Operación Líbero

Elena Pina: «No sé lo que es el scouting, hacía las transferencias»

Elena Pina, en un acto relacionado con el Cádiz CF./LA VOZ
Elena Pina, en un acto relacionado con el Cádiz CF. / LA VOZ

Confesó ante el juez que su hermano es el titular real de Calambur, la empresa por la que cobra al intermediar y que financia la sociedad que tiene sus inmuebles

Q. CH. / Y. H. / R. L. GRANADA

Elena Pina tiene un trabajo aparentemente sencillo como administradora única de Calambur, empresa de intermediación futbolística. Recibe una llamada de teléfono de alguien de confianza y le llega de inmediato un correo electrónico con una factura. La reenvía a su sucursal bancaria y se acerca después. Para ir no conduce ni el Aston Martin ni el Bentley ni el Porsche Panamera a nombre de la empresa. Se va en una moto propia y firma la transferencia, de varios miles de euros y con diversas procedencias. La mayoría, de clubes de fútbol. 17.000 euros mensuales del Cádiz pasan por sus manos, apunta en su declaración ante el juez. No recuerda las cifras exactas que procedían del Granada en su día ni le consta –aunque figuren como apuntes contables en la investigación del caso Líbero– el ingreso de 590.000 euros procedentes del Villarreal en 2014 ni de 363.000 euros del Valencia en 2014. En esto no se mete. Sólo le manda un comprobante a su remitente cuando vuelve a casa, porque Calambur no tiene oficina. Sencillo. Cobra 900 euros, el mismo sueldo desde que comenzó.

Un salario lejos de los dos empleados actuales de la sociedad: Vicente Ibáñez Santos, marinero encargado del barco El Duende, que se lleva 2.000 euros; y los 3.000 euros que recibe Quique Pina, su hermano, «que entiende de todo», según dijo ella ante el juez.

A Elena Pina le gusta el fútbol pero no domina el asesoramiento, justo aquello a lo que se dedica Calambur, por más que su hermano llegara a decir en su primera declaración que ella también formulaba informes de seguimiento. No solo lo negó sino que acabó confesando cuando el juez De la Mata le insistió para saber a quién pertenece la sociedad realmente. «Será de mi hermano», soltó.

«Una vez me mandaron desde el Granada una lista con jugadores. Los miré y reenvié el correo»

Cuenta que el expresidente del Granada confió en ella para esta función «porque le había decepcionado mucha gente, le habían traicionado y necesitaba alguien de confianza». A Elena le gusta el fútbol pero no lo controla a nivel profesional. «No sé lo que es el scouting, hacía las transferencias», expresó, aunque en el interrogatorio sí asumió que el objeto social de Calambur era «representar futbolistas». «Una vez –apunta como anécdota– me mandaron una lista con una serie de jugadores. Los miré y envié el correo», zanjó. Fue un tiempo consejera del Cádiz.

Ella es la única autorizada para manejar la cuenta corriente de Calambur y su rúbrica se plasma también en los documentos de la empresa, reconoce. Saca para pagar a su hermano, el marinero, su asesor José León y para enviar dinero a Quique Sport a instancias de Juan Dólera, quien fuera consejero del Granada. Quique Sport está sin actividad pero sobre ella recaen los préstamos hipotecarios de varias viviendas y plazas de garaje. Entre ellas la de El Chorrico, en Molina de Segura, donde duerme Quique Pina cuando visita a sus hijos, o una en la calle Azahar, de Murcia, en la que está su exmujer con uno de ellos.

«Esto no se lo esperaba nadie. Le puedo jurar por mis dos hijas que Calambur es legal»

Ofreció, en la parte final de su testimonio, un acceso libre a su dirección de su correo al juez para que se repasara todos los movimientos de Calambur. Acabó compungida. «Sí le digo lo que siento. Esto no se lo esperaba nadie. Le puedo jurar por mis dos hijas que Calambur es legal». Doce días después, su hermano salió de la prisión provisional, pero la rutina de ella no será la misma. La cuenta está bloqueada.

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