Desnortados

El Granada no está para ascensos. No está casi para nada actualmente. La segunda vuelta del campeonato está resultando nefasta

Desnortados
EDUARDO ZURITA (AFICIONADO DEL GRANADA) GRANADA

Un equipo con aspiraciones de ascenso que a falta de diez minutos para el final del encuentro se encuentra con la pérdida de un jugador por expulsión pero que cuenta con una ventaja de dos goles a favor en casa no puede perderla ante un rival de la zona baja de la tabla. No puede además soportar que en el breve periodo de catorce minutos el rival no sólo marque dos goles, sino que se permita el lujo de fallar un penalti también. Un equipo con empaque táctico no puede encajar goles por recular y encerrar hasta a ocho de los suyos en su propia área, en una muestra de pusilanimidad, de falta de concentración y de rigor, entregando de manera lamentable el balón y todo el campo al rival para caer abatido inmisericordemente.

El Granada no está para ascensos. No está casi para nada actualmente. La segunda vuelta del campeonato está resultando nefasta, y el golpe de timón que se pretendía con la destitución de Oltra ha devenido en una pócima fatídica con la incorporación de Morilla al banquillo. El equipo ha ido claramente a peor, permitiendo que cualquier rival se le suba a sus barbas, y ha entrado en una espiral de fallos de concentración y desconfianza que ni la aparición de Machís y Ramos y el trabajo denodado de Kunde son capaces de cercenar. La falta de convicción en las propias posibilidades hace al equipo mucho peor que antes, tocado de muerte desde el ridículo de Lorca, prolongando ante Sevilla Atlético y Cultural Leonesa, todos ellos conjuntos de la zona más baja de la tabla. Dos puntos de nueve posibles ante dos equipos virtualmente descendidos y uno luchando por librarse de la quema. Así es imposible mirar a metas altas.

Ni adelantarse con rapidez en el marcador, tras un regalo de un blandengue despeje de Palatsí incomodado por Ramos que cazó Pierre Kunde, sirvió para tranquilizar al Granada, que no convenció con su juego en los últimos treinta minutos de la primera parte, a pesar de que las suicidas pérdidas de balón en la zona trasera del rival propiciaron alguna que otra oportunidad para ampliar el marcador. La Cultural se hizo dominadora del balón, con escaso poder ofensivo, salvo en un trallazo que repelió el poste derecho de la portería de Varas. La inconsistencia del equipo rojiblanco se transmitía a la grada, dividida entre los que exigían más ante un rival inferior en la clasificación, y los que animaban a las primeras de cambio de una buena jugada local. División de opiniones entre los aficionados locales en la retirada a vestuarios a pesar de mandar el Granada en el marcador.

El inicio de la segunda parte mostró al único Granada potable de la tarde-noche. Una sucesión de oportunidades ligadas siempre a acciones de Adra y Machís se sucedieron sin que la diferencia se ampliase, hasta que una jugada directa con una asistencia de cabeza de Ramos a Machís dejó solo al venezolano ante el portero del equipo leonés que, aunque rechazó en primera instancia, no pudo evitar el segundo gol en contra.

Todo parecía encarrilado con un Granada que había demostrado superioridad clara en el arranque de la reanudación. Pero una jugada de ataque visitante terminó con un autogol de Saunier al intentar rechazar de cabeza una jugada de la muerte de la delantera de la Cultural. No entró el Granada en pánico y se repuso del percance sufrido tomando las riendas del juego, con un Kunde que adelantó su posición al suplir Alberto Martín al siempre irregular Espinosa, tan lleno de detalles técnicos como de indolencias y lagunas. Un córner perfectamente servido por Adra y espléndidamente rematado por Kunde abría nuevamente una brecha sólida de dos goles de diferencia que debió ser definitiva.

El Granada encaraba el tramo final con una ventaja clara y con el juego controlado, no dando muestras el rival de excesivo peligro ante Varas. Incluso Morilla sentó a Ramos y Adra por Joselu y Puertas protegiéndolos de sus recientes dolencias y mirando con optimismo a las próximas jornadas creyendo que la victoria estaba en el zurrón local. Dos ovaciones cerradas demostraban el buen estado de ánimo de la parroquia local cuando ambos se retiraron del terreno de juego.

Una acción incomprensible e inadmisible de Víctor Díaz agrediendo a un rival en el suelo en las mismas narices del árbitro iba a cambiar el rumbo del partido y quizá del futuro de la entidad en el campeonato. A partir de quedarse con diez el Granada fue un desastre táctico y de concentración. Los jugadores recularon de mala manera hacia atrás, encerrándose torpemente en su área y mostrando fallos de concentración y marcaje pueriles. Un pase en profundidad terminó en encontronazo de Varas con un rival que el árbitro señaló como penalti. Lo falló la Cultural, pero increíblemente el revulsivo de euforia y de optimismo que debía suponer esta acción para el Granada se convirtió en desazón absoluta tras encajar el segundo gol, con un fallo garrafal de marca que permitió operar a placer a la delantera rival y rematar colocado a Sergio Marcos para estrechar el marcador.

El tiempo reglamentario estaba cumplido, pero la tragedia se olisqueaba y llegó en otra acción demencial de mala defensa rojiblanca dos minutos más tarde que permitió que el balón llegase franco a la zona derecha del ataque leonés para que Moutinho pusiese las tablas en el marcador. Nadie que hubiese visto el partido completo podría dar una explicación coherente a lo pasado en estos últimos minutos. Alguien que hubiese sólo visto al Granada desde la expulsión de Víctor Díaz seguro que sí podía certificar lo que se venía anunciando ante la actitud timorata y ausente de convicción del equipo al tras quedarse con diez.

Un partido que tras los primeros minutos de la segunda parte y, sobre todo, tras adquirir ventaja el Granada de tres a uno, parecía encaminado a una victoria holgada para recuperar los ánimos del equipo, devino en un insuficiente e insatisfactorio empate tras mostrar en la parte final del encuentro el conjunto rojiblanco lo peor de sí mismo. El equipo está en caída libre desde hace varias jornadas, sin rumbo, desnortado. Nadie confía ya en el compañero, se ha perdido toda noción de esfuerzo solidario del conjunto con una pérdida absoluta de confianza en las propias posibilidades. Ya no es el problema el haber perdido cualquier opción de ascenso directo, ahora lo es que un grupo tan pusilánime y falto de convicción y empaque futbolístico resulta muy difícil creer que pueda aspirar a jugar tan siquiera la liguilla de ascenso en las actuales circunstancias, lo que implicará, caso de confirmarse, un fracaso sin paliativos de la entidad y su dirigentes en esta campaña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos