La resaca

Empatía

Empatía
Alfredo Aguilar

Ponerse en los zapatos de los demás es un ejercicio muy sano que ayuda a comprender lo sucedido con Adrián Ramos

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

1. Ahora que Adrián Ramos se ha reivindicado en el campo, a la espera de una continuidad de su gran rendimiento, la situación invita a un ejercicio empático, de ponerse en los zapatos del otro, en este caso del colombiano. Observar todo lo que ha pasado de un tiempo a esta parte desde la mirada de un tipo que hace catorce meses y medio metía el gol del triunfo del Borussia Dortmund ante el Sporting de Portugal en un partido de Liga de Campeones y que ayer marcó su primer tanto, tras meses de sequía, en Segunda división.

2. No se trata de convertirlo en víctima pero tampoco resulta admisible el cariz de ciertas críticas, por aquello de subrayar su supuesta falta de implicación por el deseo de marcharse en verano. Un anhelo que tiene su fundamento profesional, aunque no es fácil de comprender para el acérrimo. Cuestionar su compromiso ha llevado a algunos a discutir hasta sus propias cualidades, agarrados a una estadística aciaga ante la meta que no discrimina las circunstancias. Se tachó de falta de interés lo que principalmente obedeció a un encadenamiento de percances que imposibilitó cualquier puesta a punto. Es probable que en todo influyera el desapego mental. Sin tono, no hay calidad que valga. Con la cabeza a ratos en otra parte, tampoco.

3. El grupo Desports, del presidente John Jiang, negoció el traspaso de este futbolista en enero pasado, afrontado por su sucursal china, el Chongqing Lifan, con una cesión al Granada de por medio, de un año de duración. Un 'regalo' bajo el afán de salvar la inversión del proyecto que adquirió en verano y que se le iba a pique. Aquí ya se establece un punto de inflexión en su carrera: acepta, por un contrato multimillonario, abandonar la Bundesliga firmando por un equipo de una liga menor, aun con el paso previo por España. De tener minutos en una escuadra de aspiraciones a intentar salvar a un conjunto del descenso.

4. Ramos cayó en un vestuario multicultural y bisoño como la gran esperanza a la que agarrarse. Junto a Wakaso, supuso la mejor inyección de optimismo en el mercado invernal. Los Pereira o Carcela mejoraron con la presencia del cafetero. Llegaron algunos triunfos en casa que alimentaron la fe, con Ramos relevante, sobre todo en aquella noche de viernes ante el Betis, con un doblete en un fantástico 4-1. Le va ese día de la semana.

5. El calendario se apretó con tres encuentros en seis días. Derrota en San Mamés y victoria en casa con el Alavés, antes de viajar a medirse con un rival directo, el Leganés, con el bloque titular algo fundido. El árbitro Martínez Munuera anuló un acercamiento del colombiano al poco de empezar el duelo que le dejaba solo ante Herrerín por un inexistente fuera de juego. Fue aquel encuentro de pocas ocasiones, condenado al 0-0, que los nazaríes tiraron a la basura tras un pase pifiado de Lombán hacia el área contraria, que toleró un contragolpe pepinero concluido por Darwin Machís.

6. Una semana después, llegaba el Atlético de Madrid a Los Cármenes y Ramos sufrió su primer pellizco muscular. Le cambiaron en el minuto 57, aún con tablas (Griezmann marcaría en el 83). Se le diagnosticó una lesión en el aductor de su pierna izquierda que provocó que no fuera a El Molinón, en otra cita de necesitados. Cayó de nuevo el Granada, justo antes de que apareciera el Barcelona en el horizonte. Suárez anotó antes del descanso y Boga igualó después. Alcaraz se convenció de que la quimera podía cobrar forma y sacó a Ramos en el 54, aún diezmado. El sueño se arruinó nueve minutos después cuando Alcácer rindió a todos. El 1-4 llegó por inercia. Ramos encima recayó. Otro momento inoportuno, ante la visita a La Coruña.

7. Se esfumó cuatro encuentros y cuando retornó, ya no estaba Lucas, sino Adams. Un ciclo de derrota continua y caída en barrena. Pese a la raquítica producción ofensiva, hizo un par de dianas más en ese periodo. En San Sebastián, el día de la consumación del desplome, y en Pamplona, cuando se certificó el último puesto. Todavía quedó un encuentro de escarnio ante su público. Ramos acabó la campaña indignado, harto de aquellos meses en los que consideró que algunos precipitaron la bajada de brazos, en los que acabó en la camilla en momentos inoportunos. No era fácil que se prendara de Granada así.

8. Volvió a regañadientes. Lo tenía por contrato. Se puso a entrenar y viajó a Holanda con los demás. Allí se le detectó una herida con infección que supuraba pus en la zona entre los testículos y el ano. Un trance no deportivo pero muy preocupante. Regresó para operarse y se perdió prácticamente toda la pretemporada. Cuando la competición ya se cernía, comunicó su deseo de salir ante una oferta del Levante. La opción de volver a Primera, requisito para optar al Mundial. Los granotas lo querían cedido y no asumían toda su ficha. El Granada se cerró en banda. Jiang, en concreto, tomó la negativa como una cuestión de orgullo. No había pagado un pastón para regalarlo, ni para subvencionar su deseo.

9. Ramos asumió quedarse pero la brecha ya estaba abierta con los aficionados. Un ricachón, pensaban, que nos rechaza, insistían, sin asumir su cuota de responsabilidad en la situación. Cuando empezaba a centrarse y coger sensaciones, sin que se terminaran de olvidarar estos episodios en el ambiente, se lesionó ante el Córdoba. Al recuperarse, le afectó una gastroenteritis severa. Después, otra molestia muscular, que elevó las dudas. Un retorno apagado, sin ritmo. Las sospechas del entorno se disparaban, muchas invenciones que le querían convertir en un cínico. La cesión que se extendía hasta junio pero sin gran propaganda, acabando con alguna declaración ambigua suya. Minutos residuales en ciertos partidos, algún escaso brote verde y una titularidad aciaga en Reus, con el equipo entumecido.

10. El retraso con el vuelo al volver de Navidad se sumó a la lista de agravios. Pagó la multa, Oltra le indulto en lo deportivo y convino con él que tenía que hacer trabajo extra para remediar tantos meses en el barbecho. Este esfuerzo le ha devuelto al ruedo. Por fin sano, con 90 minutos del tirón. Un gol y dos postes. Un pase a lo Laudrup que marró Machís. Una actuación rotunda de un tipo que se lleva fenomenal con su gran rival por el ariete, Joselu. El primero que sabe que le necesitaban. Sin interrogantes en su futuro, si las piernas le responden y el grupo acompaña, parece tener cuerda para redimirse. Siempre que pueda regatear a la enfermería, más terrible que el más pegajoso de los defensas. Aún no está a tope. Nada le pasó adrede. El desdén de la grada tenía cierta comprensión ante quien se quiso bajar del barco en su momento pero ya hace tiempo que carece de sentido. Él ha apretado y el Granada se puede beneficiar. Sean empáticos. Empieza a estar a gusto. Se le nota.

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