encauzado Antonio Cordón, que se había convertido en responsable de la matriz deportiva de los equipos de John Jiang. Salvador, que había estado interesado por el gaditano semanas antes, no vio nada malo en su llegada, aunque fue la primera vez que percibió la cohabitación con otro dirigente con atribuciones superiores. Salvador venía de haberse impuesto en pleno verano a la mano derecha de Jiang, David Belenguer, a la hora de elegir entrenador. Belenguer quería a Hierro y Salvador a Oltra tras descartar a Luis García, que quería más de un año.

Salvador conoció a Oltra cuando tuvo un efímero paso por el Levante. Técnico contrastado en Segunda, con dos ascensos pero varios despidos consecutivos, creyó que respondía al patrón de hombre tranquilo, de rápida identificación, con el que le sería fácil trabajar a poco que le diera buenos mimbres.

Tras un comienzo dubitativo, el Granada empezó a funcionar, aunque sobre todo en casa. Fuera asomaron ciertas debilidades que nunca llegaron a superarse del todo. Lo que amasaba en su feudo se esfumaba como visitante y esto preocupó al director deportivo, que veía cada vez más lejos la zona de ascenso directo y comprobaba la falta de fiabilidad de la escuadra, preocupante en la tensión de una promoción. Salvador intentó subsanar las lagunas aparecidas en el mercado de invierno, pero se le frustraron las primeras opciones. Fue a por Jony pero se marchó al Sporting por el aspecto sentimental, cobrando menos. Se interesó por Ontiveros aunque su comportamiento extradeportivo le hizo dudar y este prefirió alejarse de su Málaga natal para recalar en el Valladolid. No apretó por Mula, que se fue al Tenerife y está teniendo buenos partidos, ni pudo tentar a Bebé, que se decantó por regresar al Rayo. Moi Gómez o Yoda fueron otras posibilidades para los costados que no aparecieron en su radar. Apostó por Hjulsager, un chico con talento pero apático, que no se integra y que lleva varias semanas sin ser convocado; y por Agra, con mejor disposición, aunque unas molestias de pubis le han impedido asentarse.

Impuso su criterio para traer a Oltra y asumió su cese en busca de una fiabilidad que no llega

El cese de Oltra llegó tras una derrota en Oviedo, tercera seguida, pero asombró el sustituto. Confió en el técnico del filial, Pedro Morilla, que a su vez era su escudero en los despachos como secretario técnico. Lo demás, una trayectoria con altibajos, condicionada por las bajas de Machís y Ramos. Ni con ellos el Granada se impuso a la Cultural. El vestuario anda en depresión, Morilla no ha alterado esta tendencia y la figura de Salvador queda debilitada ante la aparente inacción. Un año después de su llegada, el nuevo barco se debate para no naufragar de nuevo. El 'Titanic' del director deportivo zozobra y ha quedado en manos de unos marineros que están asustados, sin confianza.

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